sábado, 17 de noviembre de 2018

Otro mundo es posible, o de como Pessoa leyó a Deleuze

No soy nada
nunca seré nada
no puedo querer ser nada
aparte de esto, tengo en mí
todos los sueños del mundo. (Fernando Pessoa)

Según Leibniz cada noción individual contiene una multiplicidad de mundos posibles, pero solo uno de estos pasa a la existencia. Hay todos estos mundos y cada uno de estos mundos posibles, por su cuenta, persigue la pretensión de pasar de lo posible a lo existente. Sin embargo, sostiene Leibniz, esto no es posible. Ellos no son composibles, no se las arreglan los unos con los otros pues resultan contradictorios entre sí, una única combinación pasará siguiendo la más estricta fidelidad a la física newtoniana. Todos los mundos diferentes, todas estas infinidades de mundos, se excluyen los unos de los otros, se trata de éste mundo o bien de otro. Si mi naturaleza me indica que soy de tal manera no me es posible ser de tal otra, el principio de identidad no me lo permite (quizás tampoco la sociedad lo tolere). Tengo que ser idéntico a mí mismo, tengo que ser yo mismo.

David Hume armó algún escándalo cuando postuló que “los seres humanos no son sino un haz o colección de percepciones diferentes, que se suceden entre sí con rapidez inconcebible y están en perpetuo flujo y movimiento”.

El yo es una mirada hacia adentro y solo en esta dirección: el microcosmos se transforma en macrocosmos, el sujeto excluye al objeto, es más, el sujeto se convierte en el objeto de sí mismo, se coloca a sí mismo como otro diverso de sí.

No hay normas. todos los hombres son
excepciones a una regla que no existe
del individuo tenemos que partir,
aunque sea para abandonarlo. (Fernando Pessoa)

Borges, en "El jardín de los senderos que se bifurcan", reinterpreta a Leibniz poniendo todos estos mundos, incomposibles entre sí, en el mismo mundo. Con Borges los incomposibles se hacen parte de un mismo mundo: “En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones… infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades”.

Fernando Pessoa se atreve otrarse desplegando la heteronimia, o el hombre multiplicado. La heteronimia es un camino a recorrer en la búsqueda de la despersonalización identitaria.

Pessoa comprendió que “en cada sí, incluso en el más pleno y rotundo, hay un minúsculo no, corpúsculo portador de un signo contrario que gira en una órbita oscura” (Murilo Méndez). Si el seudónimo es ocultamiento del nombre propio con otro nombre para no ser reconocido, el heterónimo designa a distintos personajes que escriben con distintos estilos a partir de biografías y formas de vivir, pensar y escribir diferentes entre sí. Con los heterónimos, Pessoa, fue enmascarando su propio nombre, para otrarse, para hacerse otro. Para vivir tantas vidas como personas escribían, sin dejar de ser el mismo:

Sentir todo de todas las maneras
vivir todo de todos los lados
ser la misma cosa de todos los
modos posibles al mismo tiempo
realizar en sí toda la
humanidad de todos los momentos
en un sólo momento difuso,
profuso, completo y lejano. (Fernando Pessoa)

Los heterónimos que describen el plano de mundos posibles del autor y el autor no es más que el envoltorio de su heterónimo principal. El nombre del autor es seudónimo de sus personajes.

¿Quién es yo?, siempre es una tercera persona. Gracias a nuestros personajes, nos convertimos siempre en otra cosa. Somos una multiplicidad de máscaras que se vinculan entre sí más allá del rostro. Heterónimos que configuran personajes. Estos nos habitan, están ahí, innominados, subterráneos antes y durante el encuentro con otros. Se bifurcan y bifurcan sin cesar.

Los personajes proliferan y se bifurcan, chocan, se sustituyen. Algunos simpáticos, otros más o menos antipáticos. ejecutan los movimientos del plano de mundos posibles y desarrollan la ficción de las novelas personales. Los heterónimos nacen constantemente y varían con el plano de mundos posibles.

Me multipliqué, para sentirme
para sentirme, precisé sentir todo
transbordé, no hice sino extravasarme
me despedí, me entregué
y hay en cada canto de mi alma
un altar a un dios diferente. (Fernando Pessoa)

Los heterónimos son islotes que aparecen en nuestra personalidad, más allá de la comprensión causal de sus desarrollos. Multiplicidad por hacerse posible, presencia de personajes que irrumpen en los protagonistas.

Hernán Kesselman utiliza al psicodrama como dispositivo para descubrir el plano de mundos posibles. A través de la Multiplicación Dramática trata de descubrir qué heterónimos posibles acompañan a quienes circulan por una escena. El coordinador invita al protagonista de una escena a indagar en los personajes que lo habitan antes y durante el encuentro con otros actores, corporizarse en la escena, exteriorizarse, hacerse visibles y audibles. En qué disposiciones vinculares se encarnan unos y otros, hasta llegar a la situación de mutuo bloqueo, conformando una máquina de captura, que se abrirá al juego multiplicador del grupo. El objeto es jugar, “vivir varias vidas sin tener que morir tantas muertes” (Hernán Kesselman). La intención es transformar conductas monocordes, repetitivas y previsibles.

Las posibilidades de vida o los modos de existencia sólo pueden inventarse sobre un plano de mundos posibles que desarrolla la potencia de los heterónimos. En esta circulación escénica se realiza la producción de un texto vital que contiene los enunciados por donde navega el deseo. Multiplicar estares para que cada uno deje de ser progresivamente quién es y al mismo tiempo sea uno mismo más que nunca.

“Pessoa se introduce en el escenario y lo convierte en un espacio a poblar por los desdoblamientos plurales de cada singularidad de los integrantes de un grupo” (Hernán Kesselman).

¿Qué sé yo del que seré,
yo que no sé lo que soy?
¿ser lo que pienso? pero
¡pienso ser tantas cosas!
¡y hay tantos que piensan ser lo
mismo que no puede haber tantos! (Fernando Pessoa)

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