El imperativo categórico de nuestra época es “¡se competitivo!”. Pero para llegar a serlo necesitamos disponer de una cantidad de tiempo y esfuerzo que exceden la capacidad de nuestros cuerpos. Esto nos provoca estrés y afecta nuestro psiquismo mermando nuestra potencia, nuestra pulsión vital.
Este malestar suele ser dirigido en dos direcciones, hacia uno mismo o hacia e exterior. Cuando se proyecta en uno mismo, la persona se vivencia como insuficiente, incapaz, fracasado. El consumo de cualquier tipo de productos que ofrece el mercado es una salida que encuentra, a veces compulsivamente, el impulso vital para recobrar el equilibrio.
La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas. El imperativo categórico de nuestra coyuntura es “¡se competitivo!”. Pero para llegar a serlo necesitamos disponer de una cantidad de tiempo y esfuerzo que exceden la capacidad de nuestros cuerpos. Esto nos provoca estrés y afecta nuestro psiquismo mermando nuestra potencia, nuestra pulsión vital.
Este malestar suele ser dirigido en dos direcciones, hacia uno mismo o hacia e exterior. Cuando se proyecta en uno mismo, la persona se vivencia como insuficiente, incapaz, fracasado. El consumo de cualquier tipo de productos que ofrece el mercado es una salida que encuentra, a veces compulsivamente, el impulso vital para recobrar el equilibrio.
La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas.
La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas. El imperativo categórico de nuestra coyuntura es “¡se competitivo!”. Pero para llegar a serlo necesitamos disponer de una cantidad de tiempo y esfuerzo que exceden la capacidad de nuestros cuerpos. Esto nos provoca estrés y afecta nuestro psiquismo mermando nuestra potencia, nuestra pulsión vital.
Este malestar suele ser dirigido en dos direcciones, hacia uno mismo o hacia e exterior. Cuando se proyecta en uno mismo, la persona se vivencia como insuficiente, incapaz, fracasado. El consumo de cualquier tipo de productos que ofrece el mercado es una salida que encuentra, a veces compulsivamente, el impulso vital para recobrar el equilibrio.
La otra dirección que utiliza el yo para desembarazarse del malestar es proyectar su causa sobre el diferente y con la subsecuente demonización y desprecio. Esta es una razón por la cual el racismo, el machismo, la xenofobia, el desprecio al movimiento de mujeres, están de moda con el apoyo de personas pobres y de clase media explotadas.
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