El
futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido.
William
Gibson
Cuando
nos encontramos en familia, con amigos o, quizás, en la peluquería,
comentamos series, nos recomendamos algunas que creemos dignas de
ser vistas. Nos atrapa la pasión de las series sobre todo desde el
boom de los servicios de televisión a la carta tipo Netflix.
También las series son un interesante modo de entender la realidad,
quizás más divertido que un documental. Las hay dramáticas,
policiales, de zombis y comedias. pero una categorizada como
“distópica”, Years
and Years,
nos revela un mundo demasiado cercano. Una cualidad
que tienen las distopías es la de enfrentarnos con profecías
plausibles que, en esta caso, quizás ya ya comenzó a suceder.
El
tema central de la serie es la historia de la familia Lyons desde el
2019 al 2030. Una
familia de clase
media que
se queja frente al televisor de las miserias de nuestras realidad
mientras vota al partido conservador.
Una
de las capas narrativas de Years
and Years
dibuja el avance del pensamiento intolerante. Muestra un mundo cada
vez más conectado y a la vez cada vez más fragmentario, de
fronteras cerradas, de gente librada a su suerte, desesperada y sin
salida. Pero la historia
imprescindible de Years
and Years es
el ascenso de Vivienne Rook (interpretada por Emma Thompson). Rook
desafía la corrección política y seduce a quienes se sienten
defraudados con los partidos tradicionales. Su discurso se dirige al
“hombre común”, a sus preocupaciones desoídas por los
profesionales de la política, se nutre de la nostalgia del pasado
(la vuelta a los valores familiares) y la explotación de miedos
sociales alrededor de prejuicios como la xenofobia, la homofobia, el
racismo, en resumen, el miedo al diferente, al otro.
Rook
es una política a la que nadie toma en serio y que, a pesar de ello,
accede a la Jefatura de Gobierno de una Inglaterra post Brexit.
Habitual invitada de la televisión, debes su éxito político a su
lenguaje racista y sin complejos; busca llegar al poder regando los
oídos de con lo que la
“gente común” quiere escuchar. Es la única que desde la
pantalla le habla a la mayoría, que ve cómo sus condiciones de vida
se deterioran, mientras los políticos atienden asuntos que para la
población no son importantes. Rook recoge la decepción de años de
gobiernos ajustadores.
Pero una vez asumido el poder los campos
de hacen su aparición en Years
and Years,
como consecuencia del Brexit, campos privatizados, campos
de detención de inmigrantes.
Con
Rook dos
preguntas se van configurando: ¿por qué trabajan los hombres por su
servidumbre como si se tratase de su salvación?, planteada allá
lejos en el siglo diecisiete por Spinoza. La otra, más cercana en el
tiempo, la supo plantear Habermas: ¿es la modernidad un proyecto
todavía no realizado?
La
modernidad, al mismo tiempo que promete la realización de una
sociedad de iguales en sus prácticas, instituye diferentes formas de
discriminación y exclusión. Quienes reivindican a la racionalidad
moderna, lo hacen reflexionando desde la conservación del principio
de igualdad, pero resignificándolo. En la concepción iluminista y
kantiana, estandarte de la modernidad, sólo un ser racional puede
ser libre, pues sólo un ser racional posee la facultad de obrar por
medio de la representación de leyes. La ley debe poder ser
universalizable, para todos igual. Este deber es un imperativo
categórico. Los hombres, por el hecho de ser hombres, tienen en
estos principios su racionalidad. En esta concepción lo universal
subordina a la diferencia, lo otro. La razón es el medio para hacer
reinar lo idéntico sobre lo diferente. Y lo diferente, en Years
and Years,
termina en un campo de concentración.
La
pregunta de Spinoza nos arrastra a pensar que los procesos
macropoliticos no llegan a advertir el factor subjetivo de la
historia. En el ascenso de Hitler, mientras la base económica se
deterioraba amplias capas de la población se derechizaban, las masas
pauperizadas ayudaban a que la reacción política más extrema,
tomara el poder. De la crisis surgieron ideologías objetivamente
opuestas al interés de la masa.
Vivienne
Rook, tocando la fibra más irracional del ser humano, los lleva a
elegir en contra de sus intereses. El consumo y la comunicación de
masas establecieron un presente donde los acontecimientos se
sustituyen con celeridad y sin secuencia. Aislados, alienados en
pantallas, estamos solos, abrumados por el bombardeo mediático.
Nuestra realidad está caracterizada por cierto declive ideológico y
el ascenso del mercado. Nuestros cuerpos, afectados por las
relaciones que provienen de la realidad, invisibles al ojo humano,
previas a la conciencia y, por tanto, intraducibles al carecer de
imagen y palabra, sienten un extrañamiento vivido como amenaza. El
mundo vive en nuestro cuerpo provocando malestar.
Si
este malestar no puede expresarse, si aquello que carecía de imagen
o palabra es impedido que adquiera una forma de expresión, si se
bloquea el proceso, sobrevive palpitando en pozos de resentimiento
que ignoramos.
Para
poder recobrar un equilibrio, nuestra pulsión vital necesita actuar:
imagen, palabra, gesto, obra de arte u otra manera de alimentarse, de
amar, otro modo de existencia, que permita ser portador de la
pulsación que pide paso. La más de las veces no ocurre tal
sublimación porque estamos inmersos en un imaginario social
individualista y capitalista y patriarcal, que anestesia los efectos
de las fuerzas del mundo en nosotros, y nos hace vivirlas como
amenazantes. Este imaginario es una Máquina abstracta que actúa de
manera inmanente, molecular produciendo formas represivas.
Cuando
fracasa la sublimación que pide nuestra pulsión vital, esta deviene
fascista. Hay fascismo en cada pozo de resentimiento, que
proporcionando a las Vivianne Rook un medio de acción incomparable
sobre las masas. La gran genialidad de Years
and Years
es describir esos nichos de microfascismo, alimentados durante mucho
tiempo por las decisiones políticas neoliberales.
