No soy nada
nunca seré nada
no puedo querer
ser nada
aparte de esto,
tengo en mí
todos los sueños
del mundo. (Fernando Pessoa)
Según Leibniz
cada noción individual contiene una multiplicidad de mundos posibles, pero solo
uno de estos pasa a la existencia. Hay todos estos mundos y cada uno de estos
mundos posibles, por su cuenta, persigue la pretensión de pasar de lo posible a
lo existente. Sin embargo, sostiene Leibniz, esto no es posible. Ellos no son
composibles, no se las arreglan los unos con los otros pues resultan
contradictorios entre sí, una única combinación pasará siguiendo la más
estricta fidelidad a la física newtoniana. Todos los mundos diferentes, todas
estas infinidades de mundos, se excluyen los unos de los otros, se trata de
éste mundo o bien de otro. Si mi naturaleza me indica que soy de tal manera no
me es posible ser de tal otra, el principio de identidad no me lo permite
(quizás tampoco la sociedad lo tolere). Tengo que ser idéntico a mí mismo,
tengo que ser yo mismo.
David Hume armó
algún escándalo cuando postuló que “los seres humanos no son sino un haz o
colección de percepciones diferentes, que se suceden entre sí con rapidez
inconcebible y están en perpetuo flujo y movimiento”.
El yo es una
mirada hacia adentro y solo en esta dirección: el microcosmos se transforma en
macrocosmos, el sujeto excluye al objeto, es más, el sujeto se convierte en el
objeto de sí mismo, se coloca a sí mismo como otro diverso de sí.
No hay normas. todos
los hombres son
excepciones a
una regla que no existe
del individuo
tenemos que partir,
aunque sea para
abandonarlo. (Fernando Pessoa)
Borges, en
"El jardín de los senderos que se bifurcan", reinterpreta a Leibniz
poniendo todos estos mundos, incomposibles entre sí, en el mismo mundo. Con
Borges los incomposibles se hacen parte de un mismo mundo: “En todas las ficciones, cada vez que un hombre se
enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del
casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires,
diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. En la obra de Ts’ui
Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras
bifurcaciones… infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa
de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se
aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades”.
Fernando
Pessoa se atreve otrarse desplegando la heteronimia,
o el hombre multiplicado. La heteronimia es un camino a recorrer en la búsqueda
de la despersonalización identitaria.
Pessoa
comprendió que “en cada sí, incluso en el más pleno y rotundo, hay un minúsculo
no, corpúsculo portador de un signo contrario que gira en una órbita oscura”
(Murilo Méndez). Si el seudónimo es ocultamiento del nombre propio con otro
nombre para no ser reconocido, el heterónimo designa a distintos personajes que
escriben con distintos estilos a partir de biografías y formas de vivir, pensar
y escribir diferentes entre sí. Con los heterónimos, Pessoa, fue enmascarando
su propio nombre, para otrarse, para hacerse otro. Para vivir tantas vidas como
personas escribían, sin dejar de ser el mismo:
Sentir todo de todas
las maneras
vivir todo de
todos los lados
ser la misma
cosa de todos los
modos posibles
al mismo tiempo
realizar en sí
toda la
humanidad de
todos los momentos
en un sólo
momento difuso,
profuso,
completo y lejano. (Fernando Pessoa)
Los
heterónimos que describen el plano de mundos posibles del autor y el autor no
es más que el envoltorio de su heterónimo principal. El nombre del autor es
seudónimo de sus personajes.
¿Quién es yo?,
siempre es una tercera persona. Gracias a nuestros personajes, nos convertimos
siempre en otra cosa. Somos una multiplicidad de máscaras que se vinculan entre
sí más allá del rostro. Heterónimos que configuran personajes. Estos nos
habitan, están ahí, innominados, subterráneos antes y durante el encuentro con
otros. Se bifurcan y bifurcan sin cesar.
Los personajes
proliferan y se bifurcan, chocan, se sustituyen. Algunos simpáticos, otros más
o menos antipáticos. ejecutan los movimientos del plano de mundos posibles y
desarrollan la ficción de las novelas personales. Los heterónimos nacen
constantemente y varían con el plano de mundos posibles.
Me multipliqué,
para sentirme
para sentirme,
precisé sentir todo
transbordé, no
hice sino extravasarme
me despedí, me
entregué
y hay en cada
canto de mi alma
un altar a un
dios diferente. (Fernando Pessoa)
Los heterónimos
son islotes que aparecen en nuestra personalidad, más allá de la comprensión
causal de sus desarrollos. Multiplicidad por hacerse posible, presencia de
personajes que irrumpen en los protagonistas.
Hernán Kesselman
utiliza al psicodrama como dispositivo para descubrir el plano de mundos
posibles. A través de la Multiplicación Dramática trata de descubrir qué
heterónimos posibles acompañan a quienes circulan por una escena. El
coordinador invita al protagonista de una escena a indagar en los personajes
que lo habitan antes y durante el encuentro con otros actores, corporizarse en
la escena, exteriorizarse, hacerse visibles y audibles. En qué disposiciones
vinculares se encarnan unos y otros, hasta llegar a la situación de mutuo
bloqueo, conformando una máquina de captura, que se abrirá al juego
multiplicador del grupo. El objeto es jugar, “vivir varias vidas sin tener que
morir tantas muertes” (Hernán Kesselman). La intención es transformar conductas
monocordes, repetitivas y previsibles.
Las
posibilidades de vida o los modos de existencia sólo pueden inventarse sobre un
plano de mundos posibles que desarrolla la potencia de los heterónimos. En esta
circulación escénica se realiza la producción de un texto vital que contiene
los enunciados por donde navega el deseo. Multiplicar estares para que cada uno
deje de ser progresivamente quién es y al mismo tiempo sea uno mismo más que
nunca.
“Pessoa se
introduce en el escenario y lo convierte en un espacio a poblar por los
desdoblamientos plurales de cada singularidad de los integrantes de un grupo” (Hernán
Kesselman).
¿Qué sé yo del
que seré,
yo que no sé lo
que soy?
¿ser lo que
pienso? pero
¡pienso ser
tantas cosas!
¡y hay tantos
que piensan ser lo
mismo que no puede haber tantos! (Fernando
Pessoa)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario