Primera
aproximación. Mantener a las personas superficiales a distancia sin resultar
antipático. Perseverancia.
Existen
momentos en que debemos retirarnos ante fuerzas más poderosas y almas
superficiales. No se puede conformar a todos ni apaciguar mentes superficiales,
ni almas indiferentes. Es preferible en estas circunstancias tomar cierta
distancia ya que, en momentos de revés estamos emocionalmente más sensibles y
no es conveniente enredarnos en discusiones poco productivas con este tipo de
personalidades.
¿El
periodo de retirada es una forma de resistencia?
Los
tiempos de retirada son confusos. Una retirada no es un fracaso sino un medio
para salir del peligro, la meta es la autoconservación. Al resguardarnos del
desastre inminente nos damos tiempo para recuperarnos, analizar la situación y
buscar mejores caminos para avanzar.
Retrayéndose
cuando los otros son más.
Recluirse
para que no te desestabilicen. Mantener la claridad de mente y no avanzar.
El
otro no debe desestabilizarte.
Retirarse
es éxito.
El
sabio aleja a los vulgares mesuradamente, sin enojarse.
Apartarse,
eludir.
En
lo pequeño es propicia la firmeza.
Son
tiempos confusos, la vulgaridad está a sus anchas. Vulgaridad en las opiniones.
Vulgaridad en las acciones. Una vulgaridad que no se reconoce exteriormente
sino que se hace visible cuando al ser expresada: el odio, la revancha, la
satisfacción ante el dolor ajeno. O, peor aún, la indiferencia ante el
sufrimiento del otro. Vulgaridad en la manifestación de lugares comunes que
reemplazan a el más mínimo ejercicio de pensamiento.
En
estos momentos de restauración de una cosmovisión donde el único fin es el
“ganar dinero” toda otra forma de vivir es avasallada por ineficiente.
El
concepto de eficiencia se comprende solo con la maximización del beneficio. Una
sociedad donde los vulgares solo obtengan un quince por ciento de beneficios es
ineficiente. Una sociedad de la mentira. El eufemismo no trasviste solo las
palabras, nos presenta a la hipocresía vestida de reina. Se pervierte el
concepto cambio para devenirlo retroceso. ¡Y festejamos el engaño! Y militamos
el cambio con fervor, cambio que nos arroja a la esclavitud.
Es
tiempo donde la riqueza está concentrada en mínimas manos. Manos que amasan su
disfrute con el plusvalor de nuestra nuda vida. ¡Y lo festejamos! Si se puede.
¿Desertar
es Resistir?
Resistir
puede entenderse como oponerse. Oposición directa a una fuerza. Resistir es
acumular fuerzas contra la opresión, la explotación.
Toni
Negri piensa que en vez de concentrar fuerzas hoy resistir sería “la
circulación, la movilidad, la fuga, el éxodo, la deserción: se trata de
multitudes que resisten de manera difusa y escapan de las jaulas cada vez más
estrechas de la miseria y el poder.”
Resistir
es fugar de la obediencia a un gobierno que sirve a intereses concentrados.
Desobedecer, no confrontar. Devenir ingobernables. Retirarse. Fugar de un
“productivismo desenfrenado aliado a una precarización generalizada, movilización
de la existencia de cara a objetivos cuyo sentido escapa a todos”.
Segunda
aproximación. Hace unos días recibí un correo electrónico de “Cambiemos”. En se
me explicaba la necesariedad del aumento de las tarifas electricas debido a que
el “país atraviesa una crisis energética y el sistema eléctrico está al borde
del colapso.” Por lo tanto, “para ordenar el sistema eléctrico, incentivar la
inversión y cuidar a quienes más lo necesitan, se resolvió... recortar los
subsidios a la generación y eliminar los que se aplicaban a la distribución de
electricidad en Capital y Gran Buenos Aires, que eran los únicos distritos que
aún recibían el beneficio. El resto del país le estaba pagando el subsidio de
distribución a Buenos Aires... No vamos a seguir escapando al problema, es
necesario enfrentarlo juntos con estas medidas, es un largo proceso que llevará
al menos dos años, pero es el camino correcto.”
Este
camino correcto me hizo recordar unas reflexiones que Rubén Dri expresó en un
improvisado grupo operativo en Plaza de Mayo con motivo del acampe de diversos
movimientos sociales. Él dijo que recordaramos las palabras que estaban
escritas en el cartel por donde Dante entraba al infierno:
“Por
mí se va hasta la ciudad doliente, por mí se va al eterno sufrimiento, por mí
se va a la gente condenada... Dejen, los que aquí entran, toda esperanza.”
Estas palabras de color oscuro vi escritas en lo alto de una puerta; y yo:
«maestro, es grave su sentido. » y, cual persona cauta, él me repuso: «debes
aquí dejar todo recelo; debes dar muerte aquí a tu cobardía. Hemos llegado al
sitio que te he dicho en que verás las gentes doloridas, que perdieron el bien
del intelecto. »
Reverberando
queda lo de gentes que perdieron el bien del intelecto. Y eso puede ocurrirnos
si decidimos tragarnos cualquier disparate sin molestarnos en verificar su
significado o analizar sus raíces.
El
mismo día en que recibí el dichoso correo electrónico, una persona a la que le
tengo cariño me dice con respecto al aumento de las tarifas que es necesario
que hagamos este sacrificio porque el país está tan mal. Este pequeño
acontecimiento me hizo enojar y mucho. Trague mi bronca pensando tomar para no
enredarme en una discusión. Deleuze usa un concepto de Primo Levy que me parece
adecuado a esta situación sentí “la vergüenza de ser un hombre”. ¿Por qué? Por
no registrar que no es necesario tal sacrificio, que no podemos aceptar
flagrantemente tal mentira. Ese supuesto sacrificio solo sirve para que los
propietarios del país se enriquezcan aún más.
Sigo
reflexionando con Deleuze: resistir es crear, crear es resistir. Resistir a los
arrastres de la opinión corriente, a todo ese dominio de interrogación imbécil.
El motivo del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace
liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar
la vida, no deja de matar la vida. Pensar es verdaderamente una resistencia,
una liberación de la vida. Pensar es huir del lugar común, de la vulgaridad.
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