Deambular sin rumbo por
las calles de la ciudad sin más objeto que experimentar el
transcurso de la vida moderna.
Charles
Baudelaire,
El
pintor de la vida
moderna.
En
las recientes terceras
Jornadas Regionales por la Educación Pública, organizadas por el
Instituto Superior de Formación Docente N° 6 y realizadas en
Escuela Normal, junto a Rosana Fernández, Ana Laborde y Paula Di
Pólvere realizamos un taller que llevó por titulo “¿Qué
nos pasa con la comunicación en la escuela secundaria?”. Teníamos
por objetivo armar un dispositivo para interrogar y desplegar aquello
virtual e inasignable de las prácticas docentes; partiendo de la
hipótesis que además de problemas decomunicación hay
incomunicación; sobrevuelan cosas que no se pueden comunicar y
elementos que se comunican deformados en los intersticios
institucionales.
En
la invitación proponíamos que “las intervenciones comunitarias
deberian diseñarse, teniendo presente la producción subjetiva de
esa comunidad o grupo comunitario, es decir, interviniendo en la
salud mental de esa comunidad específica.
Cuando
hablamos de producción subjetiva, estamos refiriéndonos a cómo se
produce, se inscribe, se conforma, se moldea participando en su
constitución desde los complejos procesos de identificación, que
ocurren en la intimidad de las relaciones familiares y en los
vínculos con la comunidad, el Estado, las instituciones, la
historia, la política, etc. ¿Qué nos pasa con la comunicación en
la escuela secundaria?”. Esta invitación al taller abarcaba a toda
la comunidad educativa.
Para
diseñar el taller pensábamos, y así lo plasmó en el abstract de
presentación nuestra compañera Paula
Di Pólvere,
que “los diferentes emergentes y conflictos del Nivel Secundario
producen prácticas y discursos que circulan y generan un malestar,
pero suelen lamentablemente quedar en el lugar de la queja, sin poder
resolver las razones que generan esas tensiones. Para poder
reflexionar sobre lo que nos pasa en el Nivel Secundario, proponemos
una dinámica grupal psicodramática donde abordamos, desde el juego
y la corporalidad, aquellas escenas que se presenten como
conflictivas o temidas, y buscamos otros modos de interacción que
faciliten estrategias creativas”.
Para
ello utilizamos herramientas del Teatro Espontáneo y del Playback
Theatre. El Teatro Espontáneo es un dispositivo grupal que tiene un
origen común con el Psicodrama. Ambos fueron ideados por Jacob Levy
Moreno y proponen la incorporación de dramatizaciones enfatizando la
expresión corporal y la comunicación, la circulación del
protagonismo y la creación colectiva. El Playback Theatre es una
forma original de teatro de improvisación en la que los miembros de
la audiencia o del grupo cuentan historias de sus vidas y las ven
dramatizadas en el momento, fue ideada por Jonathan Fox y Jo Salas.
Habitualmente
estos dispositivos utilizan un compañía de actores entrenados que
improvisan las historias propuestas por el público. En nuestro caso
no utilizamos una compañía, estas historias fueron dramatizadas por
algunos de los miembros de la audiencia que se animaron a actuar las
historias narradas, produciendo un hecho estético, jugando con
situaciones concretas de la vida diaria, usando para ello el lenguaje
teatral.
La
característica principal del taller es la carencia de libreto o
texto preconcebido, un desafío a deambular sin rumbo entre las
narraciones experimentando el caos de la vida cotidiana de los
docentes, de los alumnos, de todos los que intervienen en la
comunidad educativa. El público es el portador de las historias
representadas. Algunos integrantes compartieron voluntariamente una
historia, una escena conflictiva con todos los que allí se habian
congregado, permitiendo el acceso a un relato de su memoria personal.
Luego, se la presta a otro integrante, comenzando una serie de
agenciamientos donde la escena individual ira siendo apropiada por la
trama grupal, quien elige a otros integrantes para mostrar la escena
propuesta, agregándole, cada uno imperceptiblemente, condimentos de
su propia singularidad. Luego la acción comenzó a desarrollarse,
revelando nuevas alternativas de acción.
Esta
es una práctica de
descentramiento de la autoría argumental para desarrollar un camino
grupal al que Hernán Kesselman denominaba de desrostrización, “por
el cual la máscara inicial que expresa un conflicto, un argumento
cualquiera de algún autor que presta la escena, su novela, es
apoderada y deformada por las máscaras resonantes de compañeros que
lo representan. Representación semejante, pero distinta, ya que el
actor protagonista ha teñido con su singularidad personal el rol del
que se ha apoderado, continuando el proceso de desrostrización al
escenificar su versión novelada de la novela original del prestador
de la escena. Para ello interactúa distribuyendo máscaras de su
argumento entre otros compañeros”.
Luego
del desarrollo escénico de los relatos seleccionados, escenas
mostrativas, pedimos al público improvisaciones en forma de
escenas espontaneas, sin ser pensadas en detalle, escenificaciones
resonantes en cadena. Esta metodología se la denomina Multiplicación
Dramática y es producto de la genial inventiva del dúo Pavlovsky-Kesselman. La producción dramática colectiva desplegó costados no
visibles en las escenas originales. Hablamos de despliegue, de escena
mostrativa, de experimentación y de multiplicación, porque la
concepción metodológica estaba puesta en multiplicar sentidos
plegados, virtuales, en las practicas docentes y no explorar o buscar
sentidos ocultos.
Finalizamos
con una ronda de comentarios, un momento de diálogo
de todos los presentes, con respecto a la experiencia compartida y
las resonancias que en su mundo subjetivo tuvieron. Momento
en que los integrantes comunicaron su reflexiones y sentires, sus
descubrimientos.
El
taller fue un espacio para cartografiar como la subjetividad es
plural y polifónica y pensarla desde la diversidad, ya que un hecho
subjetivo es siempre engendrado por un agenciamiento de niveles
semióticos heterogéneos.
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