sábado, 17 de noviembre de 2018

Retrato de una leyenda

Américo Tesorieri. Fue arquero de Boca en los años del amateurismo. Fue un romántico. Se retiró del fútbol a los veintiocho años. Se tuvo que ir de su pasión y como no concebía jugar para otros colores simplemente dejó de jugar. El azar lo convirtió en arquero una tarde ya perdida en los pliegues de la memoria. De mediocre centrodelantero a notable guardameta. Protagonista de la legendaria gira del año '25 cuando Tarascone batió al divino Zamora, la gloria española del olímpico del '24. La gira que le dio a Boca chapa de grande y el apoyo de multitudes. Titular de todos los Sudamericanos de aquellos años. Mantuvo invencible su arco en los torneos del '21 y del '24. Este último, jugado en Montevideo, fue una jornada histórica, su actuación fue tan notable; enfundado en su tricota gris una y otra vez contuvo los embates uruguayos, una y otra vez silencio el grito de gol de los miles de aficionados que anhelaban el triunfo celeste. El titulo quedo para los nuestros, los halagos para Tesorieri que fue levantado en andas por los jugadores contrarios, nuestros tradicionales rivales.
¡Qué estampa en la estirada! ¡Qué pinta retratado junto al palo!
Américo Tesorieri ayudó a colgarlas primeras estrellas del escudo boquense. Bohemio, soñador de rostro melancólico. El tiempo lo borra todo, ya casi nadie lo recuerda pero fue espléndido protagonista de los momentos más gloriosos de los comienzos del fútbol.
- ¿Cómo nació el arquero?
-Nadie quería atajar, nos había fallado el arquero y fui. Me tiraron de todo, me gustó. Sentir el partido con otra intensidad, otro gusto. Con el tiempo desarrolle un estilo, una técnica. La velocidad estaba en mi imaginación.
- ¿A qué se refiere exactamente?
-Si un delantero me enfrentaba, avanzaba unos pasos, hacia lentos mis movimientos, tranquilo, casi sin moverme esperaba su reacción. Cuando salía el disparo mis dedos viajan en mi imaginación prologando el movimiento de mis brazos hasta alcanzar suavemente a la pelota y desviarla. El placer no era tirar una gambeta, realizar una apilada. Tuve el don de la velocidad en mis manos, ello me gustaba. Pero la mayor tristeza de mi campaña fue defendiendo el arco argentino, esa velocidad me falto para detener el tiro de Piendibene, el futbolista uruguayo. Ese gol nos costó el campeonato de 1921 en Chile
- ¿Cómo envejeció Tesorieri?
-Añorando, melancólico. Mi padre me decía que cada edad tiene su encanto y saber envejecer es saber saborearlos.
- ¿Añora sus hazañas?
-No le sabría responder... es posible que las extrañe, siempre fui un romántico y la melancolía mi estado natural. Mi muerte, tendría que haber terminado cuando el gol uruguayo en Viña del Mar, allí junto al poste, derrotado.
- ¿Va a la cancha?
-No. Suelo escuchar los gritos de la gente de Boca los domingos puesto que nunca me fui del barrio. Y cuando hacemos un gol es un sismo el que explota en mi comedor. Pero no voy a la cancha.
- ¿Cómo está ahora?
-Agotado. Quisiera salir a caminar por el barrio. Boca me comió. Todo este tiempo me lo he pasado buscando una ilusión, persiguiendo una alegría. Puede parecer raro lo que voy a decirle pero esa alegría la vislumbre, la acaricie en el partido final del Sudamericano de Montevideo. Una hora y media increíble, después de eso no pude abandonar su búsqueda.

sábado, 13 de octubre de 2018

Hacer de la vida una obra de arte

Aquel que desea pero no actúa, engendra la peste. William Blake
Hacer el pasaje y descubrir que, detrás de la máscara no hay rostro alguno, sólo necesidad de crear nuevas máscaras. Suely Rolnik
En el Discurso del método Descartes elabora su proyecto de hacer del ser humano “dueño y poseedor de la naturaleza”. Este sencillo enunciado tiene como consecuencia la fundación de la Modernidad en la escisión de un sujeto cognoscente y un objeto conocido. Esto hace de Descartes el creador del espíritu científico moderno, del paradigma científico. Sin embargo, el sujeto no es evidente; no basta pensar para ser, como lo proclamaba Descartes, puesto que muchas otras formas de existir se instauran fuera de la conciencia. Más que de sujeto sería conveniente hablar de procesos de subjetivación.
El paradigma cartesiano, o científico, se aplicó exitosamente en las ciencias físicas y naturales. Un par de siglos más tarde se intentó transpolar este paradigma al estudio de los fenómenos sociales y humanos con desparejo y sospechoso éxito. En este último siglo, los profesionales de las ciencias humanas han estado obsesionados por un ideal de cientificidad, considerando responsable cualquier práctica con pretensión científica, y degradando otras por considerarlas pseudo científicas.
El paradigma científico se halla interrelacionado al universo capitalista. El afán de dominio de la naturaleza acarrea la conquista de nuevos sectores, la conquista de nuevos mercados. Operación que homogeneíza las vidas singulares, todas las posibilidades de llevar una existencia singular están recubiertas por la valorización del mercado y confluyen en el consumidor ideal. Se propaga un modo de existencia por y para el mercado, impera una economía del beneficio.
Gilles Châtelet dice, en “Vivir y pensar como chanchos”, que la mano invisible del mercado hace de todos nosotros ganado cibernético que pasta mansamente entre los servicios y las mercancías ofrecidas. Asistimos con un extraño deleite a las formas líquidas de la Modernidad tardía, son líquidas desde las condiciones de contratación hasta las relaciones conyugales. Terminamos admirándonos con la volatilización de la moneda, de los servicios, del trabajo, hasta de la condición humana. Pues desaparecen las palabras, las frases, los gestos de la solidaridad humana.
Estos acontecimientos del macrocosmos son asimilados en el microcosmos. Vivimos aprisionados a cielo abierto, la mano invisible coloniza las esferas más privadas e íntimas de la vida humana. El inconsciente claudica ante el mercado. No debe sorprender la claustrofobia que nos acosa visible solo por sus efectos: la incertidumbre y el pesimismo. Este aplanamiento de la existencia es producto de la homogeneización de la diversidad.
Sin embargo la vida comporta un alto grado de complejidad, de heterogeneidad. La vida es un proceso de auto organización de la materia en altísimo grado de interacción con todo lo que la rodea. La vida en su esencia es proceso de creación. Por ello la alternativa ante el paradigma científico se presenta como la constitución de un paradigma estético, un paradigma de creación estética, que subvierta el mundo de valores del mercados, en tanto abra la posibilidad de recuperar la pluralidad, la heterogeneidad del mundo para que la vida esté a gusto. El umbral decisivo de constitución del paradigma estético reside en la aptitud de estos procesos de creación para autoafirmarse como foco de producción existencial.
Este paradigma no implica estetizar el mundo, sino nuestra propia vida. En nuestra sociedad el arte se convirtió, siguiendo las lógicas del mercado, en algo que atañe a los objetos y no a la vida ni a los individuos, en una especialidad que está reservada a los expertos, a los artistas. El arte queda reducido a un producto, una determinada lámpara o una casa resultan obras de arte. Pero el arte no tiene el monopolio de la creación. ¿Y, acaso, no puede serlo la vida, mi vida? Un hombre o mujer cualquiera puede hacer de su vida una obra de arte. En el cine, en las novelas, en los libros de autoayuda sobrevuela la noción de autenticidad, la idea de que debemos ser nosotros mismos, ser de verdad nuestro verdadero yo. Sin embargo, el yo no nos es dado, debemos constituirnos, fabricarnos como una obra de arte. La esencia de la creatividad estética reside en el proceso de producción de nuestra subjetividad y no se resume en el producto. La actividad creadora de un individuo constituye el centro de su actividad ética. Pero sólo a partir del reconocimiento de la alteridad, del encuentro con la otredad, la ética es posible. Spinoza reacciona al cartesianismo proponiendo que la subjetividad se produce en el encuentro con un otro. Devenir. Encontrar la zona de vecindad de un cuerpo con otro, de tal manera que se pierda la forma cristalizada individual, creando un tercero entre los dos.
El paradigma estético nos permite unirnos con otras producciones de subjetividad parcial. Se trata de agenciarnos para producir esa fuerza engendradora de vida. Este agenciamiento es un territorio existencial, es un plano que reemplaza la oposición entre el sujeto y el objeto. Es el surgimiento de algo que se produce que no es yo; que no es el otro, que es el surgimiento de la vida.
El problema que se presenta es reinventar dispositivos de producción de subjetividad en todos los ámbitos de la vida humana, componer nuevas prácticas que produzcan actos de experimentación creadora de focos existenciales. Todas las entradas son buenas, siempre que las salidas sean múltiples. La creación no es una sublimación en relación a una agresividad que estaría allí siempre latente, es un dato inmediato de la subjetividad colectiva.
“Entre no es ni lo tuyo ni lo mío. Lo que está en el medio circulando, fluyendo”. Eduardo Pavlovsky.
“El cosmos puede buscarse también dentro de cada uno de nosotros, como caos indiferenciado, como multiplicidad potencial”. Italo Clavino.

domingo, 16 de septiembre de 2018

QUE ES EL PSICODRAMA



No dibujo. Empiezo haciendo todo tipo de manchas. Espero lo que llamo «el accidente»: la mancha desde la cual saldrá el cuadro. La mancha es el accidente. Pero si uno se para en el accidente, si uno cree que comprende el accidente, hará una vez más ilustración, pues la mancha se parece siempre a algo. No se puede comprender el accidente. Si se pudiera comprender, se comprendería también el modo en que se va a actuar.
Entrevista a Francis Bacon por Marguerite Duras para La Quinzaine littéraire, 1971 (Traducción Zona Erógena, Nº 12, 1992)
El psicodrama es un método psicoterapéutico que tiene como objetivo el abordaje y la exploración del ser humano y sus vínculos. Mediante la utilización de la dramatización, donde la acción unida a la palabra permiten el despliegue de los conflictos personales.
En la escena el individuo ya no se limita solo a hablar de sus problemas, puede representar sus conflictos pasados y presentes, y también volcar sus temores, expectativas, proyectos y dudas sobre el futuro, explorando sus relaciones con el presente y pasado. Permitiéndole experimentar diversos aspectos del conflicto que, de otra forma, no aflorarían. De esta manera, se busca que la persona comprenda sus emociones y que ensaye diferentes respuestas ante el problema, logrando una adaptación activa a la realidad y no sufrirla en forma pasiva. A partir de la escena, el individuo mira la simulación que está desarrollando, se mete allí y se convierte en otro. Es una mutación transformadora. La simulación deja de serlo al rato y se convierte en el gran receptor de otros mundos.
El psicodrama posibilita la recuperación de la espontaneidad creadora que el niño expresa en el juego, a través de la simulación simbólica, donde se busca escapar los condicionamientos a que nos somete la realidad. Lo imaginario y lo real coexisten en la escena dramática; donde, al reencontrarse con la creatividad, surgirán roles nuevos y respuestas nuevas, libres de estereotipos.
Jacobo Levy Moreno, médico rumano, es el creador del psicodrama. Desarrolló una teoría basada en una concepción de la salud que tiene como núcleo la espontaneidad y la vitalidad creadora desplegadas en las escenas dramáticas.
Moreno retoma del antiguo teatro griego, el concepto de catarsis, que significa purificación, y refiere a los efectos que surgen de la identificación en la acción dramática. Al identificarse con lo dramatizado se logra una catarsis y también cierta concientización. Es el protagonista, en primer lugar, el que logra una catarsis pues representa su propio drama. Para que se produzca un efecto catártico, tiene que existir verdadera espontaneidad y creatividad pues de lo contrario es una mera repetición que no aportará nada nuevo ni a los protagonistas ni al público. La catarsis se puede dar, si están dadas las condiciones antes mencionadas, en el espectador, que al identificarse con lo representado y sus protagonistas, tiene la posibilidad de expresarse a través de ellos, resonando, haciendo eco desde sus vivencias e historia. Para Moreno es a través de la catarsis que vamos conquistando grados de salud.
Todas las versiones del psicodrama beben del psicodrama clásico moreniano. Esto significa que representa un método que plantea una visión del mundo y de la terapia en general a través del uso de la acción, de la imaginación y de la cooperación.
En Francia, promediando la década del cuarenta del siglo pasado, la necesidad de un nuevo enfoque terapéutico en el tratamiento de niños, motiva a algunos psicoanalistas a experimentar con el juego dramático espontaneo y la terapia grupal, y a conectarse con las ideas de Moreno. Nace así el psicodrama psicoanalitico. Una década más tarde, y en condiciones similares a las francesas, irrumpe en Latinoamérica, siendo la Argentina el país pionero.
Para Moreno, la representación dramática es liberadora, la creatividad y el acto espontáneo posibilitan nuevos roles y rescatan energías perdidas. El director del psicodrama busca una catarsis de integración. En cambio, para el psicodrama psicoanalítico, el objetivo es que el individuo, en la dramatización se encuentre con partes de su yo. La escena dramática, para el psicodrama psicoanalítico, es una vía de abordaje a lo inconsciente, una vía de exploración y elaboración tanto del protagonista como de sus compañeros de grupo, quienes a través de las identificaciones encuentran escenas propias resonantes. En la escena se hacen presentes los vínculos intrapsíquicos en su mutua y dinámica reestructuración con los vínculos interpersonales. El director del psicodrama busca el sentido subyacente de la escena.
Si bien en la escena se juega una ficción dramática, los afectos que ocurren allí son reales, las emociones vivenciadas no son ficción. Nuestros cuerpos comportan la capacidad de afectar y ser afectados por otros cuerpos y por las relaciones que provienen de la realidad. Percepciones invisibles al ojo humano y previas a la conciencia y por tanto, intraducibles para nuestras representaciones culturales producen una especie de extrañamiento vivido como amenaza. Son nuevos sentidos que buscan expresarse y necesitan conexiones para inventar algo, una forma, que sea portador de la pulsación de aquello que pide paso. Si estos sentidos no pueden expresarse se bloquea el proceso de producción de universos psicosociales. Allí se hace presente la enfermedad como detención del proceso. La neurosis es un estado en el que se cae cuando el proceso está impedido. Es decir se cristaliza la producción de sentido en una máscara. Frente a la cristalización del proceso, lo que está cristalizado es la producción de subjetividad.
Dos autores franceses, Deleuze y Guattari estudian estos fenómenos en una obra en dos tomos llamada “Capitalismo y esquizofrenia” (El antiEdipo y Mil mesetas). Allí proponen abandonar la interpretación del sentido subyacente y pasar a la idea de liberar los sentidos: Devenir, multiplicar sentidos. Devenir no es alcanzar una forma, identificación, imitación, mimesis, sino encontrar la zona de vecindad de un cuerpo con otro, de tal manera que se pierda la forma cristalizada individual, creando un tercero entre los dos. El devenir siempre está “entre”.
La diáspora, acaecida a consecuencia de la instalación en nuestro país de una dictadura militar, acercó a algunos grupalistas argentinos (Kesselman, Pavlovsky, Frydlewski) a las ideas de Deleuze y Guattari, enriqueciendo el marco de conceptos psicodramáticos con la teoría de la multiplicación dramática.
La multiplicación dramática no es un recurso dramático más, es toda una concepción de la producción de sentidos. Reivindica una lectura no interpretativa ni catártica de la escena, proponiendo un despliegue de la producción inconsciente.
Es el grupo presta espontáneamente múltiples versiones subjetivas que hacen estallar el sentido monocular de una escena. Ya no se busca el conflicto latente de la misma, sino el despliegue de las múltiples posibilidades virtuales que comporta. Se trata de abrirse en cadena y encontrar otro tinte. Mover el cuerpo, improvisar dramáticamente sobre una dramatización anterior. La diversidad produce el estallido de la versión narcisista, identitaria, de nuestros relatos, nuestras historias. Se produce el caos, un contagio de afecciones, de escenas sincopadas, todo un fenómeno estético irreductible a la comprensión de un sentido único y latente.
El director de escena tiene la plasticidad para tolerar el caos, la maraña de caos que son las intensidades inesperadas, lo diverso que supone el acontecimiento grupal, sin ordenar, facilitando la sincopa de dramatizaciones. Deviniendo una coordinación imperceptible.

jueves, 16 de agosto de 2018

Resulta difícil


Resulta difícil romper el blanco de la página. Comenzar a escribir, sin plan, partiendo de algunas intuiciones, creyendo que las ideas se generan en el mismo momento de escribir.
La verdad no tiene que ser impuesta, y menos a quienes no estamos en condiciones de entenderla. No por una cuestión de ignorancia, sino porque el imaginario social vigente no está en condiciones de aceptarlas. La pregunta es cómo cambia tal imaginario. La historia es que poderes fácticos la más de poderosos, una casta privilegiada o corporaciones como camarillas sindicales, militares o la jerarquía eclesiástica, ejercen violencia, y no solo simbólica, para detener la acción de imaginarios radicales. Imaginarios motorizados por minorías que sufren la opresión del imaginario social vigente.
Releyendo a Spinoza encuentro la idea de que el entendimiento de Dios es causa de nuestro entendimiento. Cualquier creyente, de cualquier culto religioso, puede suscribir tal concepto. El problema me surge con la idea que de Dios se hace Spinoza. Él descree de todo Dios conformado a imagen y semejanza de la forma humana, de un Dios de poder trascendente, de un Dios tal como lo aprendí en el catecismo. Dios, creo yo, es la inteligencia colectiva. Nuestro entendimiento es engendrado por el entendimiento colectivo. Y si alguien va un paso adelante es porque están dadas las condiciones para esa posibilidad.
El esfuerzo de superar nuestros propios límites, disolver nuestro yo, aquello que nos acoraza pero también nos contiene en las fronteras del lugar común del pensamiento. Pensar es trazar un sendero de fuga de ideas ya establecidas, categorías estandarizadas, frases hechas. Para salir de ese lugar de confort necesitamos un traumatismo, que algo nos duela, nos asfixie y así adentrarnos en la negrura de la estupidez. Estupidez, porque la categoría establecida es un seguro contra la idiotez.
Hacerse pequeño para constituir algo más grande. Vencer el orgullo, o quizá no vencerlo convivir armoniosamente con él. Sin exceso de orgullo, al menos que tal exceso no se prolongue demasiado tiempo. Un poco de orgullo es necesario para soportar las penalidades a la que estamos sujetos como ciudadanos del capitalismo mundial integrado. Pero un exceso incrementa tal sufrimiento. Variaciones en el monto de orgullo.
El sabio rechaza todo exceso, rechaza la cólera, y rechaza creerse sabio.
Leo el Magníficat, versos que ya no me dicen nada de tanto escucharlos. Eso ocurre con los textos del Evangelio, desde chico te los repiten tal letanía que se van vaciando, pierden consistencia. Sin embargo, tiene aún hoy día, el Magníficat, dosis similares de crítica al sistema dominante atravesadas por la esperanza de que venga el brazo de Dios a acabar con la situación de injusticia.
Dios, que dispersará a los soberbios, derrocará a los poderosos y dará bienes a los hambrientos. Pero, ¿qué Dios? ¿Quién es Dios?
Un ser que es infinito porque puede pensar una infinidad de cosas de infinitos modos. Dios es necesariamente infinito por la virtud de pensar. Entonces, caigo en la cuenta que Dios habita en lo colectivo. La inteligencia siempre es un fenómeno colectivo y cuando este se produce, es lo divino lo que se conforma. Nada de milagros, nada de magia, un proceso de afecciones en confluencia.
Hay autores a los que considero fundamentales, acompañantes o amigos conceptuales, que me prestan su ayuda para comprender el mundo que me circunda, la situación en la que me encuentro. Los conceptos que, de ellos, agencio son sencillos, pues mi inteligencia no me permite mayores sofisticaciones. Sin embargo es caótico el uso que hago de ello.
Mis principales acompañantes conceptuales son: Kesselman, Pavlovsky, Pichon-Riviére, Deleuze, Guattari, Suely Rolnik, Spinoza, Nietzsche, Freud, Marcos, Mateo, Lucas y Juan (los cuatro evangelistas).
¿Cómo entender el concepto de salud y enfermedad? ¿Cómo abordar lo terapéutico fugando de lo médico? Me pierdo en los andurriales del paradigma médico en mi esfuerzo por escapar de este laberinto. La psicología que aprendí en los espacios que  transité está pegada al paradigma científico donde la reina es la medicina. Para huir necesito nuevas palabras que den otra luz a conceptos transitados. Sin inventar nuevos conceptos sino a agenciando los existentes y utilizándolos según mi necesidad. Siguiendo a Guattari estoy convencido que es preciso fugar del paradigma de la ciencia para explorar el plano de lo estético y lo ético. Es este un desafío. 

martes, 12 de junio de 2018

Sueños


Sueños
Y una ventana
Que me permite mirar el otoño
Ruidos de una ciudad dormida.

Añoro tiempos idos
A la espera
Del Retorno
De la alegría.

Aquellas tardes
De luz intensa
Resaltando el momento
Donde el joven gorrión
Tomaba vuelo.

Un vestido de flores
De mi abuela
Sobre la silla del comedor.

Horas de hastío
Bañando mis heridas
Y un olor, un ritmo
Que me arrastra
A soñar
A Desear
Que mis ojos brillen nuevamente.

lunes, 23 de octubre de 2017

BREVE, PERO QUE MUY BREVE, APROXIMACIÓN A LA PSICOGEOGRAFÍA


Deambular sin rumbo por las calles de la ciudad sin más objeto que experimentar el transcurso de la vida moderna. Esta descripción nos ofrecía Charles Baudelaire a mediados del siglo XIX. Walter Benjamin adoptó este concepto añadiendo el sentido del observador urbano moderno, como un producto de la vida moderna.
En esta misma línea el concepto de psicogeografía, un invento de los situacionistas, dota de un ‘corpus’ teórico a la afición de deambular sin sentido por las calles.
La psicogeografía estudia los efectos del medio geográfico, conscientes o no, al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos. Siendo la teoría de la deriva la principal estrategia de la Internacional Situacionista.
La Internacional Situacionista fue un colectivo que se fecha entre el período de 1957-1972. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la sociedad europea se respira un ambiente conservador con una sociedad disciplinada donde se impone un único orden social y cultural. El capitalismo gobierna las relaciones en sociedad hasta el punto de convertir todo en mera mercancía y el consumo masivo controla los anhelos de los ciudadanos, convertidos en consumidores pasivos. Ante esta alienación de la vida cotidiana en el espacio urbano, los situacionistas son conscientes de ese control y adoptan una actitud crítica y contestataria en este contexto, proponiendo otras formas de vivir en la ciudad y generando puntos de vista alternativos que abran nuevas posibilidades de conocimiento de lo urbano. Su revolución se centra en la experiencia cotidiana vivida en la ciudad, en la dimensión concreta de la vida, como alternativas para el surgimiento de subjetividades sociales diferentes. En consecuencia, las propuestas que realizarán los situacionistas para el mundo del arte girarán en relación a experiencias lúdicas por medio del urbanismo, con un análisis más etnográfico de lo urbano. Se trata de una forma de crear conocimiento experimental y procesual, demarcándose con esta actitud de cualquier conocimiento de carácter científico o con valores cuantitativos sobre lo urbano. En definitiva, se busca otra forma de conocimiento de nuestra realidad más próxima, más en relación con las vivencias. Es la psicogeografía una cartografía de vivencias. El deambular como descubrimiento, como una forma de conocimiento. Una estrategia para experimentar nuestra relación con nuestro entorno físico inmediato, escenario de nuestra vida cotidiana. Son mapas compuestos por fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria, no por su funcionalidad sino por su carácter emocional. Estos mapas no se corresponden con las referencias físico-espaciales que sirven para identificar las divisiones administrativas de las ciudades modernas, no son mapas para homogeneizar el espacio. Al no corresponderse con esta funcionalidad, estos mapas de otra naturaleza consiguen reapropiarse de la ciudad y constituyen otra forma de construir conocimiento. Los mapas de los situacionistas son ajenos a las fronteras administrativas de las ciudades que homogeneizan el espacio y se caracterizan por realizar una descripción emocional de ese espacio basado en fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria y por su carácter emocional.
La deriva supone un comportamiento lúdico-constructivo. Los practicantes debían dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y los encuentros que a él corresponden, abandonarse al azar en el deambular por las calles sin más objeto que experimentar los diferentes estados de animo que estas pudiesen provocar en el paseante. La práctica de la deriva, término náutico que significa “ir con la marea”, es utilizada como método para subvertir la homogeneidad de la vida cotidiana en una ciudad. Se propone una utilización experimental del espacio urbano; por ejemplo, se contempla el carácter fragmentario de zonas urbanas diferenciales frente al carácter objetivo y unitario de “la sociedad del espectáculo”. Este tipo de actividad experimental y sin normas preestablecidas de ejecución, donde el azar y la arbitrariedad forman parte de la actividad. La deriva estaría en íntima conexión con lo que se denomina psicogeografía, esto es, el estudio de los efectos del medio geográfico al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos.

martes, 27 de junio de 2017

El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos


Una pregunta que atraviesa a muchos militantes políticos es cómo personas que se ubican en los escalones más bajos en la escalera social pueden votar políticos de derecha, es decir en contra de sus intereses de clase.
Desconozco la respuesta. En general no soy capaz de responder ninguna clase de cuestionamientos directos, carezco de ese carisma. Recientemente escuché en la radio a un analista decir que la forma de votar no necesariamente tiene relación directa con las necesidades socioeconómicas, hay que tomar en cuenta otro tipo de variables
En los años ochenta cayó en mis manos un libro escrito por Wilhem Reich, donde él intentaba comprender la razón del voto de las clases medias al nacionalsocialismo alemán y el por qué el comunismo de aquellos años no llegó a tomar el poder cuando tenía todo como para hacerlo y allanó el camino para que lo hicieran los nazis. Su tesis, siendo muy sobre simplificador ya que perdí aquel libro y solo acudo a mi memoria, era que el factor determinante era la represión sexual. Una teoría que siempre me pareció interesante.
Cuatro siglos antes de Reich, Spinoza ante el atentado de que fueran objeto los hermanos de Witt, se preguntaba cómo el poder consigue que las masas luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvación.
Me resulta claro que algo de razón le asistía a Reich en su tesis. Pero el deseo reprimido es más abarcativo que lo sexual. El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos y busca siempre nuevas conexiones, nuevos encuentros, es definitivamente un flujo de fuerza. El problema ocurre cuando es flujo se bloquea. Cuando eso ocurre es que estamos tomados.
Dice Deleuze: “los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquéllos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos.” Es decir, la cuestión del voto a la derecha de las clases trabajadoras debemos encontrarla por los senderos del inconsciente, donde actúan las estructuras represivas micro bloqueantes.
Todos estamos tomados. Los mass media son una de las tantas armas para modelar un imaginario micro fascista, pero no la única. El desafío es liberar la imaginación colapsada, desbloquear la fuerza del deseo produciendo nuevos encuentros.


miércoles, 9 de marzo de 2016

Entrevista con Anselm Jappe

Anselm Jappe nació y creció en Alemania y estudió filosofía en Italia y en Francia. Es autor de varios libros, entre los cuales: Guy Debord (Anagrama). Las aventuras de la mercancía: Por una nueva crítica del valor (Pepitas de Calabaza, de próxima publicación), Crédito a muerte y El absurdo mercado de los hombres sin cualidades (de la misma editorial). Ha colaborado con las revistas alemanas Krisis y Exit (fundadas por Robert Kurz), que desarrollan la “crítica del valor”. El 17 de diciembre de 2015 se presentó en el Cideci/Universidad de la Tierra Chiapas, con la conferencia “En busca de las raíces del mal”.

En entrevista con medios libres de Chiapas, Anselm Jappe habla sobre cómo ciertos conceptos marxistas, en particular la crítica del valor, resultan indispensables para entender la realidad actual, en particular frente a lo que él llama la crisis terminal del capitalismo. Asimismo, Jappe reflexiona sobre las implicaciones que esto tiene en los movimientos emancipatorios actuales.

Buenos días Anselm, ¿puedes presentarte brevemente?

Pues soy Anselm Jappe, viví primero en Alemania, después en Italia y ahora en Francia, siempre viajando mucho. Desde muy joven, pensaba que este mundo debía ser cambiado radicalmente, lo que me llevó a participar en algunas luchas prácticas en mi vida pero sobre todo a intentar alcanzar a una comprensión teórica del mundo que nos rodea. Entonces, todo esto ocurrió esencialmente con la lectura intensiva de la obra de Karl Marx, ya desde la adolescencia, pero también de los situacionistas, y de lo que se llama la escuela de Frankfurt con Adorno, sin olvidar autores como Ivan Illich. Es pues en este marco que empecé, en los inicios de los 90, a contribuir a la elaboración de lo que se llama en Alemania la crítica del valor, propuesta inicialmente por la revista Krisis, cuyo autor principal era Robert Kurz, muerto hace tres años. Era una corriente teórica que había nacido fuera de las universidades pero también fuera de las capillas políticas y que tenía por propósito esencialmente retomar una lectura de la realidad por medio de las categorías centrales de Marx, y reconsiderar desde el inicio la teoría crítica, separando radicalmente en Marx lo que podía ser actual hoy en día, el núcleo conceptual de sus tesis, de otra parte de su pensamiento que era llamada el Marx “exotérico”.

Bueno, precisamente para algunos existe el sentimiento de una especie de regreso a Marx hoy en día, o quizás un regreso a “otro” Marx; entonces, ¿en qué medida la aportación de Marx te parece indispensable hoy en día para intentar comprender la realidad social que nos rodea?

Pues precisamente la primera vez que la crítica del valor se presentó a un público más amplio fue con el libro “El derrumbe de la modernización” de Robert Kurz, publicado en 1991 y, claro, su tema principal era el derrumbe de la Unión Soviética. En ese momento, el fin de la Unión Soviética era considerado casi universalmente como el triunfo del capitalismo, como la prueba de que no hay alternativas, evidentemente con mucho júbilo de parte de los burgueses, pero también en la izquierda con un sentimiento de que ya no se podía hacer nada, de que toda perspectiva de emancipación se había perdido.

Es justamente en este momento, cuando las teorías de emancipación y el marxismo particularmente parecían estar en su nivel más bajo, que la crítica del valor empezó a demostrar que era todo lo contrario: el objetivo mismo del libro de Kurz era demostrar que la Unión Soviética había quizás superado la propiedad privada de los medios de producción pero no las categorías centrales del sistema capitalista, es decir la mercancía, el valor, el trabajo abstracto y el dinero. Entonces la Unión Soviética formaba parte por completo de la sociedad mundial de la mercancía. Era una tesis diferente en relación a todas las explicaciones de la URSS únicamente a través de la estructura burocrática, y Kurz demostraba en este libro -bueno, afirmaba en este libro- que el fin de la URSS no era el triunfo del capitalismo occidental sino simplemente una etapa del derrumbe mundial gradual, por etapas, del sistema mundial de la mercancía.

Entonces los 90’s se caracterizaron por una cierta victoria aparente del capitalismo, la euforia de las bolsas, la sociedad del pensamiento post-moderno, pero ya desde el año 2000, los vientos empezaron a cambiar un poco, y mucho más a partir de la crisis del 2008. Las teorías de Marx han demostrado ampliamente no haber dicho su última palabra, pero ahí también tenemos que entendernos, porque existen muchas versiones actuales del marxismo tradicional, a veces en sus peores aspectos -tesis que todavía interpretan el mundo según el esquema de la lucha de clases e incluso eventualmente proponen estrategias leninistas- y es la particularidad de la crítica del valor, demostrar que las categorías centrales que Marx elaboró hace 150 años, o sea el valor, la mercancía, el trabajo abstracto, el dinero y el fetichismo de la mercancía, el capital como relación social -no solamente como una clase de capitalistas sino como una relación social total que comprende todos sus miembros-, entonces todas estas categorías de Marx demuestran ser útiles hoy en día y ser muy importantes para comprender lo que está pasando, por ejemplo para entender por qué hay tal auge de los mercados financieros.

Precisamente, para llegar al análisis de las dinámicas más actuales del capitalismo, en el centro de tu interpretación, está la noción de crisis terminal; entonces, quiere decir que el capitalismo entró desde hace tiempo, pero de manera cada vez más visible, en una crisis terminal. Es una expresión que otros han desarrollado o debatido también. Entonces, cómo, para ti, o para la crítica del valor, y sobre todo para ti, ¿cómo hay que comprender esta noción de crisis terminal del capitalismo?

Primero, y como siempre, hay que subrayar que la elaboración de la crítica del valor es una obra colectiva, y el mayor mérito lo tiene Robert Kurz, no es una teoría personal mía que estoy proponiendo, quiero hacer esta aclaración. Para muchas personas, una de las afirmaciones más sorprendentes de la crítica del valor es la de afirmar que el capitalismo es un sistema abocado a su propia destrucción, y es una afirmación que ha sido realizada en el momento del derrumbe de la URSS. Derrumbe o crisis terminal no quiere decir que todo va a terminar en un día; quiere decir que el capitalismo entró desde hace varias décadas en una fase de declive y que ha ido perdiendo cada vez más su rentabilidad, ya que el capitalismo consiste esencialmente en el hecho de transformar el trabajo, en específico el lado abstracto del trabajo, en valor, valor que toma una forma visible en el dinero. Pero desde el inicio este proceso contenía esta contradicción que sólo el trabajo en el momento de su ejecución crea ese valor; pero la competencia empuja al uso de tecnología y este hecho disminuye la parte de trabajo vivo y entonces disminuye el valor.

Durante mucho tiempo, el capitalismo ha sabido compensar esa pérdida tendencial del valor por medio del aumento gigantesco de la producción, pero incluso este proceso de compensación encontró sus limitaciones al inicio de la década de los 70’s, grosso modo. Además esta crisis interna, o sea con límites internos que el capitalismo no puede superar desde sus propias bases, fue reforzada, en esa misma época, por la crisis energética y la crisis ecológica y vieron el día junto con el descontento creciente por las condiciones de vida creadas por el capitalismo, por la sociedad mercantil que consiguió en una parte del mundo asegurar una mejor satisfacción de las necesidades materiales pero a la vez ha creado más que nunca una sensación de vacío colonizando todas las esferas de la vida y transformando todas las actividades que dan un sentido a la existencia, convirtiéndolas simplemente en consumo de mercancías.

Es también el aspecto subjetivo de la sociedad mercantil que entró enormemente en crisis en los años 70. Entonces crisis terminal no quiere decir… o sea, no es una profecía para el futuro, sino la descripción de algo que ya se está dando, subrayando al mismo tiempo que este proceso es irreversible. Ya no habrá un nuevo modelo de acumulación, ahora el capitalismo solamente vive mediante una huida hacia delante que es sobre todo el endeudamiento, endeudamiento de los Estados, endeudamiento privado.

El capitalismo, según sus propios criterios de solvencia, ya habría quebrado desde hace décadas, entonces sólo puede seguir viviendo gracias a la simulación cada vez más masiva de rentabilidad y entonces, en cada crisis financiera, se aumenta aún más el volumen del crédito en una huida hacia adelante desesperada, y es fácil ver que esto no podrá durar para siempre. Y no lo dice solo la crítica del valor, incluso muchos analistas burgueses afirman que esta carrera no puede tener otra cosa que un final fatal. Sin embargo, extrañamente, son los observadores de izquierda los que se niegan a ver esta crisis definitiva, o sea, o afirman que el capitalismo goza de perfecta salud, y que hay que combatirlo con toda agresividad desde el exterior, o admiten simplemente la existencia de una crisis cíclica que va a ser momentánea y que pronto va a ser resuelta, por ejemplo con la introducción de nuevas tecnologías. Y esto ya no se va a dar porque simplemente toda nueva tecnología desde el inicio utiliza muy poca fuerza de trabajo humano, entonces la informática no puede jugar el mismo papel que el que jugó por ejemplo el automóvil.

Si la crisis final del capitalismo no significa un derrumbe inmediato, ¿puedes dar una precisión sobre la manera en la que podamos imaginar este proceso de derrumbe que se desarrolla en el tiempo? ¿De qué ritmo estamos hablando, de qué temporalidad? Además, si hay efectivamente un agotamiento del motor fundamental del capitalismo, se ve también cómo el capitalismo es capaz de encontrar nuevos modos para evitar este agotamiento, por medio de la expansión del crédito, por medio quizá de formas de explotación casi esclavistas, entonces estas tácticas, para evitar la crisis y reproducirse a pesar de estas dificultades crecientes, parecen extremadamente numerosas… y deja entender que este proceso de derrumbamiento podría llegar a ser largo… entonces ¿cómo concebir esto? Y quizá otra pregunta al mismo tiempo: ¿qué implicaciones tendría todo esto para los movimientos de emancipación?, ¿cómo concebir las posibilidades de acción en esta temporalidad larga que sería la del derrumbe del sistema capitalista?

Bueno, primero es un proceso gradual, quiere decir que se desarrolla en diferentes temporalidades en las diferentes capas de la sociedad, en diferentes regiones del mundo. Un proceso bastante evidente por ejemplo es que hoy en día no se trata de Norte o Sur, o de países ricos o países pobres, más bien sería una estructura con manchas de leopardo, es decir que habría en cada país islotes de ricos, que a menudo son cercados por muros y el resto del país es dejado abandonado. Entonces, hay cierta producción de valor en su modo clásico, por medio de las fábricas, y que podrán continuar probablemente durante un buen tiempo, pero es algo como que se va reduciendo cada vez más, es como algo que se achica, y entonces los demás son dejados a su suerte. Hoy en día, a menudo, el problema principal ya ni es la explotación, aunque evidentemente continua en formas vergonzosas, pero hay sobre todo una buena parte de la población que simplemente es considerada como superflua, excedente, desde el punto de vista del capital, porque no puede ni producir de manera regular y a la larga tampoco puede consumir.

Pero evidentemente toda esta población excedente no se cruza simplemente de brazos esperando su muerte, aunque eso sería lo que la lógica capitalista desearía. Entonces todos los terrenos abandonados, todos los campos arrasados que le capitalismo ha dejado, son terrenos donde podrían nacer movimientos de emancipación, donde también podrían nacer luchas reiteradas alrededor de las migajas de valorización, ya sea bajo la forma de mafias, de gangs, ya sea como el narco, o la esclavitud. Todos estos modos son los modos en los que todas las personas que no pueden participar en el proceso de valorización de manera clásica se organizan de manera diferente. Pero hay que decir que incluso en términos capitalistas esto no puede representar una alternativa porque toda esta economía, que podríamos llamar paralela, solo puede funcionar si sigue siendo de alguna manera capaz de parasitar el circuito del capital ahí donde funciona. Por ejemplo, el tráfico de la drogas no podría funcionar si no hubiera países como los EEUU, o incluso países del sur, donde siguen existiendo capas de la sociedad que tienen todavía un poder adquisitivo que les permite comprar la droga.

De la misma manera el milagro económico chino asentó principalmente sus resultados sobre las exportaciones hacia los EEUU, pero si los EEUU por ejemplo padecieran una crisis aún mayor, no podrían importar esa mercancía china, y ese milagro se terminaría muy rápidamente porque en realidad todo el milagro chino está basado en los salarios bajos, y esto quiere decir que no hay mucho poder adquisitivo al interior.

Entonces no se puede hablar muy precisamente, dar números sobre la temporalidad del derrumbe del capitalismo, pero también es seguro que no es una cuestión de 50 años. Incluso observadores burgueses afirman que la crisis ecológica y la crisis energética van a llegar a un punto de no-regreso dentro de 20 años, e incluso los institutos de observación de la bolsa afirman por ejemplo que realmente ya hemos llegado al punto de ruptura y sobre todo, yo pienso, la situación del mercado financiero es tan frágil que cualquier cosita sería suficiente para que todo se derrumbe. Hay por ejemplo cifras astronómicas de dinero estacionadas en la esfera financiera y entonces todo ese dinero se basa en la confianza, pero cualquier evento, cualquier crisis económica, incluso en un país tan pequeño como Grecia, podría romper la cuerda, y toda esa masa de dinero podría verterse en la economía real, digamos, y desencadenar una hiperinflación, o sea una hiperinflación mundial, lo que probablemente será una de las próximas etapas de la crisis del capitalismo.

Una última pregunta: ¿cuál es tu mirada sobre los movimientos sociales que se han desarrollado en los últimos años?, ¿cuáles serían los riesgos a evitar?, y, ¿qué es lo que nos puedes decir sobre las perspectivas de emancipación? Porque para ti o para la crítica del valor en general, no se trata solamente de analizar la crisis del capitalismo en sí, se trata más bien de analizarla desde un punto de vista, desde nuestro punto de vista, que es el de una perspectiva de emancipación. Como imaginar… ¿qué puedes decir sobre la necesidad de desarrollar movimientos de emancipación hoy en día, ya que finalmente es la única esperanza de un proceso que permitiría crear otra realidad antes de que el capitalismo haya completamente terminado de destruir el planeta en su conjunto y la humanidad también?

Bueno, una primera cosa importante: la teoría de la crisis afirma que el capitalismo está abocado a desaparecer a mediano plazo, a autodestruirse incluso en ausencia de actores revolucionarios. Esto es muy diferente de lo que decían las generaciones revolucionarias anteriores que combatieron contra un capitalismo que les parecía muy fuerte con la esperanza de que después del final del capitalismo podría llegar el comunismo o el socialismo o la anarquía. Exactamente porque el final del capitalismo siempre ha sido imaginado como la obra de los que lo quieren combatir. Justamente, ahí donde no hay una concepción de los límites internos del capitalismo, la idea es que el capitalismo siempre podrá continuar sobre sus propias bases si no hay una fuerza, en su versión clásica el proletariado industrial, que lo derrumbe, porque ya no lo acepta. Ciertamente, el enfoque elaborado por la crítica del valor voltea de cabeza esta cuestión.

Ciertamente hay algo ineluctable en el agotamiento del capitalismo, aunque las formas de este agotamiento son bastante largas y tortuosas; y no hay ninguna garantía sobre lo que podría llegar después. Nada garantiza que después del capitalismo llegará una forma de sociedad emancipada. Esto sólo es una posibilidad. Entonces la crítica del valor, que desde un principio no tenía nada de universitario, ni nada de puramente contemplativo, tiene como último horizonte un cambio revolucionario de la sociedad. Pero para llegar a eso, el medio más seguro no es el de correr detrás de todo movimiento práctico y de ensalzar todo lo que se mueve bajo la forma de movimiento social. De esta manera no se ayuda ni siquiera a los movimientos sociales. La teoría debe también entender los límites estructurales de ciertos movimientos. Sobre todo, el punto fuerte de la crítica del valor es afirmar que el movimiento obrero histórico, a pesar de ciertos méritos evidentes, también ha tenido como resultado esencial la integración de la clase obrera en la sociedad de la mercancía. Entonces, sobre todo una vez que la burguesía aceptó hacer concesiones, las minorías radicales fueron sacadas del juego rápidamente en pro de lo que se ha llamado la social democracia. Entonces, muchas luchas en el capitalismo, antes y ahora, han sido luchas para una mejor y más justa distribución de ciertas categorías que ya no se discutían, ni se ponían en tela de juicio.

El movimiento obrero clásico quería una distribución más justa del dinero, es decir del valor. Repito, era a menudo una reivindicación completamente legítima, pero en realidad no era anticapitalista. Al contrario, esta integración reforzó al capitalismo. A veces, el movimiento obrero supo mejor lo que era bueno para el capitalismo que los mismos representantes recalcitrantes del capital. Se trata pues de no repetir estos errores y sobre todo, hoy en día, en esta situación de crisis, frente a un pastel que cada día es más chico, el sistema además ya casi no puede otorgar más concesiones.

Entonces el reformismo se ha vuelto hoy en día lo menos realista, paradójicamente; los reformistas se han vanagloriado siempre de ser realistas frente a los radicales, hoy en día es casi lo contrario. Por ejemplo, restablecer un Estado social en Europa como en los años 60 es absolutamente irrealista. Esto quiere decir que hoy en día hay un descontento muy fuerte por la devastación de la vida provocada por la mercancía, devastación que evidentemente se desarrolla en todos los niveles, para los pobres como para los ricos y en todos los países del mundo, pero no todas las reacciones son necesariamente emancipatorias.

Hay también reacciones que, a veces, son simplemente luchas defensivas para mantener un estatus, por ejemplo para mantener un salario, y esto se vuelve muy ambiguo por ejemplo cuando los obreros defienden sus fábricas -por ejemplo fábricas que contaminan mucho- y en otros casos, hay también movimientos que se focalizan en aspectos superficiales como el fenómeno financiero y corren el riesgo de retomar a veces ciertos elementos del anticapitalismo truncado, falso, de la extrema derecha. Son movimientos populistas que desgraciadamente están en auge hoy en día en Europa.

Afortunadamente existen muchos otros movimientos que intentan ofrecer alternativas cualitativas. Es algo que sólo se puede ir elaborando poco a poco, con muchas limitaciones, y evidentemente con muchos errores. Pero lo importante está sobre todo en querer crear una alternativa cualitativa al capitalismo, una sociedad que se base esencialmente en la solidaridad y no en la competencia, una sociedad que habría restablecido de cierto modo las lógicas del don, la circulación de los dones por encima del intercambio de mercancías, una sociedad con una forma de vida que se oponga tanto al individualismo desenfrenado de las sociedades de consumo como al colectivismo totalitarista.

Afortunadamente podemos ver formas a menudo poco espectaculares que intentan construir esta nueva forma de vida. Entonces el término un poco manoseado, “the grassroots revolution”, una revolución desde las raíces del pasto, me parece un término que no hay que desdeñar, además puede encontrar antecedentes bastante nobles, por ejemplo, en el anarquista Gustav Landauer, a principios del siglo XX.

Para terminar: evidentemente no me puedo expresar sobre la experiencia zapatista siendo algo tan extremadamente complejo. Pero puedo decir que lo que he visto en estos pocos días es bastante diferente de lo que había leído, entonces pienso que sería faltar de modestia querer expresarse aquí después de sólo unos cuantos días. Pero en este momento, tengo la impresión que los zapatistas hacen un esfuerzo sincero para evitar muchas de las trampas en las que cayeron los movimientos revolucionarios del pasado y para no reemplazar cierto dogmatismo con otro dogmatismo, intentan siempre elaborar nuevas vías sin caer en un relativismo generalizado, salvaguardando los principios esenciales. Y por lo que he podido entender, tengo la impresión que los zapatistas forman parte de los que quieren realmente ofrecer otra forma de vida, que no quieren integrarse en la sociedad capitalista existente, sino que buscan inventar nuevas formas de felicidad, nuevas formas de imaginario, y contribuir a dar nuevas definiciones de lo que hace que la vida merezca ser vivida.

Bien Anselm, llegamos al final de esta entrevista. Muchas gracias.


martes, 16 de febrero de 2016

¿CÓMO TRATAS A HESTIA: TU HOGAR Y LA TIERRA COMO CASA COMÚN?

Existe actualmente toda una forma nueva de interpretar los antiguos mitos griegos y de otros pueblos. En vez de considerar a los dioses y diosas como entidades existentes, ahora crece la hermenéutica, especialmente tras los estudios del psicoanalista C.G. Jung y sus discípulos J. Hillman, E. Neumann, G. Paris y otros, de que se trata de arquetipos, es decir, de fuerzas psíquicas ancestrales que habitan en nosotros y mueven nuestras vidas. Irrumpen de forma tan vigorosa que los conceptos abstractos no consiguen expresarlas más que mediante relatos mitológicos. En este sentido el politeísmo no significa la pluralidad de divinidades, sino de energías que vibran en nuestra psique.

Uno de esos mitos que tienen un significado profundo y actual es el de la diosa Hestia. Según el mito, es hija de Cronos (el dios del tiempo y de la edad de oro) y de Rea, la gran madre, generadora de todos los seres. Hestia representa nuestro centro personal, el centro del hogar y el centro de la Tierra, nuestra Casa común. Es virgen, no por despreciar la compañía del hombre, sino para poder cuidar con más libertad a todos los que se encuentran en el hogar. Así y todo suele ir acompañada de Hermes, el dios de la comunicación (de donde viene hermenéutica) y de los viajes. No son marido y mujer; son autónomos, aunque vinculados siempre recíprocamente.

Ellos representan dos facetas de cada persona humana, que es portadora simultáneamente del ánimus (principio masculino, Hermes) y del ánima (principio femenino, Hestia).

Hestia significa en griego el hogar con el fuego encendido: el lugar alrededor del cual todos se agrupan para calentarse y convivir. Por lo tanto, es el corazón de la casa, el lugar de la intimidad familiar, lejos del barullo de la calle. Hestia protege, da seguridad y refugio. Además, a ella le corresponde también el orden de la casa y tiene la llave de la despensa para que esté siempre bien abastecida para familiares y huéspedes.

En las ciudades griegas y romanas había siempre un fuego encendido, para expresar la presencia protectora de Hestia (la Vesta de los romanos). Si se apagaba el fuego, era presagio de alguna desgracia. Tampoco se empezaba la comida sin hacer un brindis a Hestia: “para Hestia” o “para Vesta”.

Hestia concretamente significaba también ese rincón donde uno se recoge para estar solo, leer su periódico o un libro y hacer su meditación. Cada persona tiene su “rinconcito” o su butaca preferida. Para saber donde se encuentra nuestra Hestia debemos preguntarnos cuando estamos fuera de casa: ¿cuál es la imagen que nos recuerda mejor nuestro rincón, donde Hestia se oculta? Ahí está el centro existencial de la casa. Sin Hestia la casa se transforma en un dormitorio o en una especie de pensión gratuita, sin vida. Con Hestia hay afecto, bienestar y el sentimiento de estar “finalmente en casa”. Ella era considerada como una araña, por tejer telas que unen a todos, trasmitiendo las informaciones.

Hestia era venerada por todos y la primera en ser reverenciada en el Olimpo. Júpiter defendió siempre su virginidad contra el asedio sexual de algunos dioses más atrevidos.

Nuestra cultura patriarcal y la masculinización de las relaciones sociales debilitaron mucho a Hestia. Las mujeres han hecho bien saliendo de casa y desarrollando su dimensión de animus (capacidad de organizar y dirigir), pero han tenido que sacrificar, en parte, su dimensión de Hestia. En ellas se muestra la dimensión de Hermes, que se comunica y se articula. Han llevado al mundo del trabajo las principales virtudes de lo femenino: el espíritu de cooperación y el cuidado, que hacen las relaciones menos rígidas, pero llega el momento de volver a casa y recuperar a Hestia.

¡Ay de la casa descuidada y desordenada! Ahí surge el deseo de que Hestia se haga presente para garantizar una atmósfera buena, íntima y familiar. Esta no es solo tarea de la mujer sino también del hombre. Por eso en todo hombre y en toda mujer deben equilibrarse el momento de Hermes, estar fuera de casa para trabajar, con el momento de Hestia, de volver al centro donde tiene su refugio y su bienestar.

Hoy, por más feministas que sean las mujeres, están recuperando cada vez más este fino entramado vital.
Hestia no significaba solamente el hogar de la casa o de la ciudad. También designaba el centro de la Tierra donde está el fuego primordial. Hoy ya no es una creencia sino un dato científico. En el centro hay hierro incandescente. Lógicamente, cuando se estableció el heliocentrismo y se invalidó el geocentrismo, hubo un derrumbe emocional de la figura de Hestia, la Casa Común. Pero lentamente se ha ido reconquistando. Si bien la Tierra ya no es el centro físico del universo, sigue siendo el centro psicológico y emocional. Aquí vivimos, nos alegramos, sufrimos y morimos. Incluso viajando a los espacios exteriores, los astronautas siempre mostraban tener nostalgia de la Madre Tierra, donde está todo lo que es significativo y sagrado.

Hoy tenemos que rescatar a Hestia, protectora de la Casa Común, mantener su fuego vivo y darle sostenibilidad. No le estamos dando el trato de honor que merece, por eso ella nos envía quejas con el calentamiento global y las calamidades naturales. No debemos rebajar a Hestia a mero repositorio de recursos sino tratarla como la Casa Común que debe ser bien cuidada para que siga siendo nuestro hogar acogedor y bienhechor.


Leonardo Boff 
22 ENE 2016

jueves, 4 de febrero de 2016

Perseverancia


Primera aproximación. Mantener a las personas superficiales a distancia sin resultar antipático. Perseverancia.
Existen momentos en que debemos retirarnos ante fuerzas más poderosas y almas superficiales. No se puede conformar a todos ni apaciguar mentes superficiales, ni almas indiferentes. Es preferible en estas circunstancias tomar cierta distancia ya que, en momentos de revés estamos emocionalmente más sensibles y no es conveniente enredarnos en discusiones poco productivas con este tipo de personalidades.
¿El periodo de retirada es una forma de resistencia?
Los tiempos de retirada son confusos. Una retirada no es un fracaso sino un medio para salir del peligro, la meta es la autoconservación. Al resguardarnos del desastre inminente nos damos tiempo para recuperarnos, analizar la situación y buscar mejores caminos para avanzar.
Retrayéndose cuando los otros son más.
Recluirse para que no te desestabilicen. Mantener la claridad de mente y no avanzar.
El otro no debe desestabilizarte.
Retirarse es éxito.
El sabio aleja a los vulgares mesuradamente, sin enojarse.
Apartarse, eludir.
En lo pequeño es propicia la firmeza.
Son tiempos confusos, la vulgaridad está a sus anchas. Vulgaridad en las opiniones. Vulgaridad en las acciones. Una vulgaridad que no se reconoce exteriormente sino que se hace visible cuando al ser expresada: el odio, la revancha, la satisfacción ante el dolor ajeno. O, peor aún, la indiferencia ante el sufrimiento del otro. Vulgaridad en la manifestación de lugares comunes que reemplazan a el más mínimo ejercicio de pensamiento.
En estos momentos de restauración de una cosmovisión donde el único fin es el “ganar dinero” toda otra forma de vivir es avasallada por ineficiente.
El concepto de eficiencia se comprende solo con la maximización del beneficio. Una sociedad donde los vulgares solo obtengan un quince por ciento de beneficios es ineficiente. Una sociedad de la mentira. El eufemismo no trasviste solo las palabras, nos presenta a la hipocresía vestida de reina. Se pervierte el concepto cambio para devenirlo retroceso. ¡Y festejamos el engaño! Y militamos el cambio con fervor, cambio que nos arroja a la esclavitud.
Es tiempo donde la riqueza está concentrada en mínimas manos. Manos que amasan su disfrute con el plusvalor de nuestra nuda vida. ¡Y lo festejamos! Si se puede.
¿Desertar es Resistir?
Resistir puede entenderse como oponerse. Oposición directa a una fuerza. Resistir es acumular fuerzas contra la opresión, la explotación.
Toni Negri piensa que en vez de concentrar fuerzas hoy resistir sería “la circulación, la movilidad, la fuga, el éxodo, la deserción: se trata de multitudes que resisten de manera difusa y escapan de las jaulas cada vez más estrechas de la miseria y el poder.”
Resistir es fugar de la obediencia a un gobierno que sirve a intereses concentrados. Desobedecer, no confrontar. Devenir ingobernables. Retirarse. Fugar de un “productivismo desenfrenado aliado a una precarización generalizada, movilización de la existencia de cara a objetivos cuyo sentido escapa a todos”.
Segunda aproximación. Hace unos días recibí un correo electrónico de “Cambiemos”. En se me explicaba la necesariedad del aumento de las tarifas electricas debido a que el “país atraviesa una crisis energética y el sistema eléctrico está al borde del colapso.” Por lo tanto, “para ordenar el sistema eléctrico, incentivar la inversión y cuidar a quienes más lo necesitan, se resolvió... recortar los subsidios a la generación y eliminar los que se aplicaban a la distribución de electricidad en Capital y Gran Buenos Aires, que eran los únicos distritos que aún recibían el beneficio. El resto del país le estaba pagando el subsidio de distribución a Buenos Aires... No vamos a seguir escapando al problema, es necesario enfrentarlo juntos con estas medidas, es un largo proceso que llevará al menos dos años, pero es el camino correcto.”
Este camino correcto me hizo recordar unas reflexiones que Rubén Dri expresó en un improvisado grupo operativo en Plaza de Mayo con motivo del acampe de diversos movimientos sociales. Él dijo que recordaramos las palabras que estaban escritas en el cartel por donde Dante entraba al infierno:
“Por mí se va hasta la ciudad doliente, por mí se va al eterno sufrimiento, por mí se va a la gente condenada... Dejen, los que aquí entran, toda esperanza.” Estas palabras de color oscuro vi escritas en lo alto de una puerta; y yo: «maestro, es grave su sentido. » y, cual persona cauta, él me repuso: «debes aquí dejar todo recelo; debes dar muerte aquí a tu cobardía. Hemos llegado al sitio que te he dicho en que verás las gentes doloridas, que perdieron el bien del intelecto. »
Reverberando queda lo de gentes que perdieron el bien del intelecto. Y eso puede ocurrirnos si decidimos tragarnos cualquier disparate sin molestarnos en verificar su significado o analizar sus raíces.
El mismo día en que recibí el dichoso correo electrónico, una persona a la que le tengo cariño me dice con respecto al aumento de las tarifas que es necesario que hagamos este sacrificio porque el país está tan mal. Este pequeño acontecimiento me hizo enojar y mucho. Trague mi bronca pensando tomar para no enredarme en una discusión. Deleuze usa un concepto de Primo Levy que me parece adecuado a esta situación sentí “la vergüenza de ser un hombre”. ¿Por qué? Por no registrar que no es necesario tal sacrificio, que no podemos aceptar flagrantemente tal mentira. Ese supuesto sacrificio solo sirve para que los propietarios del país se enriquezcan aún más.
Sigo reflexionando con Deleuze: resistir es crear, crear es resistir. Resistir a los arrastres de la opinión corriente, a todo ese dominio de interrogación imbécil. El motivo del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar la vida, no deja de matar la vida. Pensar es verdaderamente una resistencia, una liberación de la vida. Pensar es huir del lugar común, de la vulgaridad.