Américo
Tesorieri. Fue arquero de Boca en los años del amateurismo. Fue un romántico.
Se retiró del fútbol a los veintiocho años. Se tuvo que ir de su pasión y como
no concebía jugar para otros colores simplemente dejó de jugar. El azar lo
convirtió en arquero una tarde ya perdida en los pliegues de la memoria. De
mediocre centrodelantero a notable guardameta. Protagonista de la legendaria
gira del año '25 cuando Tarascone batió al divino Zamora, la gloria española
del olímpico del '24. La gira que le dio a Boca chapa de grande y el apoyo de
multitudes. Titular de todos los Sudamericanos de aquellos años. Mantuvo
invencible su arco en los torneos del '21 y del '24. Este último, jugado en
Montevideo, fue una jornada histórica, su actuación fue tan notable; enfundado
en su tricota gris una y otra vez contuvo los embates uruguayos, una y otra vez
silencio el grito de gol de los miles de aficionados que anhelaban el triunfo
celeste. El titulo quedo para los nuestros, los halagos para Tesorieri que fue
levantado en andas por los jugadores contrarios, nuestros tradicionales
rivales.
¡Qué
estampa en la estirada! ¡Qué pinta retratado junto al palo!
Américo
Tesorieri ayudó a colgarlas primeras estrellas del escudo boquense. Bohemio,
soñador de rostro melancólico. El tiempo lo borra todo, ya casi nadie lo
recuerda pero fue espléndido protagonista de los momentos más gloriosos de los
comienzos del fútbol.
-
¿Cómo nació el arquero?
-Nadie
quería atajar, nos había fallado el arquero y fui. Me tiraron de todo, me
gustó. Sentir el partido con otra intensidad, otro gusto. Con el tiempo
desarrolle un estilo, una técnica. La velocidad estaba en mi imaginación.
-
¿A qué se refiere exactamente?
-Si
un delantero me enfrentaba, avanzaba unos pasos, hacia lentos mis movimientos,
tranquilo, casi sin moverme esperaba su reacción. Cuando salía el disparo mis
dedos viajan en mi imaginación prologando el movimiento de mis brazos hasta
alcanzar suavemente a la pelota y desviarla. El placer no era tirar una
gambeta, realizar una apilada. Tuve el don de la velocidad en mis manos, ello
me gustaba. Pero la mayor tristeza de mi campaña fue defendiendo el arco
argentino, esa velocidad me falto para detener el tiro de Piendibene, el
futbolista uruguayo. Ese gol nos costó el campeonato de 1921 en Chile
-
¿Cómo envejeció Tesorieri?
-Añorando,
melancólico. Mi padre me decía que cada edad tiene su encanto y saber envejecer
es saber saborearlos.
-
¿Añora sus hazañas?
-No
le sabría responder... es posible que las extrañe, siempre fui un romántico y
la melancolía mi estado natural. Mi muerte, tendría que haber terminado cuando
el gol uruguayo en Viña del Mar, allí junto al poste, derrotado.
-
¿Va a la cancha?
-No.
Suelo escuchar los gritos de la gente de Boca los domingos puesto que nunca me
fui del barrio. Y cuando hacemos un gol es un sismo el que explota en mi
comedor. Pero no voy a la cancha.
-
¿Cómo está ahora?
-Agotado. Quisiera salir a caminar por el
barrio. Boca me comió. Todo este tiempo me lo he pasado buscando una ilusión, persiguiendo
una alegría. Puede parecer raro lo que voy a decirle pero esa alegría la
vislumbre, la acaricie en el partido final del Sudamericano de Montevideo. Una
hora y media increíble, después de eso no pude abandonar su búsqueda.
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