sábado, 19 de octubre de 2019

DEAMBULAR SIN RUMBO



Deambular sin rumbo por las calles de la ciudad sin más objeto que experimentar el transcurso de la vida moderna.
Charles Baudelaire, El pintor de la vida moderna.

En las recientes terceras Jornadas Regionales por la Educación Pública, organizadas por el Instituto Superior de Formación Docente N° 6 y realizadas en Escuela Normal, junto a Rosana Fernández, Ana Laborde y Paula Di Pólvere realizamos un taller que llevó por titulo “¿Qué nos pasa con la comunicación en la escuela secundaria?”. Teníamos por objetivo armar un dispositivo para interrogar y desplegar aquello virtual e inasignable de las prácticas docentes; partiendo de la hipótesis que además de problemas decomunicación hay incomunicación; sobrevuelan cosas que no se pueden comunicar y elementos que se comunican deformados en los intersticios institucionales.

En la invitación proponíamos que “las intervenciones comunitarias deberian diseñarse, teniendo presente la producción subjetiva de esa comunidad o grupo comunitario, es decir, interviniendo en la salud mental de esa comunidad específica.

Cuando hablamos de producción subjetiva, estamos refiriéndonos a cómo se produce, se inscribe, se conforma, se moldea participando en su constitución desde los complejos procesos de identificación, que ocurren en la intimidad de las relaciones familiares y en los vínculos con la comunidad, el Estado, las instituciones, la historia, la política, etc. ¿Qué nos pasa con la comunicación en la escuela secundaria?”. Esta invitación al taller abarcaba a toda la comunidad educativa.

Para diseñar el taller pensábamos, y así lo plasmó en el abstract de presentación nuestra compañera Paula Di Pólvere, que “los diferentes emergentes y conflictos del Nivel Secundario producen prácticas y discursos que circulan y generan un malestar, pero suelen lamentablemente quedar en el lugar de la queja, sin poder resolver las razones que generan esas tensiones. Para poder reflexionar sobre lo que nos pasa en el Nivel Secundario, proponemos una dinámica grupal psicodramática donde abordamos, desde el juego y la corporalidad, aquellas escenas que se presenten como conflictivas o temidas, y buscamos otros modos de interacción que faciliten estrategias creativas”.

Para ello utilizamos herramientas del Teatro Espontáneo y del Playback Theatre. El Teatro Espontáneo es un dispositivo grupal que tiene un origen común con el Psicodrama. Ambos fueron ideados por Jacob Levy Moreno y proponen la incorporación de dramatizaciones enfatizando la expresión corporal y la comunicación, la circulación del protagonismo y la creación colectiva. El Playback Theatre es una forma original de teatro de improvisación en la que los miembros de la audiencia o del grupo cuentan historias de sus vidas y las ven dramatizadas en el momento, fue ideada por Jonathan Fox y Jo Salas.

Habitualmente estos dispositivos utilizan un compañía de actores entrenados que improvisan las historias propuestas por el público. En nuestro caso no utilizamos una compañía, estas historias fueron dramatizadas por algunos de los miembros de la audiencia que se animaron a actuar las historias narradas, produciendo un hecho estético, jugando con situaciones concretas de la vida diaria, usando para ello el lenguaje teatral.

La característica principal del taller es la carencia de libreto o texto preconcebido, un desafío a deambular sin rumbo entre las narraciones experimentando el caos de la vida cotidiana de los docentes, de los alumnos, de todos los que intervienen en la comunidad educativa. El público es el portador de las historias representadas. Algunos integrantes compartieron voluntariamente una historia, una escena conflictiva con todos los que allí se habian congregado, permitiendo el acceso a un relato de su memoria personal. Luego, se la presta a otro integrante, comenzando una serie de agenciamientos donde la escena individual ira siendo apropiada por la trama grupal, quien elige a otros integrantes para mostrar la escena propuesta, agregándole, cada uno imperceptiblemente, condimentos de su propia singularidad. Luego la acción comenzó a desarrollarse, revelando nuevas alternativas de acción.

Esta es una práctica de descentramiento de la autoría argumental para desarrollar un camino grupal al que Hernán Kesselman denominaba de desrostrización, “por el cual la máscara inicial que expresa un conflicto, un argumento cualquiera de algún autor que presta la escena, su novela, es apoderada y deformada por las máscaras resonantes de compañeros que lo representan. Representación semejante, pero distinta, ya que el actor protagonista ha teñido con su singularidad personal el rol del que se ha apoderado, continuando el proceso de desrostrización al escenificar su versión novelada de la novela original del prestador de la escena. Para ello interactúa distribuyendo máscaras de su argumento entre otros compañeros”.

Luego del desarrollo escénico de los relatos seleccionados, escenas mostrativas, pedimos al público improvisaciones en forma de escenas espontaneas, sin ser pensadas en detalle, escenificaciones resonantes en cadena. Esta metodología se la denomina Multiplicación Dramática y es producto de la genial inventiva del dúo Pavlovsky-Kesselman. La producción dramática colectiva desplegó costados no visibles en las escenas originales. Hablamos de despliegue, de escena mostrativa, de experimentación y de multiplicación, porque la concepción metodológica estaba puesta en multiplicar sentidos plegados, virtuales, en las practicas docentes y no explorar o buscar sentidos ocultos.

Finalizamos con una ronda de comentarios, un momento de diálogo de todos los presentes, con respecto a la experiencia compartida y las resonancias que en su mundo subjetivo tuvieron. Momento en que los integrantes comunicaron su reflexiones y sentires, sus descubrimientos.

El taller fue un espacio para cartografiar como la subjetividad es plural y polifónica y pensarla desde la diversidad, ya que un hecho subjetivo es siempre engendrado por un agenciamiento de niveles semióticos heterogéneos.

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