martes, 3 de marzo de 2020

UN VÍNCULO ENTRE LA PSIQUE Y LA ENFERMEDAD

Probablemente lo más interesante de ciertas producciones artísticas contemporáneas sea la propuesta de una construcción de subjetividad y de sentido alternativo a lo dado, a lo establecido. Entiendo, lo que denominamos arte como una herramienta, dispositivo y territorio de producción de conocimiento y vínculos. Andrés Labaké
Hace ya un tiempo, charlando con mi curiosa amiga Aida Loya en los jardines de las Torres de Abasto, me habló de la existencia de algo que hasta ese momento desconocía: la biodescodificación. Desde aquel momento intenté descubrir de que se trataba aquello, leí mucho e hice algún curso.
Según la biodescodificación todas las enfermedades las que están causadas por un conflicto emocional no resuelto, por algún tipo de sentimiento no consciente que se proyecta en el cuerpo. Pretende, entonces, encontrar el significado emocional de las enfermedades con la intención, a partir de allí, buscar la forma de sanar. Para esta concepción existe algún tipo de relación entre el síntoma físico del enfermo y su entorno familiar que es donde se encuentra la fuente del conflicto.
Para desprogramar los síntomas y los conflictos se realiza el análisis del árbol genealógico, buscando el hilo conductor de la propia historia, el patrón lógico y el trauma principal a lo largo de la vida para desmantelarlo. Cuando la enfermedad emerge, la búsqueda de respuestas se remonta, no solo a la infancia sino más allá. Todo lo traumático o doloroso que vivimos en la actualidad, ya lo vivieron antes nuestros ancestros, y no lo pudieron superar, por eso los hechos se vuelven a repetir una y otra vez, de forma cíclica, hasta que alguien finalmente pueda sanar esa historia.
Toda enfermedad empezaría con un suceso puntual, vivido con dramatismo y en soledad. Una sensación que no podemos transmitir con palabras. Lo que advierte la biodescodificación sería la existencia de otros conflictos que resuenan con el desencadenante a lo largo de la historia de la persona (y de la prehistoria también). Estos programantes van haciendo huella, son hechos puntuales unidos por una temática. La temática de cada uno es nuestro hilo conductor, el riel donde estallan nuestros conflictos.
Pero, ¿existe un vínculo entre la psique y la enfermedad?
Los críticos de la biodescodificación la acusan de considerar como causa suficiente y necesaria de cualquier enfermedad la existencia de un conflicto emocional no resuelto. Esto equivale a decir que no haría falta nada más para que se produjera la enfermedad. Esta concepción de las enfermedades como causadas completamente por aspectos emocionales deja fuera todo otro tipo de factores. Hablando de manera más general las enfermedades son multifactoriales, es decir, no existe una causa única que pueda explicar todas y cada una de ellas.
Si bien en muchas enfermedades los aspectos psicológicos pueden resultar importantes esto no implica una relación directa entre una emoción y una enfermedad o síntoma.
Freud teorizó sobre una tendencia a somatizar cuando ciertas circunstancias internas o externas sobrepasan los modos psicológicos habituales de resistencia, cuando una vivencia no puede ser procesada por el aparato psíquico es el cuerpo donde habla. Para este autor, los procesos mentales consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable; cuando el aparato psíquico recibe excitaciones de origen externo (estímulos) e interno (aquellas que denominó pulsiones; el hambre o la excitación sexual, por ejemplo) se ve en la necesidad de procesarlas. Pero, a veces la mente no puede lidiar con ellas, ya sea porque son demasiadas, o bien porque son muy intensas, o incluso porque el sujeto no sabe qué hacer con ellas; entonces, pareciera que se obstruye la capacidad de representación o elaboración de las demandas pulsionales que el cuerpo dirige a la psique. El síntoma psicosomático se produciría, entonces, por un fallo en la capacidad para representar un conflicto.
Algunos psicoanalistas entienden al sujeto como sujeto de grupo (familiar-social), un sujeto en permanente relación con otros, que recrea aquello que recibe del medio que lo rodea. Una subjetividad que se produce en un agenciamiento de enunciación.
Las funciones familiares y la inscripción a una genealogía conllevan un valor preponderante que para la constitución psíquica y los procesos de subjetivación. Cada sujeto es eslabón de una cadena generacional, correa de transmisión, desde una generación a otra, de mitos de origen, valores, ideologías, emblemas. Desde su llegada al mundo, el grupo carga al niño como voz futura a la que se le solicitará que repita los enunciados y que garantice así la permanencia cualitativa y cuantitativa del grupo. Es la una estructuración simbólica, una matriz de modelos y valores identificatorios. Pero, a su vez, a través de la familia se expresan las relaciones de poder del socius y que forman parte de la forma de habitar el propio cuerpo.
Desde el paradigma cartesiano, o científico, transpolado al estudio de los fenómenos sociales y humanos se degradan algunas prácticas por considerarlas pseudo científicas. En muchos casos con razón, ya que muchas de estas carecen de un necesario rigor teórico conformando una sopa ecléctica.
Sin embargo la vida comporta un alto grado de complejidad, de heterogeneidad. La vida en su esencia es proceso de creación. Por ello la alternativa ante el paradigma científico se presenta como la constitución de un paradigma estético, un paradigma de creación estética, que subvierta el mundo de valores de mercado y abra la posibilidad de recuperar la pluralidad del mundo.
En la relación entre la subjetividad y el mundo interviene algo más que la dimensión psicológica, que nos permite situarnos y funcionar en este universo, es algo que captamos más allá de la percepción, pues esta solo alcanza lo visible; y es algo que, cuando lo captamos, nos afecta más allá de los sentimientos.
Esto produce una sensación de extrañamiento, de malestar que no ubicamos en el mapa de sentido conocido. Para librarnos del malestar nos vemos forzados a decodificar la sensación desconocida y transformarla en signo.
Sin embargo, este signo no tiene nada que ver con explicar o interpretar, sino con inventar un sentido que lo haga visible y lo integre en el mapa de la existencia vigente operando una transmutación. La obra de arte consiste en este desciframiento. Es el arte, por tanto, una práctica de desciframiento de signos y producción de sentido. La práctica estética es la forma de problematizar el mundo.
El arte es una práctica de experimentación que abraza la vida como potencia de creación y promueve un desplazamiento en el mapa de la realidad, movilizando  la subjetividad en su potencia para vibrar ante las intensidades del mundo y descifrar los signos formados por sus sensaciones.
Dice Deleuze que la neurosis, la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso (de producción de sentido) está interrumpido, impedido, cerrado. La patología, en el campo de la subjetividad, es el efecto de esta interrupción del proceso vital.
La la clínica tendría como objetivo La cura tiene que ver con la afirmación de la vida como fuerza creadora, con su potencia de expansión, lo que depende de un modo estético de aprehensión del mundo.

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