Así como existe una ecología de las malas hierbas existe una
ecología de las malas ideas.
Gregory Bateson, Pasos hacia una
ecología de la mente
Varios hechos ocurrieron durante
el último mes de septiembre. Una joven sueca provocó furor en los
medios de comunicación y en el mundo político al hablar ante la
Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas donde nos
advirtió que “se están muriendo los ecosistemas y nos encontramos
en puertas de una extinción masiva y de lo único que hablamos es de
dinero”. El otro hecho fue que una humareda sorprendió a los
habitantes de Chivilcoy producto de incendio en el basural que se
salió de control. Otro acontecimiento que llamó la atención
recientemente fueron los incendios forestales que destruyen el
Amazonas.
La activista sueca desencadenó un
movimiento que contribuyó a la movilización y a la toma de
conciencia sobre la crisis climática y el futuro del planeta. A
menos que haya cambios radicales en la actividad humana para reducir
las emisiones de dióxido de carbono y otros factores que contribuyen
al cambio climático se podrían producir un “sufrimiento
incalculable” (https://www.bbc.com/mundo/noticias-50318770).
Estos hechos pusieron la cuestión
ecológica a la consideración pública. Sin embargo, esta
problemática lleva bastante tiempo preocupando. La pastera Botnia
hace 12 años contamina el rio Uruguay. Los habitantes de
Gualeguaychú llevan ese tiempo manifestándose en contra de esa
fábrica de producción de pasta de celulosa. El pueblo de Famatina,
a su vez, protesta contra la megaminería a cielo abierto y el
fracking. Malvinas Argentinas, una pequeña localidad ubicada en el
centro de Córdoba, cobró fama internacional por frenar un
emprendimiento de la multinacional Monsanto.
En un articulo publicado en el
diario La Nación
(https://www.lanacion.com.ar/sociedad/advierten-que-existen-basurales-a-cielo-abierto-en-mas-de-la-mitad-de-los-municipios-bonaerenses-nid2102937)
nos advierten sobre un trabajo elaborado por la
Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires que releva los
basurales a cielo abierto en distintos municipios
(https://www.defensorba.org.ar/pdfs/informes-tecnicos-upload-2019/informe-basurales.pdf).
Según este trabajo, los diez vertederos más grandes se hallan en
Alberti, Azul, Chivilcoy, Colón, General Pueyrredón, Junín, Salto,
San Nicolás, Ramallo y Coronel Suárez; y los encontramos, en
promedio, a dos kilómetros de la zona urbana de la ciudad.
La cuestión ambiental no puede
ser escindida de la cuestión económica y social, están
indisolublemente unidas y forman parte de un mismo problema. Debido a
ello en la encíclica
Laudato sí el Papa
Francisco proponen abordar la cuestión de la crisis
ecológica desde el sentido de una ecología integral, yendo más
allá de la cuestión ambiental. Retoma, en esta encíclica, algunas
reflexiones de Leonardo Boff sobre la "casa común", la
"madre Tierra", el "grito de la Tierra, grito de los
pobres".
Este abordaje integral responde a
la necesidad de pensar la crisis desde un paradigma complejo. Ya no
alcanza pensar desde, lo que Edgar Morin, llamo paradigma de
simplificación. Las transformaciones de la vida humana en los
últimos doscientos años engendraron fenómenos de desequilibrio
ecológico, que exceden la simple cuestión medioambiental y amenazan
la implantación de la vida sobre la superficie del planeta.
En en un ensayo de mediados de la
década de 1980, “Las tres ecologías”, Felix Guattari
desarrollaba el concepto de ecosofía para articular tres tipos de
registros ecológicos: la ecología social, la ecología mental y la
ecología medioambiental. La tesis de Guattari consiste en la
necesidad de combinar estos tres registros ante la amenaza de
degradación ambiental y el deterioro de los modos de vida humanos,
individuales y colectivos.
Paralelamente a los fenómenos de
desequilibrio ecológico, los modos de vida evolucionan en el sentido
de un progresivo deterioro. El imperio de un mercado mundial lamina
los sistemas de valor. Hombres como Donald Trump se enriquecieron
apoderándose “barrios enteros de New York, de Atlantic City, etc.,
para renovarlos, aumentar los alquileres y expulsar al mismo tiempo a
decenas de millares de familias pobres, la mayor parte de las cuales
fueron condenadas a devenir homeless, un equivalente de la extinción
de especies animales de la ecología medioambiental”. La ecología
social, dice Guattari, consistirá en reinventar formas de ser en el
seno de la familia, la pareja, el trabajo. Trabajar en la
reconstrucción de las relaciones humanas, en nuevas formas de
solidaridad. Se tratará de reconstruir “modalidades del ser en
grupo, tanto a los niveles microsociales como a mayores escalas
institucionales”.
La ecología mental implica la
multiplicación de territorios existenciales, producción de
subjetividad como proceso fundamentalmente social. “Más bien que
de sujeto, quizá convendría hablar de componentes de
subjetivación”. La producción de subjetividad incluye no solo la
constitución psíquica del sujeto en tanto humano, sino también
todos aquellos aspectos que hacen a su construcción social. Por lo
tanto, su estructuración psíquica se desarrolla en el contexto
social e histórico en el que el sujeto vive, se desarrolla y es
afectado por los distintos encuentros. La subjetividad es un proceso
de producción que se encuentra atravesado por dimensiones sociales,
institucionales, grupales, e individuales. Es un devenir en
transformación. Asistimos a una subjetividad producida por un modelo
económico, el capitalismo, que tiende a quebrantar y fragmentar los
lazos sociales, fortaleciendo las individualidades, lo común
comunitario se ha dividido. Surge entonces una “subjetividad
capitalista” que es fabricada, modelada, consumida y producida.
(Ana del Cueto)
Un ejemplo grotesco de polución
mental lo expone en el libro “La banalidad del mal, Eichmann en
Jerusalén” Hanna Arendt. Cuando describe a Eichmann: no era un
sujeto sádico o demoníaco, sino alguien “terriblemente normal”,
totalmente común. Arendt observó que hombres normales, en
determinadas circunstancias, se involucran en una empresa asesina y
están dispuestos a todo con una completa exención de la
responsabilidad por sus actos. Eichmann procedía kantianamente
siguiendo las reglas, repetía frases hechas, lugares comunes y tenía
una llamativa incapacidad para pensar con criterios propios.
Podemos atrevernos a asemejar la
ecosofía con el “Buen Vivir” que proviene de los pueblos
andinos. El Buen Vivir es una cosmovisión que nos abre la
posibilidad de aprender de realidades, experiencias, prácticas y
valores presentes en muchas partes, aun en medio de la civilización
capitalista. Propone la búsqueda de la vida en armonía del ser
humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza,
entendiendo que todos somos naturaleza y que somos interdependientes
unos con otros, que existimos a partir del otro. Buscar esas armonías
no implica desconocer los conflictos sociales y las diferencias
sociales y económicas, ni tampoco negar que estamos en un orden, el
capitalista, que es ante todo depredador (Alberto Acosta).
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