lunes, 22 de julio de 2019

Una cuestión de máquinas y seres vivos


El problema fundamental de la filosofía política sigue siendo el que Spinoza supo plantear: “¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación?”
Deleuze & Guattari, “El antiEdipo”.
Resulta demasiado peligroso hablar de las cosas que nos circundan. Es más sencillo mirar otros paisajes. Mirar a la Alemania de entre guerras para pasmarnos ante el ascenso del fascismo; o detenernos en la sutil manipulación de un referéndum en la Gran Bretaña de nuestro días, puede resultar un ejercicio de introspección necesario para extrañarnos de nuestra realidad cotidiana.
El tele film “Brexit: The Uncivil War”, muestra la campaña política del referéndum por la salida del Reino Unido de la Unión Europea. En un momento de la película, Dominic Cummings, el cerebro de la estrategia de uno de los bandos, explica a su staff: “¿Cuál es el mensaje? No puede ser solo una consigna, debe englobar una emoción. ¿Qué emoción? Mi padre trabajaba en un pozo. De petróleo. Esas bolsas de energía, ocultas… Enterradas muy hondo durante largos períodos de tiempo. Gruñendo, gimiendo… Esperando una vía de escape. Solo teníamos que averiguar dónde estaban y empezar a excavar. Abrir el pozo y liberar la presión. Podemos alimentarnos de esos pozos de resentimiento, todas estas presiones que se han ido acumulando… mientras las ignoraban”.
La película se propone explicar cómo sucedió todo, cómo explotaron electoralmente los sentimientos más tóxicos de la sociedad británica. Cummings consiguió implantar su mensaje aunque tuviese que recurrir a mentiras. En la narración observamos la exploración nuevas maneras de hacer campaña, nos introducimos en la en la guerra de los datos personales. Los datos de los potenciales votantes para hacerles llegar el mensaje que quieren oír, alimentando el resentimiento de la forma más efectiva posible.
Wilhelm Reich observa, en la política del marxismo alemán desde el final de la Primera Guerra hasta el ascenso del nazismo, que los procesos objetivos de la economía y a la política no llegaban a advertir el factor subjetivo de la historia. Mientras la base económica se deterioraba amplias capas de la población se derechizaban, las masas pauperizadas ayudaban a que la reacción política más extrema, tomara el poder. Se extrañaba que de la crisis hubieran surgido ideologías objetivamente opuestas al interés de la masa. Sin embargo, Reich no da una respuesta al problema, solo lo plantea.
El dúo francés, Deleuze & Guattari, tocados aún por los acontecimientos parisinos de Mayo del 68, retoman este cuestionamiento: “¿Por qué soportan los hombres desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás, sino también para sí mismos?”
La película sobre la campaña del Brexit, señala que ciertos picaros, utilizando herramientas de comunicación masiva y las novedosas redes sociales, pueden tocar la fibra más irracional del ser humano para llevarlo a elegir en contra de sus intereses. El consumo y la comunicación de masas establecieron un presente donde los acontecimientos se sustituyen con celeridad y sin secuencia. Aislados, alienados en pantallas. Solos, abrumados por el bombardeo mediático. Es un proceso de cretinización, a través de la comunicación, que convierte a las masas en ganado cibernético que pasta mansamente frente a sus pantallas (G. Châtelet, “Vivre et penser comme des porcs“).
En el libro “El imperio de lo efímero”, Gilles Lipovetsky sostiene que la moda es hoy el paradigma dominante, la moda es la piedra angular de la vida colectiva y ha impuesto sus dictado. Nuestra realidad está caracterizada por cierto declive ideológico y el ascenso del mercado.
Este imperio de la moda tiene como contrapartida el desamparo, la depresión y la confusión existencial. Estas fuerzas agitan el mundo produciendo efectos en nuestro cuerpo. Nuestros cuerpos comportan la capacidad de ser afectados por las relaciones que provienen de la realidad que resultan invisibles al ojo humano, previas a la conciencia y, por tanto, intraducibles al carecer de imagen y palabra, una especie de extrañamiento vivido como amenaza. El mundo vive en nuestro cuerpo provocando malestar.
Son nuevos sentidos que buscan expresarse y necesitan conexiones para inventar algo, una forma que sea portadora de este malestar que pide paso. Si no pueden expresarse, si aquello que carecía de imagen o palabra es impedido que adquiera una forma de expresión, si se bloquea el proceso, sobreviven palpitando en pozos de resentimiento que ignoramos.
Para poder recobrar un equilibrio, nuestra pulsión vital necesita actuar: imagen, palabra, gesto, obra de arte u otra manera de alimentarse, de amar, otro modo de existencia, que permita ser portador de la pulsación que pide paso. La más de las veces no ocurre tal sublimación porque estamos inmersos en una perspectiva “antropo-falo-ego-logocéntrica”, tal la definición de la psicoanalista brasileña Suely Rolnik, que anestesia los efectos de las fuerzas del mundo en nosotros, las bloquea, y las vivimos como amenaza. Máquina abstracta antropo-falo-ego-logocéntrica que actúa de manera inmanente, molecular. “El campo social está recorrido por el deseo, hasta las formas más represivas son producidas por el deseo” (Deleuze & Guattari, “El antiEdipo”).
Reformulemos entonces la pregunta: ¿por qué el deseo desea su propia represión? Ninguno de nosotros sufre al poder pasivamente, ni queremos ser reprimidos. Y mucho menos somos engañados por promesas electorales que sabemos vacías de antemano. Pero, el deseo es inseparable de un campo social, máquina abstracta, que fluye por andariveles moleculares, una microfísica de formaciones moleculares que prefiguran actitudes y percepciones. El deseo, resultado de un elaborado montaje, al verse boqueado sus posibilidades de expresarse, determina a ser fascista. “Hay fascismo cuando una máquina de guerra se instala en cada agujero, en cada nicho de microfascismo, pozos de resentimiento, que proporcionan al fascismo un medio de acción incomparable sobre las masas. Microorganizaciones que proporcionan un medio para penetrar en todas las células de la sociedad”. (Deleuze & Guattari, “Mil mesetas”).
La gran genialidad de Dominic Cummings es haber advertido esos nichos de microfascismo, alimentados durante mucho tiempo por las decisiones políticas, y explotarlas en beneficio electoral de su grupo.

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