lunes, 18 de febrero de 2019

La creencia en la propia inmortalidad

Ninguna cosa puede ser destruida sino por una causa exterior.
Spinoza, Ética
En la consulta del dentista, mientras esperaba ser atendido, escuché involuntariamente una conversación sobre la cantidad, llamativa,  de accidentes de transito que ocurren en Chivilcoy.  Motos, autos bicicletas, … y hasta celulares son los protagonistas de un drama que acarrea angustia y dolor.
¿Los conductores de Chivilcoy confían en su propia inmortalidad? Podríamos leer que estas conductas conllevan una tendencia subrepticiamente auto-supresivas, una agresión contra si mismo. Un tipo muy particular de conducta suicida es utilizar el teléfono celular al conducir, algo que no deja de advertirse en las calles de nuestra ciudad sin necesidad de exigirse una mirada atenta.
En un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Utah, publicado en The Journal of the Human Factors and Ergonomics Society, se afirma que el riesgo de hablar por el teléfono móvil  en el coche, aun con el manos libres, puede tener las mismas consecuencias que hacerlo ebrio.
¿Pueden nuestros padecimientos, que habitualmente atribuimos a orígenes psíquicos o somáticos,   llegar a tener un tercer origen social?
El atentar contra la propia vida puede responder a muchas razones, si bien no siempre son  atribuibles a algun trastorno mental, aunque pueden indicar sufrimiento y estrés.
Cuando la economía es para el mercado, que se beneficia de la crisis mientras lanza a millones de personas a la pobreza, se producen altos niveles de inseguridad. Sin necesidad de adentrarnos en  profundidades sociológicas o epidemiológicas, podemos advertir que la inseguridad económica derivada de no tener empleo, tener un empleo precario, tener deudas… repercute considerablemente en la salud mental, y, a su vez, se interrelaciona con los problemas de salud de tipo físico y aumentan el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras. Abundan informes e investigaciones que así lo afirman.
En un documento llamado Libro Verde. Mejorar la salud mental de la población. Hacia una estrategia de la Unión Europea en materia de salud mental, se afirma que las formas más comunes de enfermedad mental son la ansiedad y la depresión.
Pero, el padecer de nuestras sociedades excede las cuestiones relacionadas con las crisis económica, la cual se ubica en la cara formal de la realidad social. Nuestra cultura contemporánea establece el  reinado nihilista de instintos suicidas, que da lugar a una cultura del pánico, agresión y violencia. El estado de reflujo de los lazos comunitarios, se produce un estado de desteritorialización, que da rienda suelta a la necesidad de conquistar algún sentido de pertenencia que nos de identidad, a través de una serie de actos: suicidios, fanatismos, agresión, conducir en forma riesgosa. Desde los cuales la vida se encuentra asfixiada.
El proceso creciente de financiarización de la economía, también lo es de las relaciones sociales. Esto ocurre en la otra cara de las relaciones sociales, la cara molecular, imperceptible. Produciendo un proceso predatorio de los lazos de solidaridad social, que son sacrificados en el altar del mercado. Competir es la consigna de nuestra época, y competir es luchar contra los demás.
La filosofía del mercado desregulado, nos pide incesantemente dar lo mejor de nosotros mismos para sobrevivir. Se instala el malestar resultando difícil distinguir entre la infelicidad y una depresión eminentemente agresiva, sobre todo cuando la masa de gente desesperada crece y crece.
La incidencia de las psicopatologías ha ido en aumento en las últimas décadas y, según la Organización Mundial de la Salud, la tasa de suicidios se ha incrementado en una 60% en los últimos 40 años, de forma particularmente peligrosa entre los jóvenes.
Me resulta difícil no ver una relación entre esta increíble oleada de propensión a conductas riesgosa y el triunfo de la coerción neoliberal por competir; una relación entre la generalización de la fragilidad psíquica y la soledad de una generación que solamente se encuentra a través de la pantalla.. Es una especie de epidemia de conductas riesgosas extendiéndose por nuestra sociedad.
Una causa, que no deberíamos descartar, para la epidemia de conductas riesgosas es la transformación de la vida en sociedad en una fábrica de infelicidad, de la cual parece imposible escapar. Es el mandato de convertirse en un ganador, contrastado con la conciencia de que ganar es imposible o, más bien, de que la única forma de ganar (al menos provisionalmente) es arriesgando la propia vida, obviando, por supuesto, la de los otros.
Es posible que aquí se encuentre la explicación de algunos de los terribles fenómenos de nuestros tiempos, los cuales solemos leer en términos políticos, a pesar de que no logramos entenderlos a través de la óptica de la política (macropolítica). Pues ponemos la mirada en las cuestiones de las formas, molares, cuando donde debemos mirar es en los devenires moleculares (micropolítica).  ¿Qué tipo de proceso de producción de subjetividad se esta generando? “No basta con actuar macropolíticamente. ¿Y por qué no basta? Pues porque por mucho que se haga en el plano macropolítico, por más brillantes que sean las ideas y las estrategias, por más valientes que sean las acciones, por más éxito que tengan, por menos autoritarias y corruptas que sean, desde el punto de vista micropolítico, lo que se logra es una reacomodación del mismo mapa vigente” (Suely Rolnik).
La infelicidad ha estado devorando a las sociedades contemporáneas desde que “la publicidad lanzó la primera bomba contra el cerebro colectivo, ordenando la felicidad obligatoria; desde que la soledad digital empezó a multiplicar la excitabilidad nerviosa y a encerrar a los cuerpos en la jaula de la pantalla; desde que el capitalismo financiero comenzó a forzarnos a todos a trabajar por más y más tiempo, bajo el miserable salario de la precariedad”. (Franco Berardi)

jueves, 24 de enero de 2019

El psicodrama es un dispositivo para captar las fuerzas


¿Qué pasa sobre el cuerpo de una sociedad? Flujos, siempre flujos, y una persona siempre es un corte de flujo. Una persona, es un punto de partida para una producción de flujos, un punto de llegada para una recepción de flujos, de flujos de todo tipo; o bien una intersección de muchos flujos. (Gilles Deleuze, Derrames)
El psicodrama, mediante el uso de la dramatización, permite el despliegue de los conflictos personales. Sin embargo, en el psicodrama no se trata de reproducir o inventar formas, sino de captar fuerzas, hacer visibles fuerzas que no lo son. Fuerzas que nos llevan a un callejón sin salida, a un momento de captura. Por lo cual, el psicodrama es un dispositivo que permite cartografiar las fuerzas. Sin embargo, aún cuando la fuerza sea la condición para la sensación, no llega a ser sentida.
Entonces, ¿cómo hacer visibles fuerzas que no lo son? Este es el problema a resolver, hacer visibles fuerzas invisibles.
La escena que se presta a dramatizar la denominamos “mostrativa”. El director de la escena deberá ir descubriendo la historia a medida que se desarrolla la escena en una exploración liviana, una pincelada. Interesa ver el cuerpo, los cuerpos, jugando en escena hasta arribar a un punto de captura. Este es el instante donde pujan la fuerzas invisibles que buscan expresarse, entrando en fricción con los territorios culturales vigentes del protagonista. Produciendo un estado de extrañamiento que se vive como una amenaza.
Pero, ¿cómo sabemos cuando es capturado el protagonista? El director debe atender a su propio cuerpo, a sus propias sensaciones para comprenderlo.
En una escena, prestada, el conflicto se juega al interior de una consulta. La paciente mantiene una relación matrimonial violenta y no sabe como resolverla.
Paciente y terapeuta sentadas un frente a la otra.
Paciente: ... quiso tener sexo conmigo... le pedí que se pusiera un preservativo y reaccionó mal... gritó... insultó... terminamos durmiendo en piezas separadas.
La terapeuta intenta calmarla, se le acerca, quiere tomarle una mano, la paciente rehuye el contacto.
Terapeuta: ¿por qué no intentás separarte?
El director de la escena les solicita expresen sus sensaciones.
Terapeuta: impotencia.
Paciente: ¿por qué me tengo que separar?
Terapeuta: lo que digo no me alcanza.
Concluye la escena. Tampoco al director le alcanza para “resolver” la escena.
Este es el momento del tartamudeo del protagonista. Esta captura se suscita en el encuentro de los cuerpos en escena, en movimientos imperceptibles a la vista. Esta afección también influye en el conductor de la escena. El tartamudeo es momento de captura, ocurre cuando los afectos desplegados buscan nuevas formas de expresarse, y no las encuentran. Y esto es lo que debe mostrar la dramatizacion, los afectos que se producen en el encuentro de los cuerpos y su punto de captura, el tartamudeo.
La fuerza del afuera no cesa de trastocar y de investir los cuerpos. Cuando el cuerpo visible se enfrenta a las potencias de lo invisible, no les da otra visibilidad que la suya. La fuerza se da en relación con otras fuerzas. La captura se produce en un cuerpo preso de fuerzas invisibles e insensibles que desbordan lo que puede sentir.
Suely Rolnik usa la metáfora de la banda de Moebius para explicar que el mundo, de un mundo, se compone de dos caras. Una la cara molar, es la de las formas. La otra, la molecular, es la de las fuerzas, de los flujos.
Las formas son moldeadas por las representaciones culturales vigentes. Estas representaciones son las que nos permiten conocer el mundo, entender la realidad. Para descifrar el mundo, disponemos de la experiencia empírica basada en las capacidades de percepción y de los sentimientos del yo; éstas sirven para descifrar las formas del mundo. Nuestra identidad, está estructurada bajo este marco cultural, por lo cual el sujeto es derivado del afuera, moldeado por los procedimientos de individuación de las representaciones culturales.
La otra cara del mundo, la de las fuerzas, no puede ser captada conscientemente. El efecto de estas fuerzas mundo producen otras maneras de sentir distintas de las formas del marco cultural vigente. Las fuerzas del mundo afectan los cuerpos, producen efectos en nuestro cuerpo. Y esos efectos consisten en otra manera de sentir, es un estado que no tiene imagen, que no tiene palabra y escapa al mundo de las representaciones vigentes, generando una fricción con estas.
Este proceso es denominado producción de subjetividad cuando produce variación. La subjetividad excede a la identidad. La subjetividad se presenta como una pulsión a la diferencia, es un proceso que se efectúa por plegamiento.
Michel Foucault describe la producción de subjetividad como que “el adentro es un pliegue del afuera”. Y lo propio del afuera es la fuerza. El poeta brasileño Oswald de Andrade dice “no soy yo quien rima. Es la poesía que viene en el infinitivo de los verbos, en el gerundio, en el pronombre”. El afuera es una materia cambiante animada de pliegues y plegamientos que constituyen un adentro. Para ser gráfico veamos un ejemplo extremo de como el afuera se pliega en un adentro:
En Alemania durante la década del 30 del siglo pasado la periodista Charlotte Beradt decidió recoger los sueños de la gente, mediante discretas indagaciones entre sus amigos médicos, quienes preguntaban por los sueños de sus pacientes. Beradt se exilió en Inglaterra en 1939, y allí reunió sus investigaciones en forma de libro. “Muchos de los sueños recogidos testimoniaban el miedo de la gente a ser vigilada. En 1934 un médico soñó que los muros de su consulta y de todas las casas del vecindario desaparecían de repente, mientras desde un altavoz alguien proclamaba que la acción obedecía al "Decreto de Supresión de Muros aprobado el día 17 del mes en curso". Una mujer soñó que mientras estaba en la ópera viendo una representación de La flauta mágica de Mozart, un escuadrón de policía había entrado en su palco inmediatamente después del pasaje "Seguro que es el diablo!" porque habían percibido que ella había pensado en Hitler en conexión con la palabra diablo. Cuando miró a su alrededor en busca de ayuda, el anciano sentado en el palco vecino le lanzó un escupitajo. Una chica explicó un sueño en que los ángeles del cuadro que colgaba sobre su cama bajaban la- mirada para mantenerla bajo observación. Un buen número de personas soñaron que eran encerrados tras un alambre de espino o que interrumpían sus conversaciones telefónicas, como un hombre que, después de decirle a su hermano por teléfono "ya no puedo disfrutar con nada", soñó que le llamaba una voz inexpresiva que se presentaba como la "Oficina de Vigilancia de Conversaciones Telefónicas": el hombre se daba cuenta de inmediato de que el Tercer Reich consideraba un delito estar deprimido y pedía perdón, pero sólo recibía un silencio como respuesta. Unos cuantos soñaron que cometían pequeños actos de resistencia que siempre resultaban inútiles, como la mujer que soñó que cada noche retiraba la esvástica de una bandera nazi y que cada mañana reaparecía. En el repaso y análisis de estos sueños, Charlotte Beradt recordó una frase del líder del Frente Alemán del Trabajo Robert Ley: "En Alemania sólo se puede tener vida privada cuando se duerme". Los sueños que había recogido mostraban, concluía Beradt con tristeza, que ni tan sólo eso era cierto.” (Richard Evans, El Tercer Reich en el poder)
Concluyendo la captura ocurre cuando el sentido cristaliza, cuando debido a la fricción entre las dos caras de “la cinta de Moebius” se bloquea la producción de subjetividad. El recurso para desbloquear es la Multiplicación Dramática que permite que el sentido fluya, que se desplieguen las múltiples fuerzas cristalizadas en la captura. Y se hace improvisando dramáticamente sobre una dramatización anterior. Esta diversidad de miradas sobre las escenas produce el estallido de la versión narcisista, identitaria, de nuestros relatos, nuestras historias.

sábado, 19 de enero de 2019

¡Se competitivo!

El imperativo categórico de nuestra época es “¡se competitivo!”. Pero para llegar a serlo necesitamos disponer de una cantidad de tiempo y esfuerzo que exceden la capacidad de nuestros cuerpos. Esto nos provoca estrés y afecta nuestro psiquismo mermando nuestra potencia, nuestra pulsión vital.

Este malestar suele ser dirigido en dos direcciones, hacia uno mismo o hacia e exterior. Cuando se proyecta en uno mismo, la persona se vivencia como insuficiente, incapaz, fracasado. El consumo de cualquier tipo de productos que ofrece el mercado es una salida que encuentra, a veces compulsivamente, el impulso vital para recobrar el equilibrio.

La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas. El imperativo categórico de nuestra coyuntura es “¡se competitivo!”. Pero para llegar a serlo necesitamos disponer de una cantidad de tiempo y esfuerzo que exceden la capacidad de nuestros cuerpos. Esto nos provoca estrés y afecta nuestro psiquismo mermando nuestra potencia, nuestra pulsión vital.

Este malestar suele ser dirigido en dos direcciones, hacia uno mismo o hacia e exterior. Cuando se proyecta en uno mismo, la persona se vivencia como insuficiente, incapaz, fracasado. El consumo de cualquier tipo de productos que ofrece el mercado es una salida que encuentra, a veces compulsivamente, el impulso vital para recobrar el equilibrio.

La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas.

La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas. El imperativo categórico de nuestra coyuntura es “¡se competitivo!”. Pero para llegar a serlo necesitamos disponer de una cantidad de tiempo y esfuerzo que exceden la capacidad de nuestros cuerpos. Esto nos provoca estrés y afecta nuestro psiquismo mermando nuestra potencia, nuestra pulsión vital.

Este malestar suele ser dirigido en dos direcciones, hacia uno mismo o hacia e exterior. Cuando se proyecta en uno mismo, la persona se vivencia como insuficiente, incapaz, fracasado. El consumo de cualquier tipo de productos que ofrece el mercado es una salida que encuentra, a veces compulsivamente, el impulso vital para recobrar el equilibrio.

La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Exito o Felicidad?


En el Programa “La isla”, que se emite por Radio Chivilcoy, Luis Rositto suele someter al invitado de turno a un ping pong de preguntas y respuestas. Una de las preguntas interroga sobre ¿éxito o felicidad? El juego busca la velocidad de la respuesta sin importar el polo de la elección. Podemos pensar que el éxito trae la felicidad o que si somos felices el éxito se da por añadidura. Buscamos ser felices y alguno podría preguntar: “¿Ser feliz?… ¿y qué ganas con ello?”. Sin temor a equivocarnos podemos sostener que ninguna ciencia, ni ningunas técnica, puede alcanzar la felicidad.
Tanto el éxito como la felicidad pueden apreciarse como pasiones que esconden el mandato de la competencia. La lucha por alcanzar el éxito. cosa muy difícil de conseguir ya que ¿hay alguna forma de alcanzar de manera individual cuando las condiciones de existencia en el neoliberalismo están dadas para que el proceso de acumulación se restrinja en unos pocos, muy pocos?
La economía liberal, con su culto del beneficio y del éxito, está empapado de la ideología de la felicidad. El proceso de producción globalizado se apoya en una auténtica ideología de la felicidad que, sin embargo, esconde efectos de infelicidad crecientes que se manifiestan en La vida y en el psiquismo, sobre el sistema emocional. Podemos entrever algun indicio en el emerger de formas pánicas o depresivas de la psique social y del comportamiento colectivo.
Una actitud mental predomina hoy en día en el panorama intelectual, el mercado competitivo es considerado como el único medio por el cual es posible la conquista del progreso. La miseria y la marginación son su inevitable precio. Del mismo modo en que la evolución natural con su despiadada selección elimina a los débiles y permite a los fuertes prosperar, así la sociedad humana no puede progresar si no mediante la explotación. El trabajo, la productividad, la competencia son considerados los valores a los que todo debe ser sacrificado.
El imperativo categórico de hoy día manda ser competitivo, si quieres sobrevivir debes ser competitivo. Su consecuencia es la enfermedad mental, que se muestra como una epidemia social. 
Ser competitivo implica recibir y elaborar continuamente una inmensa y creciente masa de datos. Esto provoca un estrés de atención constante y una reducción del tiempo disponible para la afectividad. Esto devasta el psiquismo individual. Depresión, pánico, angustia, sensación de soledad, miseria existencial.
Pero, en una sociedad donde prima la competencia y el poder económico, no se puede decir: estás agotado. Hoy el capital necesita energías mentales, energías psíquicas. Las enfermedades mentales están estallando en el centro de la escena social.
La infelicidad funciona como un estimulante del consumo: comprar es una suspensión de la angustia, un antídoto de la soledad. Pero no es la única manera en que se expresa el malestar.
Fuera de toda duda la gente está triste por su forma de vida, en la actual forma que toma el capitalismo. Y esa tristeza tiene consecuencias en la salud pues merma la potencia de actuar. El principal efecto es un bloqueo del deseo.
Procesar este malestar implica conquistar nuevos territorios existenciales que amplían el campo de nuestras experiencias, enriqueciendo nuestro pensamiento, aumentando nuestra capacidad de existir. El deseo es el proceso de producción de universos psicosociales. Es un proceso para lograr una adaptación activa a la realidad. Sin embargo esta creación de universos psicosociales se enfrentan con un conjunto de actitudes resistenciales, tanto en el nivel individual como en el nivel grupal y el nivel social, que crean situaciones  estereotipadas que impiden o bloquean el proceso.
Las resistencias se manifiestan habitualmente en la forma de dos miedos primarios que originan una perturbación existencial básica. Estos miedos son el miedo a la perdida y el miedo al ataque.
Si fracasa se bloquea el proceso de producción de universos psicosociales, allí se presenta la enfermedad. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, La neurosis, la psicosis son estados en los que se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado.
Cuando predomina el miedo a la perdida el yo proyecta sobre sí mismo la causa del malestar y se va a intoxicar de culpa. Pasa a verse a sí mismo como insuficiente, incapaz, inferior, débil, fracasado, no deseable. Una de las maneras en que va a actuar el deseo para recobrar el equilibrio va a ser el consumo. En el marco de la política de subjetivación dominante, los objetos de ese consumo serán productos de toda suerte que le ofrece el mercado, a veces compulsivamente.
Cuando predomina el miedo al ataque, el yo proyecta la causa del malestar sobre el otro (de raza, género, clase, ideología etc.) y lo demoniza intoxicandose de odio y resentimiento. Eso puede llevar a acciones extremamente agresivas cuyo poder de contagio tiende a crear las condiciones para el surgimiento de una masa fascista. La experiencia de extrema desestabilización que estamos viviendo hoy en el planeta es igualmente portadora de ese tipo de riesgo.
En toda esta reflexión me fue acompañando,como un amigo conceptual, el filosofo italiano Franco Berardi. Y voy a concluir con una larga cita de Deluze: “La idea de base de Spinoza es muy simple, es que hay dos plagas del genero humano… el odio y el remordimiento. Se podría hacer una especie de cuadro psiquiátrico de las afecciones del odio y de las afecciones del remordimiento. Pero lo que le interesa en su manera de ver todo esto no es una psiquiatría; lo que le interesa es, evidentemente, la política. Spinoza se pregunta: ¿Qué es lo que se llama los poderes? El plantea la cuestión del poder de una manera tan ridícula: el poder se opone a la potencia; la potencia es nuestra suerte en nosotros… pero el poder es otra cosa. Se pregunta ¿Qué quiere decir tener el poder sobre alguien? Tener el poder sobre alguien es estar a la medida de afectarlo. Los poderes son fundamentalmente instituciones hechas para afectarnos de tristeza, funciona así y no puede funcionar más que así. Cosas como la esperanza, la recompensa y la seguridad son puestas del lado de los afectos tristes.”
Alejandro Unzaga
Psicodramatista. Tecnico Mecánico en Maquinas Abstractas

La colectiva Actrices Argentinas


La colectiva Actrices Argentinas convocó, el martes 11 de diciembre, a una conferencia de prensa para acompañar la denuncia de la actriz Thelma Fardín. Este fue un acto primordialmente político que hizo visible una situación de opresión y cosificación. Con una consecuencia reparadora ya que se pudo nombrar lo inenarrable, aquello oculto que nos descompone interiormente. Que la palabra ocupe el lugar de lo inefable implica un enorme esfuerzo.
Tal acción tiene, también, un efecto micropolítico. Moldeando posturas, actitudes y formas de percibir las cosas, rompiendo con la naturalizaciones de opresión patriarcal; y esto ocurre no solo con las mujeres, sino también con los varones que nos vemos obligados a desarmar una trama en la que fuimos criados. Desde este punto de vista una sociedad puede definirse por sus líneas de fuga, flujos que hacen evolucionar las costumbres. Estos flujos moleculares son micropolíticos en tanto modifican las condiciones macropolíticas. En este sentido el movimiento feminista funciona como un acelerador de partículas en nuestra sociedad. Es toda la sociedad que comienza a devenir. Pero la liberación es una tarea dolorosa, que produce y producirá resistencias e intentos de reconducir este flujo molecular… pero eso ya es otra historia.

martes, 20 de noviembre de 2018

Antonio es un hombre alegre


Cuando fuimos a verlo no sabíamos bien cual era la razón por la cual íbamos, no es que ahora la sepamos, pero fue un buen encuentro. Un encuentro que nos colmó de alegría, un encuentro que aumentó nuestra potencia de existir.
Antonio es un hombre madurado, viste sencillamente, usa un bastón y apenas resalta en su atuendo la pequeña cruz de madera de los franciscanos.
Antonio escucha, mientras ceba mate, no entiende bien para que fuimos, creo que no es eso lo que necesita saber, nos deja hablar y hablamos demasiado de demasiadas cosas.
Antonio es un hombre que intenta y ha intentado que la Palabra lo habite y eso lo ha llevado a que su vida no sea, ni haya sido, un jardín de rosas, a pesar que nos cuenta que la vida de los sacerdotes está asegurada mas que la del común de la gente.
Tuvo prohibido celebrar la misa en distintas diócesis de la Argentina por su actividad decidida en la opción por los pobres. Participó, desde sus comienzos, del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Este movimiento surgió espontáneamente entre un grupo de sacerdotes de nuestro país a raíz de los cambios que se produjeron en la Iglesia debido al Concilio Vaticano II. Sus primeros miembros eran sacerdotes que habían tomado por opción irse a vivir a las barriadas más pobres de sus diócesis; él, por aquellos años, llevaba a cabo su ministerio en Mar del Plata donde había treinta y tres villas miseria, pese que el obispo local decía que no había pobres. Y allí se fue a vivir. Luego este obispo lo expulsó de la diócesis, la primera de las varias expulsiones. Antonio nos cuenta que algunos obispos que participaron de este Concilio concordaron en un documento, entre ellos recuerda a monseñor Devoto, y eso fue el detonante para que empezara el movimiento. Hay una constante en el pensamiento de Antonio: “el movimiento tiene que darse desde abajo, los cambios no se producen desde arriba.” Ya en tiempos de la dictadura conoció la cárcel por su constante acompañamiento al drama de las madres de desaparecidos.
Pero no fue esa la única vez. Es demasiado conocido que pasó una década preso por los acontecimientos de La Tablada. A él no le cuesta contarnos su experiencia en esos diez años y se entusiasma cuando la charla deviene sobre lo injusto, egoísta e inhumano que es el sistema capitalista donde el 20 por ciento de la población mundial ubicada en los países más ricos consume más allá de lo que necesita, produciendo inequidad, puesto que el 80 por ciento restante apenas si le alcanza para vivir. Recordamos que Jesús se opone a esta visión individualista de la acumulación cuando tomó los cinco panes y los dos pescados, partió y compartió y aún sobraron doce canastas. Entonces Antonio nos cuenta que estando preso en Caseros, los guardiacárceles juntaron en un mismo pabellón a los jóvenes presos de La Tablada con la banda del Gordo Valor, con la intención que se masacraran entre ellos. Sin embargo ocurrió lo contrario, confraternizaron con los hermanos ladrones. Hasta tal punto que llegó un momento en que le piden que celebre la misa. Antonio nos aclara que la jerarquía no le había prohibido celebrar la Eucaristía, pero no se lo permitían las autoridades del penal, por lo cual la misa la celebró a las tres de la mañana. Usó pan común para consagrar el Cuerpo del Señor y un poco de vino, que le entraba de contrabando el abogado, ya que no lo requisaban. Pero este era tan poco que utilizaba una tapita de gaseosa como cáliz. Eran cuarenta en la misa, la mayoría de los cuales desconocían los principios de la fe. Imaginamos a Antonio con su hablar manso explicar en que consistía la Eucaristía a los hermanos ladrones. Imaginamos a Antonio dando a compartir el pan y el escaso vino, vino que no estaban acostumbrados por los rigores de la cárcel a probar. Imaginamos también la sorpresa de Antonio cuando la tapita le llega aún con vino después de que los cuarenta hubieron comulgado. En esa sencilla lección práctica Antonio nos mostró como es posible producir el milagro de compartir y que se puedan recoger las doce canastas. El cura “delincuente” celebrando la Eucaristía en la clandestinidad para los marginales de la sociedad decente.
La ecología es en Antonio acción, acción de humanizar la polución que el egoísmo y la avaricia del sistema capitalista inocula en nuestros corazones. Por eso Antonio es un hombre alegre porque encontrarse con él es aumentar nuestra potencia de vivir y eso es revolucionario porque esto solo ocurre cuando se producen buenos encuentros. El encuentro de Antonio con los hermanos ladrones fue un buen encuentro a pesar del poder. El poder necesita dominarte con la tristeza que disminuye tu potencia de vivir. Por eso Antonio es un revolucionario, porque Antonio es un hombre alegre.

domingo, 18 de noviembre de 2018

¿Multiplicidad es sumar? ¿Que es la multiplicidad?

Multiplicidad es más que sumar y más que multiplicar.

y quizás un nivel de producción no mensurable pero calificable y evidenciable por sus consecuencias.
Multiplicar no debe ser lo mismo que sumar. Ahora la red es multiplicidad, multiplicidad... contagio,
El rizoma efectivo por excelencia, la encarnación práctica del concepto de multiplicidad llana, es decir, la traducción concreta de la idea de pliegue (Buydens).
El espacio internético cumpliría con algunos de los “principios” rizomáticos: posibilidad de conexión múltiple de cada punto, heterogeneidad de los componentes del sistema, multiplicidad sin unidad generadora, ruptura asignificante, entre otros. Cuando William Gibson ideó el término “cyberespace” tenía presente la idea de adireccionalidad, lo cual se torna evidente en Internet. El hecho de que los nodos y los lugares se constituyan sin planes apriorísticos pareciera evocar el espacio abierto deleuziano, espacio nómade de lo aleatorio y del movimiento. Por ello, para quienes intentan aproximaciones conceptuales, en este sentido también el espacio internético guarda semejanzas con aquel espacio liso de que habla Deleuze, en la medida que se construye por contagio espontáneo (Mónica Cragnolin).
Tengo para mi que MULTIPLICIDAD es el estallido de lo UNO.
Construyo esta idea con tres materiales:
Un cuento (de Calvino?) que relataba como alguna vez, estabamos todos juntos, toda la humanidad, todos los ríos, los mares, los animales, las estrellas, los peces, las ballenas, las flores, etc., etc., tan apretaditos que ocupábamos menos espacio que la cabeza de un alfiler, hasta que a un señor se el ocurrió y le dijo a su mujer: “Gorda, amasate unos tallarines!”, y la gorda comenzó a amasar y la energía que genero produjo un tremendo estallido que nos construyo un universo mas o menos como el que tenemos hecho, mas que a pulmon, a multiplicidad.
La formula de la multiplicidad es n-1, Deleuze-Guattari, Mil mesetas
Un show que vi en Epcot, donde todo estaba apretadísimo y despues de un gran estallido se desplegaron las selvas y los oceanos, las galaxias, las mariposas y los tulipanes y los maravillados ojos de las maravilladas criaturas. Y ellos tambien dijeron (como Maturana): UNIVERSO era, MULTIVERSO es, o mejor: Universo estaba, Multiverso esta. (Aída Loya)
¿De dónde vienen los enunciados?, ¿con quién relacionar una producción? La respuesta subyacente consistiría en responder: no hay enunciados individuales, y entre las múltiples trampas del psicoanálisis, que es hereditario de un pensamiento que se puede llamar un pensamiento occidental, es que nos persuade de que hay enunciados individuales. Y finalmente, la forma o la lógica de los enunciados individuales ha sido fijada por el cogito. Ha sido fijada por el cogito que comprende la producción de enunciados a partir del sujeto y a partir de un sujeto. El cogito quiere decir que todo enunciado es la producción de un sujeto. Eso es lo que quiere decir en primera instancia, y secundariamente quiere decir: todo enunciado separa al sujeto que lo produce. Lacan es el último cartesiano. Entonces todo enunciado remite a un sujeto, y todo enunciado separa, corta, separa al sujeto que lo produce, son las proposiciones que se encadenan naturalmente porque, si es verdad que un enunciado es producido por un sujeto, ese sujeto por eso mismo va como a dividirse en sujeto de enunciación y sujeto del enunciado, en eso consiste el modo literal del cogito. ¡El dualismo! Hay dualismo a nivel del pensamiento y del objeto pensado. Hay dualismo a nivel del alma y del cuerpo, hay todo el dualismo que ustedes quieran. Y si nos preguntamos cuál es la fuente de todos los dualismos cartesianos, está en esta escisión interior al sujeto, entre los sujetos del enunciado que no permiten cerrarla, y un sujeto de enunciación que es sustraído a la duda: "yo pienso". El dualismo es lo que impide el pensamiento. El dualismo, siempre, va a negar la esencia del pensamiento, a saber que el pensamiento sea proceso. Y la fuente del dualismo, me parece, es esa especie de reducción, de aplastamiento de todos los enunciados del pensamiento, precisamente por este aparato especulativo edípico en el que enuncia, de una parte que esta relacionado al sujeto, a un sujeto, y de otra parte, y al mismo tiempo, el sujeto es dividido en sujeto de enunciado y sujeto de enunciación. En esta perspectiva repensamos el sujeto. No hay más que una forma de pensamiento, son la misma cosa: no se puede pensar más que de manera monista o pluralista. El único enemigo es dos. El monismo y el pluralismo son la misma cosa porque, de cierta manera, me parece que toda oposición, aún todas las posibilidades de oposiciones entre lo uno y lo múltiple... son la fuente del dualismo, es precisamente la oposición entre algo que puede ser afirmado como uno, y algo que puede ser afirmado como múltiple, y más precisamente lo que lo señala como uno es precisamente el sujeto de la enunciación, y lo que lo señala como múltiple es siempre el sujeto del enunciado... Para hacer la supresión de la oposición de lo uno y de lo múltiple, se hace a partir del momento en que uno y múltiple dejan de ser adjetivos para dar lugar al sustantivo: solo hay multiplicidades. Es decir, cuando el sustantivo multiplicidades toma el lugar de lo uno, de lo múltiple y en ese momento, uno y múltiple pierden absolutamente todo sentido, al mismo tiempo que el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciado. Hay multiplicidades, lo que implica evidentemente una teoría y una práctica de las multiplicidades. Cuando abandonamos el dominio de las multiplicidades volvemos a caer en los dualismos, en el dominio del no-pensamiento, abandonamos el campo del pensamiento como proceso. (Deleuze)

sábado, 17 de noviembre de 2018

Otro mundo es posible, o de como Pessoa leyó a Deleuze

No soy nada
nunca seré nada
no puedo querer ser nada
aparte de esto, tengo en mí
todos los sueños del mundo. (Fernando Pessoa)

Según Leibniz cada noción individual contiene una multiplicidad de mundos posibles, pero solo uno de estos pasa a la existencia. Hay todos estos mundos y cada uno de estos mundos posibles, por su cuenta, persigue la pretensión de pasar de lo posible a lo existente. Sin embargo, sostiene Leibniz, esto no es posible. Ellos no son composibles, no se las arreglan los unos con los otros pues resultan contradictorios entre sí, una única combinación pasará siguiendo la más estricta fidelidad a la física newtoniana. Todos los mundos diferentes, todas estas infinidades de mundos, se excluyen los unos de los otros, se trata de éste mundo o bien de otro. Si mi naturaleza me indica que soy de tal manera no me es posible ser de tal otra, el principio de identidad no me lo permite (quizás tampoco la sociedad lo tolere). Tengo que ser idéntico a mí mismo, tengo que ser yo mismo.

David Hume armó algún escándalo cuando postuló que “los seres humanos no son sino un haz o colección de percepciones diferentes, que se suceden entre sí con rapidez inconcebible y están en perpetuo flujo y movimiento”.

El yo es una mirada hacia adentro y solo en esta dirección: el microcosmos se transforma en macrocosmos, el sujeto excluye al objeto, es más, el sujeto se convierte en el objeto de sí mismo, se coloca a sí mismo como otro diverso de sí.

No hay normas. todos los hombres son
excepciones a una regla que no existe
del individuo tenemos que partir,
aunque sea para abandonarlo. (Fernando Pessoa)

Borges, en "El jardín de los senderos que se bifurcan", reinterpreta a Leibniz poniendo todos estos mundos, incomposibles entre sí, en el mismo mundo. Con Borges los incomposibles se hacen parte de un mismo mundo: “En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones… infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades”.

Fernando Pessoa se atreve otrarse desplegando la heteronimia, o el hombre multiplicado. La heteronimia es un camino a recorrer en la búsqueda de la despersonalización identitaria.

Pessoa comprendió que “en cada sí, incluso en el más pleno y rotundo, hay un minúsculo no, corpúsculo portador de un signo contrario que gira en una órbita oscura” (Murilo Méndez). Si el seudónimo es ocultamiento del nombre propio con otro nombre para no ser reconocido, el heterónimo designa a distintos personajes que escriben con distintos estilos a partir de biografías y formas de vivir, pensar y escribir diferentes entre sí. Con los heterónimos, Pessoa, fue enmascarando su propio nombre, para otrarse, para hacerse otro. Para vivir tantas vidas como personas escribían, sin dejar de ser el mismo:

Sentir todo de todas las maneras
vivir todo de todos los lados
ser la misma cosa de todos los
modos posibles al mismo tiempo
realizar en sí toda la
humanidad de todos los momentos
en un sólo momento difuso,
profuso, completo y lejano. (Fernando Pessoa)

Los heterónimos que describen el plano de mundos posibles del autor y el autor no es más que el envoltorio de su heterónimo principal. El nombre del autor es seudónimo de sus personajes.

¿Quién es yo?, siempre es una tercera persona. Gracias a nuestros personajes, nos convertimos siempre en otra cosa. Somos una multiplicidad de máscaras que se vinculan entre sí más allá del rostro. Heterónimos que configuran personajes. Estos nos habitan, están ahí, innominados, subterráneos antes y durante el encuentro con otros. Se bifurcan y bifurcan sin cesar.

Los personajes proliferan y se bifurcan, chocan, se sustituyen. Algunos simpáticos, otros más o menos antipáticos. ejecutan los movimientos del plano de mundos posibles y desarrollan la ficción de las novelas personales. Los heterónimos nacen constantemente y varían con el plano de mundos posibles.

Me multipliqué, para sentirme
para sentirme, precisé sentir todo
transbordé, no hice sino extravasarme
me despedí, me entregué
y hay en cada canto de mi alma
un altar a un dios diferente. (Fernando Pessoa)

Los heterónimos son islotes que aparecen en nuestra personalidad, más allá de la comprensión causal de sus desarrollos. Multiplicidad por hacerse posible, presencia de personajes que irrumpen en los protagonistas.

Hernán Kesselman utiliza al psicodrama como dispositivo para descubrir el plano de mundos posibles. A través de la Multiplicación Dramática trata de descubrir qué heterónimos posibles acompañan a quienes circulan por una escena. El coordinador invita al protagonista de una escena a indagar en los personajes que lo habitan antes y durante el encuentro con otros actores, corporizarse en la escena, exteriorizarse, hacerse visibles y audibles. En qué disposiciones vinculares se encarnan unos y otros, hasta llegar a la situación de mutuo bloqueo, conformando una máquina de captura, que se abrirá al juego multiplicador del grupo. El objeto es jugar, “vivir varias vidas sin tener que morir tantas muertes” (Hernán Kesselman). La intención es transformar conductas monocordes, repetitivas y previsibles.

Las posibilidades de vida o los modos de existencia sólo pueden inventarse sobre un plano de mundos posibles que desarrolla la potencia de los heterónimos. En esta circulación escénica se realiza la producción de un texto vital que contiene los enunciados por donde navega el deseo. Multiplicar estares para que cada uno deje de ser progresivamente quién es y al mismo tiempo sea uno mismo más que nunca.

“Pessoa se introduce en el escenario y lo convierte en un espacio a poblar por los desdoblamientos plurales de cada singularidad de los integrantes de un grupo” (Hernán Kesselman).

¿Qué sé yo del que seré,
yo que no sé lo que soy?
¿ser lo que pienso? pero
¡pienso ser tantas cosas!
¡y hay tantos que piensan ser lo
mismo que no puede haber tantos! (Fernando Pessoa)

Retrato de una leyenda

Américo Tesorieri. Fue arquero de Boca en los años del amateurismo. Fue un romántico. Se retiró del fútbol a los veintiocho años. Se tuvo que ir de su pasión y como no concebía jugar para otros colores simplemente dejó de jugar. El azar lo convirtió en arquero una tarde ya perdida en los pliegues de la memoria. De mediocre centrodelantero a notable guardameta. Protagonista de la legendaria gira del año '25 cuando Tarascone batió al divino Zamora, la gloria española del olímpico del '24. La gira que le dio a Boca chapa de grande y el apoyo de multitudes. Titular de todos los Sudamericanos de aquellos años. Mantuvo invencible su arco en los torneos del '21 y del '24. Este último, jugado en Montevideo, fue una jornada histórica, su actuación fue tan notable; enfundado en su tricota gris una y otra vez contuvo los embates uruguayos, una y otra vez silencio el grito de gol de los miles de aficionados que anhelaban el triunfo celeste. El titulo quedo para los nuestros, los halagos para Tesorieri que fue levantado en andas por los jugadores contrarios, nuestros tradicionales rivales.
¡Qué estampa en la estirada! ¡Qué pinta retratado junto al palo!
Américo Tesorieri ayudó a colgarlas primeras estrellas del escudo boquense. Bohemio, soñador de rostro melancólico. El tiempo lo borra todo, ya casi nadie lo recuerda pero fue espléndido protagonista de los momentos más gloriosos de los comienzos del fútbol.
- ¿Cómo nació el arquero?
-Nadie quería atajar, nos había fallado el arquero y fui. Me tiraron de todo, me gustó. Sentir el partido con otra intensidad, otro gusto. Con el tiempo desarrolle un estilo, una técnica. La velocidad estaba en mi imaginación.
- ¿A qué se refiere exactamente?
-Si un delantero me enfrentaba, avanzaba unos pasos, hacia lentos mis movimientos, tranquilo, casi sin moverme esperaba su reacción. Cuando salía el disparo mis dedos viajan en mi imaginación prologando el movimiento de mis brazos hasta alcanzar suavemente a la pelota y desviarla. El placer no era tirar una gambeta, realizar una apilada. Tuve el don de la velocidad en mis manos, ello me gustaba. Pero la mayor tristeza de mi campaña fue defendiendo el arco argentino, esa velocidad me falto para detener el tiro de Piendibene, el futbolista uruguayo. Ese gol nos costó el campeonato de 1921 en Chile
- ¿Cómo envejeció Tesorieri?
-Añorando, melancólico. Mi padre me decía que cada edad tiene su encanto y saber envejecer es saber saborearlos.
- ¿Añora sus hazañas?
-No le sabría responder... es posible que las extrañe, siempre fui un romántico y la melancolía mi estado natural. Mi muerte, tendría que haber terminado cuando el gol uruguayo en Viña del Mar, allí junto al poste, derrotado.
- ¿Va a la cancha?
-No. Suelo escuchar los gritos de la gente de Boca los domingos puesto que nunca me fui del barrio. Y cuando hacemos un gol es un sismo el que explota en mi comedor. Pero no voy a la cancha.
- ¿Cómo está ahora?
-Agotado. Quisiera salir a caminar por el barrio. Boca me comió. Todo este tiempo me lo he pasado buscando una ilusión, persiguiendo una alegría. Puede parecer raro lo que voy a decirle pero esa alegría la vislumbre, la acaricie en el partido final del Sudamericano de Montevideo. Una hora y media increíble, después de eso no pude abandonar su búsqueda.

sábado, 13 de octubre de 2018

Hacer de la vida una obra de arte

Aquel que desea pero no actúa, engendra la peste. William Blake
Hacer el pasaje y descubrir que, detrás de la máscara no hay rostro alguno, sólo necesidad de crear nuevas máscaras. Suely Rolnik
En el Discurso del método Descartes elabora su proyecto de hacer del ser humano “dueño y poseedor de la naturaleza”. Este sencillo enunciado tiene como consecuencia la fundación de la Modernidad en la escisión de un sujeto cognoscente y un objeto conocido. Esto hace de Descartes el creador del espíritu científico moderno, del paradigma científico. Sin embargo, el sujeto no es evidente; no basta pensar para ser, como lo proclamaba Descartes, puesto que muchas otras formas de existir se instauran fuera de la conciencia. Más que de sujeto sería conveniente hablar de procesos de subjetivación.
El paradigma cartesiano, o científico, se aplicó exitosamente en las ciencias físicas y naturales. Un par de siglos más tarde se intentó transpolar este paradigma al estudio de los fenómenos sociales y humanos con desparejo y sospechoso éxito. En este último siglo, los profesionales de las ciencias humanas han estado obsesionados por un ideal de cientificidad, considerando responsable cualquier práctica con pretensión científica, y degradando otras por considerarlas pseudo científicas.
El paradigma científico se halla interrelacionado al universo capitalista. El afán de dominio de la naturaleza acarrea la conquista de nuevos sectores, la conquista de nuevos mercados. Operación que homogeneíza las vidas singulares, todas las posibilidades de llevar una existencia singular están recubiertas por la valorización del mercado y confluyen en el consumidor ideal. Se propaga un modo de existencia por y para el mercado, impera una economía del beneficio.
Gilles Châtelet dice, en “Vivir y pensar como chanchos”, que la mano invisible del mercado hace de todos nosotros ganado cibernético que pasta mansamente entre los servicios y las mercancías ofrecidas. Asistimos con un extraño deleite a las formas líquidas de la Modernidad tardía, son líquidas desde las condiciones de contratación hasta las relaciones conyugales. Terminamos admirándonos con la volatilización de la moneda, de los servicios, del trabajo, hasta de la condición humana. Pues desaparecen las palabras, las frases, los gestos de la solidaridad humana.
Estos acontecimientos del macrocosmos son asimilados en el microcosmos. Vivimos aprisionados a cielo abierto, la mano invisible coloniza las esferas más privadas e íntimas de la vida humana. El inconsciente claudica ante el mercado. No debe sorprender la claustrofobia que nos acosa visible solo por sus efectos: la incertidumbre y el pesimismo. Este aplanamiento de la existencia es producto de la homogeneización de la diversidad.
Sin embargo la vida comporta un alto grado de complejidad, de heterogeneidad. La vida es un proceso de auto organización de la materia en altísimo grado de interacción con todo lo que la rodea. La vida en su esencia es proceso de creación. Por ello la alternativa ante el paradigma científico se presenta como la constitución de un paradigma estético, un paradigma de creación estética, que subvierta el mundo de valores del mercados, en tanto abra la posibilidad de recuperar la pluralidad, la heterogeneidad del mundo para que la vida esté a gusto. El umbral decisivo de constitución del paradigma estético reside en la aptitud de estos procesos de creación para autoafirmarse como foco de producción existencial.
Este paradigma no implica estetizar el mundo, sino nuestra propia vida. En nuestra sociedad el arte se convirtió, siguiendo las lógicas del mercado, en algo que atañe a los objetos y no a la vida ni a los individuos, en una especialidad que está reservada a los expertos, a los artistas. El arte queda reducido a un producto, una determinada lámpara o una casa resultan obras de arte. Pero el arte no tiene el monopolio de la creación. ¿Y, acaso, no puede serlo la vida, mi vida? Un hombre o mujer cualquiera puede hacer de su vida una obra de arte. En el cine, en las novelas, en los libros de autoayuda sobrevuela la noción de autenticidad, la idea de que debemos ser nosotros mismos, ser de verdad nuestro verdadero yo. Sin embargo, el yo no nos es dado, debemos constituirnos, fabricarnos como una obra de arte. La esencia de la creatividad estética reside en el proceso de producción de nuestra subjetividad y no se resume en el producto. La actividad creadora de un individuo constituye el centro de su actividad ética. Pero sólo a partir del reconocimiento de la alteridad, del encuentro con la otredad, la ética es posible. Spinoza reacciona al cartesianismo proponiendo que la subjetividad se produce en el encuentro con un otro. Devenir. Encontrar la zona de vecindad de un cuerpo con otro, de tal manera que se pierda la forma cristalizada individual, creando un tercero entre los dos.
El paradigma estético nos permite unirnos con otras producciones de subjetividad parcial. Se trata de agenciarnos para producir esa fuerza engendradora de vida. Este agenciamiento es un territorio existencial, es un plano que reemplaza la oposición entre el sujeto y el objeto. Es el surgimiento de algo que se produce que no es yo; que no es el otro, que es el surgimiento de la vida.
El problema que se presenta es reinventar dispositivos de producción de subjetividad en todos los ámbitos de la vida humana, componer nuevas prácticas que produzcan actos de experimentación creadora de focos existenciales. Todas las entradas son buenas, siempre que las salidas sean múltiples. La creación no es una sublimación en relación a una agresividad que estaría allí siempre latente, es un dato inmediato de la subjetividad colectiva.
“Entre no es ni lo tuyo ni lo mío. Lo que está en el medio circulando, fluyendo”. Eduardo Pavlovsky.
“El cosmos puede buscarse también dentro de cada uno de nosotros, como caos indiferenciado, como multiplicidad potencial”. Italo Clavino.