martes, 21 de mayo de 2019

LA LEYENDA DE UN PSICOARGONAUTA


Existe una ética del cuerpo de los intelectuales en Latinoamérica y, cuando esa ética se cumple, el cuerpo corre riesgos concretos, no castraciones simbólicas. Hernán con sus actividades corrió ese riesgo. Eduardo Pavlovsky.
El 8 de abril falleció en Buenos Aires uno de aquellos imprescindibles de los que hablaba Bertol Bretch. Hernán Kesselman, profesor universitario, médico psiquiatra, psicoanalista, psicodramatista y psicoterapeuta, psicoargonauta, antropófago devorador de múltiples libros que desovaba en máquinas de experimentación.
Analizado por Marie Langer, se formó con Pichon-Rivière. Nacido en Casilda, en una de las charlas que mantuve con él creo recordar que me comentó que vivió algunos años de infancia en Chivilcoy, antes de afincarse definitivamente en la Capital Federal con su familia.
Hernán Kesselman, en los años sesenta participó de la experiencia mítica del “Lanús”.
En el año 1956 la dictadura militar encargó a Mauricio Goldemberg la organización del Servicio de Psicopatología y Neurología del Hospital General Gregorio Araoz Alfaro (que había perdido su antiguo nombre de Evita). El Hospital de Lanús era uno de los tres grandes establecimientos construidos en los barrios industriales del conurbano bonaerense por el depuesto gobierno peronista. Carrillo los había concebido para mejorar la atención de la clase obrera.
Al momento de asumir, Goldemberg conocía de primera mano las investigaciones y experimentaciones sobre la psicoterapia de grupos y las ventajas dela vida comunitaria, a partir del psicoanálisis, de Pichon-Rivière y Eduardo Kraft. Por tal motivo no resultó extraño que ,ante la alta demanda de atención y la escasa cantidad de residentes, implementara un plan de asistencia psicoterapéutica basado en los grupos para poder hacer frente a la situación, reservando la psicoterapia individual para casos especiales.
Siendo un joven residente Kesselman fue una de las figuras de esta inédita experiencia, para aquel entonces, dirigiendo el Departamento de Formación del Servicio. El policlínico de Lanús proporcionó la ocasión de experimentar más allá que el simple desplazamiento del analista al ámbito público, siendo un lugar donde se modificó la relación analista-paciente. Fue la hora de los grupos, de los equipos, de lo multidisciplinario.
Uno de los dispositivos utilizados era el Grupo de Espera, que solucionaba el problema de las colas de admisión. El paciente llegaba, sacaba número y tenía que esperar horas para ser atendido en breves entrevistas individuales. Procedimiento demorado e insuficiente. Con el Grupo de Espera el paciente llegaba, una secretaria llenaba su ficha, y era atendido ese mismo día en una admisión colectiva.
Cuenta Kesselman que “aquella clínica que hacíamos en el Lanús de los 60, donde la invención de intervenciones terapéuticas estaba inspirada por el hambre social de ayudar a los pacientes, por todos los medios posibles, sin prejuicios de autores ni protagonistas de las intervenciones operativas, construidas muchas veces entre pacientes y terapeutas en el hospital, describía operaciones que se reactualizan en lo que hoy se llama esquizo intervenciones […], y esto ha tenido consecuencias en mis tareas para ensayar diagnósticos y recursos terapéuticos en lo que denomino, una Clínica de la Multiplicidad”.
A comienzos de los setentas sería uno de los líderes de Plataforma, el grupo de analistas que produjo una resonante ruptura con psicoanálisis institucionalizado de la Asociación Psicoanalítica Argentina y, por consiguiente, de la International Psychoanalytical Association.
Como a muchos de los que trabajaban en el servicio de Goldemberg, sus experiencias allí le hicieron entrar en contacto con un mundo social y político radicalmente distinto al de la APA donde se formaron como psicoanalistas, y comenzaron a cuestionar la estructura jerárquica del sistema de la APA.
Estos, jóvenes candidatos y miembros asociados, produjeron un sismo que hizo temblar a la comunidad analítica. Discípulos de Pichon-Rivière y Bleger proponían un psicoanálisis comprometido con objetivos sociales.
Durante el congreso internacional de psicoanálisis realizado en Roma en 1969, un grupo de analistas, influidos por el Mayo Francés del 68, organizaron un contra congreso en una cantina. Allí debatieron el sistema de formación, la estructura jerárquica de la institución. El grupo fue conocido como Plataforma Internacional.
Al retornar de Roma, Hernán Kesselman, junto con Armando Bauleo, fundaron la agrupación local de Plataforma, la cual reclamaba la democratización de la institución psicoanalítica.
En 1971, a raíz de la negativa por parte de los directivos de la APA de la publicación del articulo de Marie Langer “Psicoanálisis y/o revolución social” en la “Revista de Psicoanálisis”, los miembros de los grupos Plataforma y Documento renunciaron masivamente a la APA y a la afiliación a la IPA, lo cual produjo un fuerte impacto en la APA.
Estos grupos pasaron a conformar la Coordinadora de Trabajadores de la Salud Mental, que funcionó por algún tiempo en el Sindicato de Trabajadores Gráficos dirigido por Raimundo Ongaro. La Coordinadora reunía a psicólogos, psicoanalistas, psiquiatras, enfermeros, sin distinción de jerarquías.
Dentro de la Coordinadora, los psicólogos tuvieron oportunidad de recibir formación analítica por parte de destacados analistas y por fuera de la APA, que estaba restringida solo a los médicos. A los psicólogos les otorgaba reconocimiento profesional.
Plataforma cuestionaba al sistema político que explotaba a las clases oprimidas, a la entrega de las riquezas nacionales a los grandes monopolios y la represión de toda manifestación política. Realizaban una crítica detallada de la estructura jerárquica y elitista de la APA.
Después de marzo del 76, algunos plataformista se convirtieron en militantes activos en los organismos de derechos humanos. Otros se exiliaron perseguidos por la dictadura militar. Hernán debió exiliarse en España.
En Europa vinculó la teoría de la psicología social pichoniana y el grupoanálisis de Foulkes, y se nutrió del gran dúo francés Deleuze y Guattari para realizar una tarea estética en la clínica.
Nos deja en herencia su teoría-método de Multiplicación Dramática, el concepto de “disposibles” que nos permite jugar y desplegar, en el psicodrama, aquellos personajes que nos habitan sin saberlo. Experimentó la co-visión como forma de supervisión resonante colectiva horizontal, y ejercitó la transdisciplina que denominó antropofágica porque devora ideas de otras disciplinas para transformarse y producir nuevos conceptos.
Maestro de muchos desde su CPO (Centro de Psicoterapia Operativa), no puedo menos que extrañarte querido Hernán.

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