sábado, 23 de noviembre de 2019

LAS TRES ECOLOGÍAS Y EL BUEN VIVIR


Así como existe una ecología de las malas hierbas existe una ecología de las malas ideas.
Gregory Bateson, Pasos hacia una ecología de la mente
Varios hechos ocurrieron durante el último mes de septiembre. Una joven sueca provocó furor en los medios de comunicación y en el mundo político al hablar ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas donde nos advirtió que “se están muriendo los ecosistemas y nos encontramos en puertas de una extinción masiva y de lo único que hablamos es de dinero”. El otro hecho fue que una humareda sorprendió a los habitantes de Chivilcoy producto de incendio en el basural que se salió de control. Otro acontecimiento que llamó la atención recientemente fueron los incendios forestales que destruyen el Amazonas.
La activista sueca desencadenó un movimiento que contribuyó a la movilización y a la toma de conciencia sobre la crisis climática y el futuro del planeta. A menos que haya cambios radicales en la actividad humana para reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros factores que contribuyen al cambio climático se podrían producir un “sufrimiento incalculable” (https://www.bbc.com/mundo/noticias-50318770).
Estos hechos pusieron la cuestión ecológica a la consideración pública. Sin embargo, esta problemática lleva bastante tiempo preocupando. La pastera Botnia hace 12 años contamina el rio Uruguay. Los habitantes de Gualeguaychú llevan ese tiempo manifestándose en contra de esa fábrica de producción de pasta de celulosa. El pueblo de Famatina, a su vez, protesta contra la megaminería a cielo abierto y el fracking. Malvinas Argentinas, una pequeña localidad ubicada en el centro de Córdoba, cobró fama internacional por frenar un emprendimiento de la multinacional Monsanto.
En un articulo publicado en el diario La Nación (https://www.lanacion.com.ar/sociedad/advierten-que-existen-basurales-a-cielo-abierto-en-mas-de-la-mitad-de-los-municipios-bonaerenses-nid2102937) nos advierten sobre un trabajo elaborado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires que releva los basurales a cielo abierto en distintos municipios (https://www.defensorba.org.ar/pdfs/informes-tecnicos-upload-2019/informe-basurales.pdf). Según este trabajo, los diez vertederos más grandes se hallan en Alberti, Azul, Chivilcoy, Colón, General Pueyrredón, Junín, Salto, San Nicolás, Ramallo y Coronel Suárez; y los encontramos, en promedio, a dos kilómetros de la zona urbana de la ciudad.
La cuestión ambiental no puede ser escindida de la cuestión económica y social, están indisolublemente unidas y forman parte de un mismo problema. Debido a ello en la encíclica Laudato sí el Papa Francisco proponen abordar la cuestión de la crisis ecológica desde el sentido de una ecología integral, yendo más allá de la cuestión ambiental. Retoma, en esta encíclica, algunas reflexiones de Leonardo Boff sobre la "casa común", la "madre Tierra", el "grito de la Tierra, grito de los pobres".
Este abordaje integral responde a la necesidad de pensar la crisis desde un paradigma complejo. Ya no alcanza pensar desde, lo que Edgar Morin, llamo paradigma de simplificación. Las transformaciones de la vida humana en los últimos doscientos años engendraron fenómenos de desequilibrio ecológico, que exceden la simple cuestión medioambiental y amenazan la implantación de la vida sobre la superficie del planeta.
En en un ensayo de mediados de la década de 1980, “Las tres ecologías”, Felix Guattari desarrollaba el concepto de ecosofía para articular tres tipos de registros ecológicos: la ecología social, la ecología mental y la ecología medioambiental. La tesis de Guattari consiste en la necesidad de combinar estos tres registros ante la amenaza de degradación ambiental y el deterioro de los modos de vida humanos, individuales y colectivos.
Paralelamente a los fenómenos de desequilibrio ecológico, los modos de vida evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro. El imperio de un mercado mundial lamina los sistemas de valor. Hombres como Donald Trump se enriquecieron apoderándose “barrios enteros de New York, de Atlantic City, etc., para renovarlos, aumentar los alquileres y expulsar al mismo tiempo a decenas de millares de familias pobres, la mayor parte de las cuales fueron condenadas a devenir homeless, un equivalente de la extinción de especies animales de la ecología medioambiental”. La ecología social, dice Guattari, consistirá en reinventar formas de ser en el seno de la familia, la pareja, el trabajo. Trabajar en la reconstrucción de las relaciones humanas, en nuevas formas de solidaridad. Se tratará de reconstruir “modalidades del ser en grupo, tanto a los niveles microsociales como a mayores escalas institucionales”.
La ecología mental implica la multiplicación de territorios existenciales, producción de subjetividad como proceso fundamentalmente social. “Más bien que de sujeto, quizá convendría hablar de componentes de subjetivación”. La producción de subjetividad incluye no solo la constitución psíquica del sujeto en tanto humano, sino también todos aquellos aspectos que hacen a su construcción social. Por lo tanto, su estructuración psíquica se desarrolla en el contexto social e histórico en el que el sujeto vive, se desarrolla y es afectado por los distintos encuentros. La subjetividad es un proceso de producción que se encuentra atravesado por dimensiones sociales, institucionales, grupales, e individuales. Es un devenir en transformación. Asistimos a una subjetividad producida por un modelo económico, el capitalismo, que tiende a quebrantar y fragmentar los lazos sociales, fortaleciendo las individualidades, lo común comunitario se ha dividido. Surge entonces una “subjetividad capitalista” que es fabricada, modelada, consumida y producida. (Ana del Cueto)
Un ejemplo grotesco de polución mental lo expone en el libro “La banalidad del mal, Eichmann en Jerusalén” Hanna Arendt. Cuando describe a Eichmann: no era un sujeto sádico o demoníaco, sino alguien “terriblemente normal”, totalmente común. Arendt observó que hombres normales, en determinadas circunstancias, se involucran en una empresa asesina y están dispuestos a todo con una completa exención de la responsabilidad por sus actos. Eichmann procedía kantianamente siguiendo las reglas, repetía frases hechas, lugares comunes y tenía una llamativa incapacidad para pensar con criterios propios.
Podemos atrevernos a asemejar la ecosofía con el “Buen Vivir” que proviene de los pueblos andinos. El Buen Vivir es una cosmovisión que nos abre la posibilidad de aprender de realidades, experiencias, prácticas y valores presentes en muchas partes, aun en medio de la civilización capitalista. Propone la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza, entendiendo que todos somos naturaleza y que somos interdependientes unos con otros, que existimos a partir del otro. Buscar esas armonías no implica desconocer los conflictos sociales y las diferencias sociales y económicas, ni tampoco negar que estamos en un orden, el capitalista, que es ante todo depredador (Alberto Acosta).

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