jueves, 16 de agosto de 2018

Resulta difícil


Resulta difícil romper el blanco de la página. Comenzar a escribir, sin plan, partiendo de algunas intuiciones, creyendo que las ideas se generan en el mismo momento de escribir.
La verdad no tiene que ser impuesta, y menos a quienes no estamos en condiciones de entenderla. No por una cuestión de ignorancia, sino porque el imaginario social vigente no está en condiciones de aceptarlas. La pregunta es cómo cambia tal imaginario. La historia es que poderes fácticos la más de poderosos, una casta privilegiada o corporaciones como camarillas sindicales, militares o la jerarquía eclesiástica, ejercen violencia, y no solo simbólica, para detener la acción de imaginarios radicales. Imaginarios motorizados por minorías que sufren la opresión del imaginario social vigente.
Releyendo a Spinoza encuentro la idea de que el entendimiento de Dios es causa de nuestro entendimiento. Cualquier creyente, de cualquier culto religioso, puede suscribir tal concepto. El problema me surge con la idea que de Dios se hace Spinoza. Él descree de todo Dios conformado a imagen y semejanza de la forma humana, de un Dios de poder trascendente, de un Dios tal como lo aprendí en el catecismo. Dios, creo yo, es la inteligencia colectiva. Nuestro entendimiento es engendrado por el entendimiento colectivo. Y si alguien va un paso adelante es porque están dadas las condiciones para esa posibilidad.
El esfuerzo de superar nuestros propios límites, disolver nuestro yo, aquello que nos acoraza pero también nos contiene en las fronteras del lugar común del pensamiento. Pensar es trazar un sendero de fuga de ideas ya establecidas, categorías estandarizadas, frases hechas. Para salir de ese lugar de confort necesitamos un traumatismo, que algo nos duela, nos asfixie y así adentrarnos en la negrura de la estupidez. Estupidez, porque la categoría establecida es un seguro contra la idiotez.
Hacerse pequeño para constituir algo más grande. Vencer el orgullo, o quizá no vencerlo convivir armoniosamente con él. Sin exceso de orgullo, al menos que tal exceso no se prolongue demasiado tiempo. Un poco de orgullo es necesario para soportar las penalidades a la que estamos sujetos como ciudadanos del capitalismo mundial integrado. Pero un exceso incrementa tal sufrimiento. Variaciones en el monto de orgullo.
El sabio rechaza todo exceso, rechaza la cólera, y rechaza creerse sabio.
Leo el Magníficat, versos que ya no me dicen nada de tanto escucharlos. Eso ocurre con los textos del Evangelio, desde chico te los repiten tal letanía que se van vaciando, pierden consistencia. Sin embargo, tiene aún hoy día, el Magníficat, dosis similares de crítica al sistema dominante atravesadas por la esperanza de que venga el brazo de Dios a acabar con la situación de injusticia.
Dios, que dispersará a los soberbios, derrocará a los poderosos y dará bienes a los hambrientos. Pero, ¿qué Dios? ¿Quién es Dios?
Un ser que es infinito porque puede pensar una infinidad de cosas de infinitos modos. Dios es necesariamente infinito por la virtud de pensar. Entonces, caigo en la cuenta que Dios habita en lo colectivo. La inteligencia siempre es un fenómeno colectivo y cuando este se produce, es lo divino lo que se conforma. Nada de milagros, nada de magia, un proceso de afecciones en confluencia.
Hay autores a los que considero fundamentales, acompañantes o amigos conceptuales, que me prestan su ayuda para comprender el mundo que me circunda, la situación en la que me encuentro. Los conceptos que, de ellos, agencio son sencillos, pues mi inteligencia no me permite mayores sofisticaciones. Sin embargo es caótico el uso que hago de ello.
Mis principales acompañantes conceptuales son: Kesselman, Pavlovsky, Pichon-Riviére, Deleuze, Guattari, Suely Rolnik, Spinoza, Nietzsche, Freud, Marcos, Mateo, Lucas y Juan (los cuatro evangelistas).
¿Cómo entender el concepto de salud y enfermedad? ¿Cómo abordar lo terapéutico fugando de lo médico? Me pierdo en los andurriales del paradigma médico en mi esfuerzo por escapar de este laberinto. La psicología que aprendí en los espacios que  transité está pegada al paradigma científico donde la reina es la medicina. Para huir necesito nuevas palabras que den otra luz a conceptos transitados. Sin inventar nuevos conceptos sino a agenciando los existentes y utilizándolos según mi necesidad. Siguiendo a Guattari estoy convencido que es preciso fugar del paradigma de la ciencia para explorar el plano de lo estético y lo ético. Es este un desafío. 

martes, 12 de junio de 2018

Sueños


Sueños
Y una ventana
Que me permite mirar el otoño
Ruidos de una ciudad dormida.

Añoro tiempos idos
A la espera
Del Retorno
De la alegría.

Aquellas tardes
De luz intensa
Resaltando el momento
Donde el joven gorrión
Tomaba vuelo.

Un vestido de flores
De mi abuela
Sobre la silla del comedor.

Horas de hastío
Bañando mis heridas
Y un olor, un ritmo
Que me arrastra
A soñar
A Desear
Que mis ojos brillen nuevamente.

lunes, 23 de octubre de 2017

BREVE, PERO QUE MUY BREVE, APROXIMACIÓN A LA PSICOGEOGRAFÍA


Deambular sin rumbo por las calles de la ciudad sin más objeto que experimentar el transcurso de la vida moderna. Esta descripción nos ofrecía Charles Baudelaire a mediados del siglo XIX. Walter Benjamin adoptó este concepto añadiendo el sentido del observador urbano moderno, como un producto de la vida moderna.
En esta misma línea el concepto de psicogeografía, un invento de los situacionistas, dota de un ‘corpus’ teórico a la afición de deambular sin sentido por las calles.
La psicogeografía estudia los efectos del medio geográfico, conscientes o no, al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos. Siendo la teoría de la deriva la principal estrategia de la Internacional Situacionista.
La Internacional Situacionista fue un colectivo que se fecha entre el período de 1957-1972. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la sociedad europea se respira un ambiente conservador con una sociedad disciplinada donde se impone un único orden social y cultural. El capitalismo gobierna las relaciones en sociedad hasta el punto de convertir todo en mera mercancía y el consumo masivo controla los anhelos de los ciudadanos, convertidos en consumidores pasivos. Ante esta alienación de la vida cotidiana en el espacio urbano, los situacionistas son conscientes de ese control y adoptan una actitud crítica y contestataria en este contexto, proponiendo otras formas de vivir en la ciudad y generando puntos de vista alternativos que abran nuevas posibilidades de conocimiento de lo urbano. Su revolución se centra en la experiencia cotidiana vivida en la ciudad, en la dimensión concreta de la vida, como alternativas para el surgimiento de subjetividades sociales diferentes. En consecuencia, las propuestas que realizarán los situacionistas para el mundo del arte girarán en relación a experiencias lúdicas por medio del urbanismo, con un análisis más etnográfico de lo urbano. Se trata de una forma de crear conocimiento experimental y procesual, demarcándose con esta actitud de cualquier conocimiento de carácter científico o con valores cuantitativos sobre lo urbano. En definitiva, se busca otra forma de conocimiento de nuestra realidad más próxima, más en relación con las vivencias. Es la psicogeografía una cartografía de vivencias. El deambular como descubrimiento, como una forma de conocimiento. Una estrategia para experimentar nuestra relación con nuestro entorno físico inmediato, escenario de nuestra vida cotidiana. Son mapas compuestos por fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria, no por su funcionalidad sino por su carácter emocional. Estos mapas no se corresponden con las referencias físico-espaciales que sirven para identificar las divisiones administrativas de las ciudades modernas, no son mapas para homogeneizar el espacio. Al no corresponderse con esta funcionalidad, estos mapas de otra naturaleza consiguen reapropiarse de la ciudad y constituyen otra forma de construir conocimiento. Los mapas de los situacionistas son ajenos a las fronteras administrativas de las ciudades que homogeneizan el espacio y se caracterizan por realizar una descripción emocional de ese espacio basado en fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria y por su carácter emocional.
La deriva supone un comportamiento lúdico-constructivo. Los practicantes debían dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y los encuentros que a él corresponden, abandonarse al azar en el deambular por las calles sin más objeto que experimentar los diferentes estados de animo que estas pudiesen provocar en el paseante. La práctica de la deriva, término náutico que significa “ir con la marea”, es utilizada como método para subvertir la homogeneidad de la vida cotidiana en una ciudad. Se propone una utilización experimental del espacio urbano; por ejemplo, se contempla el carácter fragmentario de zonas urbanas diferenciales frente al carácter objetivo y unitario de “la sociedad del espectáculo”. Este tipo de actividad experimental y sin normas preestablecidas de ejecución, donde el azar y la arbitrariedad forman parte de la actividad. La deriva estaría en íntima conexión con lo que se denomina psicogeografía, esto es, el estudio de los efectos del medio geográfico al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos.

martes, 27 de junio de 2017

El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos


Una pregunta que atraviesa a muchos militantes políticos es cómo personas que se ubican en los escalones más bajos en la escalera social pueden votar políticos de derecha, es decir en contra de sus intereses de clase.
Desconozco la respuesta. En general no soy capaz de responder ninguna clase de cuestionamientos directos, carezco de ese carisma. Recientemente escuché en la radio a un analista decir que la forma de votar no necesariamente tiene relación directa con las necesidades socioeconómicas, hay que tomar en cuenta otro tipo de variables
En los años ochenta cayó en mis manos un libro escrito por Wilhem Reich, donde él intentaba comprender la razón del voto de las clases medias al nacionalsocialismo alemán y el por qué el comunismo de aquellos años no llegó a tomar el poder cuando tenía todo como para hacerlo y allanó el camino para que lo hicieran los nazis. Su tesis, siendo muy sobre simplificador ya que perdí aquel libro y solo acudo a mi memoria, era que el factor determinante era la represión sexual. Una teoría que siempre me pareció interesante.
Cuatro siglos antes de Reich, Spinoza ante el atentado de que fueran objeto los hermanos de Witt, se preguntaba cómo el poder consigue que las masas luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvación.
Me resulta claro que algo de razón le asistía a Reich en su tesis. Pero el deseo reprimido es más abarcativo que lo sexual. El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos y busca siempre nuevas conexiones, nuevos encuentros, es definitivamente un flujo de fuerza. El problema ocurre cuando es flujo se bloquea. Cuando eso ocurre es que estamos tomados.
Dice Deleuze: “los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquéllos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos.” Es decir, la cuestión del voto a la derecha de las clases trabajadoras debemos encontrarla por los senderos del inconsciente, donde actúan las estructuras represivas micro bloqueantes.
Todos estamos tomados. Los mass media son una de las tantas armas para modelar un imaginario micro fascista, pero no la única. El desafío es liberar la imaginación colapsada, desbloquear la fuerza del deseo produciendo nuevos encuentros.


miércoles, 9 de marzo de 2016

Entrevista con Anselm Jappe

Anselm Jappe nació y creció en Alemania y estudió filosofía en Italia y en Francia. Es autor de varios libros, entre los cuales: Guy Debord (Anagrama). Las aventuras de la mercancía: Por una nueva crítica del valor (Pepitas de Calabaza, de próxima publicación), Crédito a muerte y El absurdo mercado de los hombres sin cualidades (de la misma editorial). Ha colaborado con las revistas alemanas Krisis y Exit (fundadas por Robert Kurz), que desarrollan la “crítica del valor”. El 17 de diciembre de 2015 se presentó en el Cideci/Universidad de la Tierra Chiapas, con la conferencia “En busca de las raíces del mal”.

En entrevista con medios libres de Chiapas, Anselm Jappe habla sobre cómo ciertos conceptos marxistas, en particular la crítica del valor, resultan indispensables para entender la realidad actual, en particular frente a lo que él llama la crisis terminal del capitalismo. Asimismo, Jappe reflexiona sobre las implicaciones que esto tiene en los movimientos emancipatorios actuales.

Buenos días Anselm, ¿puedes presentarte brevemente?

Pues soy Anselm Jappe, viví primero en Alemania, después en Italia y ahora en Francia, siempre viajando mucho. Desde muy joven, pensaba que este mundo debía ser cambiado radicalmente, lo que me llevó a participar en algunas luchas prácticas en mi vida pero sobre todo a intentar alcanzar a una comprensión teórica del mundo que nos rodea. Entonces, todo esto ocurrió esencialmente con la lectura intensiva de la obra de Karl Marx, ya desde la adolescencia, pero también de los situacionistas, y de lo que se llama la escuela de Frankfurt con Adorno, sin olvidar autores como Ivan Illich. Es pues en este marco que empecé, en los inicios de los 90, a contribuir a la elaboración de lo que se llama en Alemania la crítica del valor, propuesta inicialmente por la revista Krisis, cuyo autor principal era Robert Kurz, muerto hace tres años. Era una corriente teórica que había nacido fuera de las universidades pero también fuera de las capillas políticas y que tenía por propósito esencialmente retomar una lectura de la realidad por medio de las categorías centrales de Marx, y reconsiderar desde el inicio la teoría crítica, separando radicalmente en Marx lo que podía ser actual hoy en día, el núcleo conceptual de sus tesis, de otra parte de su pensamiento que era llamada el Marx “exotérico”.

Bueno, precisamente para algunos existe el sentimiento de una especie de regreso a Marx hoy en día, o quizás un regreso a “otro” Marx; entonces, ¿en qué medida la aportación de Marx te parece indispensable hoy en día para intentar comprender la realidad social que nos rodea?

Pues precisamente la primera vez que la crítica del valor se presentó a un público más amplio fue con el libro “El derrumbe de la modernización” de Robert Kurz, publicado en 1991 y, claro, su tema principal era el derrumbe de la Unión Soviética. En ese momento, el fin de la Unión Soviética era considerado casi universalmente como el triunfo del capitalismo, como la prueba de que no hay alternativas, evidentemente con mucho júbilo de parte de los burgueses, pero también en la izquierda con un sentimiento de que ya no se podía hacer nada, de que toda perspectiva de emancipación se había perdido.

Es justamente en este momento, cuando las teorías de emancipación y el marxismo particularmente parecían estar en su nivel más bajo, que la crítica del valor empezó a demostrar que era todo lo contrario: el objetivo mismo del libro de Kurz era demostrar que la Unión Soviética había quizás superado la propiedad privada de los medios de producción pero no las categorías centrales del sistema capitalista, es decir la mercancía, el valor, el trabajo abstracto y el dinero. Entonces la Unión Soviética formaba parte por completo de la sociedad mundial de la mercancía. Era una tesis diferente en relación a todas las explicaciones de la URSS únicamente a través de la estructura burocrática, y Kurz demostraba en este libro -bueno, afirmaba en este libro- que el fin de la URSS no era el triunfo del capitalismo occidental sino simplemente una etapa del derrumbe mundial gradual, por etapas, del sistema mundial de la mercancía.

Entonces los 90’s se caracterizaron por una cierta victoria aparente del capitalismo, la euforia de las bolsas, la sociedad del pensamiento post-moderno, pero ya desde el año 2000, los vientos empezaron a cambiar un poco, y mucho más a partir de la crisis del 2008. Las teorías de Marx han demostrado ampliamente no haber dicho su última palabra, pero ahí también tenemos que entendernos, porque existen muchas versiones actuales del marxismo tradicional, a veces en sus peores aspectos -tesis que todavía interpretan el mundo según el esquema de la lucha de clases e incluso eventualmente proponen estrategias leninistas- y es la particularidad de la crítica del valor, demostrar que las categorías centrales que Marx elaboró hace 150 años, o sea el valor, la mercancía, el trabajo abstracto, el dinero y el fetichismo de la mercancía, el capital como relación social -no solamente como una clase de capitalistas sino como una relación social total que comprende todos sus miembros-, entonces todas estas categorías de Marx demuestran ser útiles hoy en día y ser muy importantes para comprender lo que está pasando, por ejemplo para entender por qué hay tal auge de los mercados financieros.

Precisamente, para llegar al análisis de las dinámicas más actuales del capitalismo, en el centro de tu interpretación, está la noción de crisis terminal; entonces, quiere decir que el capitalismo entró desde hace tiempo, pero de manera cada vez más visible, en una crisis terminal. Es una expresión que otros han desarrollado o debatido también. Entonces, cómo, para ti, o para la crítica del valor, y sobre todo para ti, ¿cómo hay que comprender esta noción de crisis terminal del capitalismo?

Primero, y como siempre, hay que subrayar que la elaboración de la crítica del valor es una obra colectiva, y el mayor mérito lo tiene Robert Kurz, no es una teoría personal mía que estoy proponiendo, quiero hacer esta aclaración. Para muchas personas, una de las afirmaciones más sorprendentes de la crítica del valor es la de afirmar que el capitalismo es un sistema abocado a su propia destrucción, y es una afirmación que ha sido realizada en el momento del derrumbe de la URSS. Derrumbe o crisis terminal no quiere decir que todo va a terminar en un día; quiere decir que el capitalismo entró desde hace varias décadas en una fase de declive y que ha ido perdiendo cada vez más su rentabilidad, ya que el capitalismo consiste esencialmente en el hecho de transformar el trabajo, en específico el lado abstracto del trabajo, en valor, valor que toma una forma visible en el dinero. Pero desde el inicio este proceso contenía esta contradicción que sólo el trabajo en el momento de su ejecución crea ese valor; pero la competencia empuja al uso de tecnología y este hecho disminuye la parte de trabajo vivo y entonces disminuye el valor.

Durante mucho tiempo, el capitalismo ha sabido compensar esa pérdida tendencial del valor por medio del aumento gigantesco de la producción, pero incluso este proceso de compensación encontró sus limitaciones al inicio de la década de los 70’s, grosso modo. Además esta crisis interna, o sea con límites internos que el capitalismo no puede superar desde sus propias bases, fue reforzada, en esa misma época, por la crisis energética y la crisis ecológica y vieron el día junto con el descontento creciente por las condiciones de vida creadas por el capitalismo, por la sociedad mercantil que consiguió en una parte del mundo asegurar una mejor satisfacción de las necesidades materiales pero a la vez ha creado más que nunca una sensación de vacío colonizando todas las esferas de la vida y transformando todas las actividades que dan un sentido a la existencia, convirtiéndolas simplemente en consumo de mercancías.

Es también el aspecto subjetivo de la sociedad mercantil que entró enormemente en crisis en los años 70. Entonces crisis terminal no quiere decir… o sea, no es una profecía para el futuro, sino la descripción de algo que ya se está dando, subrayando al mismo tiempo que este proceso es irreversible. Ya no habrá un nuevo modelo de acumulación, ahora el capitalismo solamente vive mediante una huida hacia delante que es sobre todo el endeudamiento, endeudamiento de los Estados, endeudamiento privado.

El capitalismo, según sus propios criterios de solvencia, ya habría quebrado desde hace décadas, entonces sólo puede seguir viviendo gracias a la simulación cada vez más masiva de rentabilidad y entonces, en cada crisis financiera, se aumenta aún más el volumen del crédito en una huida hacia adelante desesperada, y es fácil ver que esto no podrá durar para siempre. Y no lo dice solo la crítica del valor, incluso muchos analistas burgueses afirman que esta carrera no puede tener otra cosa que un final fatal. Sin embargo, extrañamente, son los observadores de izquierda los que se niegan a ver esta crisis definitiva, o sea, o afirman que el capitalismo goza de perfecta salud, y que hay que combatirlo con toda agresividad desde el exterior, o admiten simplemente la existencia de una crisis cíclica que va a ser momentánea y que pronto va a ser resuelta, por ejemplo con la introducción de nuevas tecnologías. Y esto ya no se va a dar porque simplemente toda nueva tecnología desde el inicio utiliza muy poca fuerza de trabajo humano, entonces la informática no puede jugar el mismo papel que el que jugó por ejemplo el automóvil.

Si la crisis final del capitalismo no significa un derrumbe inmediato, ¿puedes dar una precisión sobre la manera en la que podamos imaginar este proceso de derrumbe que se desarrolla en el tiempo? ¿De qué ritmo estamos hablando, de qué temporalidad? Además, si hay efectivamente un agotamiento del motor fundamental del capitalismo, se ve también cómo el capitalismo es capaz de encontrar nuevos modos para evitar este agotamiento, por medio de la expansión del crédito, por medio quizá de formas de explotación casi esclavistas, entonces estas tácticas, para evitar la crisis y reproducirse a pesar de estas dificultades crecientes, parecen extremadamente numerosas… y deja entender que este proceso de derrumbamiento podría llegar a ser largo… entonces ¿cómo concebir esto? Y quizá otra pregunta al mismo tiempo: ¿qué implicaciones tendría todo esto para los movimientos de emancipación?, ¿cómo concebir las posibilidades de acción en esta temporalidad larga que sería la del derrumbe del sistema capitalista?

Bueno, primero es un proceso gradual, quiere decir que se desarrolla en diferentes temporalidades en las diferentes capas de la sociedad, en diferentes regiones del mundo. Un proceso bastante evidente por ejemplo es que hoy en día no se trata de Norte o Sur, o de países ricos o países pobres, más bien sería una estructura con manchas de leopardo, es decir que habría en cada país islotes de ricos, que a menudo son cercados por muros y el resto del país es dejado abandonado. Entonces, hay cierta producción de valor en su modo clásico, por medio de las fábricas, y que podrán continuar probablemente durante un buen tiempo, pero es algo como que se va reduciendo cada vez más, es como algo que se achica, y entonces los demás son dejados a su suerte. Hoy en día, a menudo, el problema principal ya ni es la explotación, aunque evidentemente continua en formas vergonzosas, pero hay sobre todo una buena parte de la población que simplemente es considerada como superflua, excedente, desde el punto de vista del capital, porque no puede ni producir de manera regular y a la larga tampoco puede consumir.

Pero evidentemente toda esta población excedente no se cruza simplemente de brazos esperando su muerte, aunque eso sería lo que la lógica capitalista desearía. Entonces todos los terrenos abandonados, todos los campos arrasados que le capitalismo ha dejado, son terrenos donde podrían nacer movimientos de emancipación, donde también podrían nacer luchas reiteradas alrededor de las migajas de valorización, ya sea bajo la forma de mafias, de gangs, ya sea como el narco, o la esclavitud. Todos estos modos son los modos en los que todas las personas que no pueden participar en el proceso de valorización de manera clásica se organizan de manera diferente. Pero hay que decir que incluso en términos capitalistas esto no puede representar una alternativa porque toda esta economía, que podríamos llamar paralela, solo puede funcionar si sigue siendo de alguna manera capaz de parasitar el circuito del capital ahí donde funciona. Por ejemplo, el tráfico de la drogas no podría funcionar si no hubiera países como los EEUU, o incluso países del sur, donde siguen existiendo capas de la sociedad que tienen todavía un poder adquisitivo que les permite comprar la droga.

De la misma manera el milagro económico chino asentó principalmente sus resultados sobre las exportaciones hacia los EEUU, pero si los EEUU por ejemplo padecieran una crisis aún mayor, no podrían importar esa mercancía china, y ese milagro se terminaría muy rápidamente porque en realidad todo el milagro chino está basado en los salarios bajos, y esto quiere decir que no hay mucho poder adquisitivo al interior.

Entonces no se puede hablar muy precisamente, dar números sobre la temporalidad del derrumbe del capitalismo, pero también es seguro que no es una cuestión de 50 años. Incluso observadores burgueses afirman que la crisis ecológica y la crisis energética van a llegar a un punto de no-regreso dentro de 20 años, e incluso los institutos de observación de la bolsa afirman por ejemplo que realmente ya hemos llegado al punto de ruptura y sobre todo, yo pienso, la situación del mercado financiero es tan frágil que cualquier cosita sería suficiente para que todo se derrumbe. Hay por ejemplo cifras astronómicas de dinero estacionadas en la esfera financiera y entonces todo ese dinero se basa en la confianza, pero cualquier evento, cualquier crisis económica, incluso en un país tan pequeño como Grecia, podría romper la cuerda, y toda esa masa de dinero podría verterse en la economía real, digamos, y desencadenar una hiperinflación, o sea una hiperinflación mundial, lo que probablemente será una de las próximas etapas de la crisis del capitalismo.

Una última pregunta: ¿cuál es tu mirada sobre los movimientos sociales que se han desarrollado en los últimos años?, ¿cuáles serían los riesgos a evitar?, y, ¿qué es lo que nos puedes decir sobre las perspectivas de emancipación? Porque para ti o para la crítica del valor en general, no se trata solamente de analizar la crisis del capitalismo en sí, se trata más bien de analizarla desde un punto de vista, desde nuestro punto de vista, que es el de una perspectiva de emancipación. Como imaginar… ¿qué puedes decir sobre la necesidad de desarrollar movimientos de emancipación hoy en día, ya que finalmente es la única esperanza de un proceso que permitiría crear otra realidad antes de que el capitalismo haya completamente terminado de destruir el planeta en su conjunto y la humanidad también?

Bueno, una primera cosa importante: la teoría de la crisis afirma que el capitalismo está abocado a desaparecer a mediano plazo, a autodestruirse incluso en ausencia de actores revolucionarios. Esto es muy diferente de lo que decían las generaciones revolucionarias anteriores que combatieron contra un capitalismo que les parecía muy fuerte con la esperanza de que después del final del capitalismo podría llegar el comunismo o el socialismo o la anarquía. Exactamente porque el final del capitalismo siempre ha sido imaginado como la obra de los que lo quieren combatir. Justamente, ahí donde no hay una concepción de los límites internos del capitalismo, la idea es que el capitalismo siempre podrá continuar sobre sus propias bases si no hay una fuerza, en su versión clásica el proletariado industrial, que lo derrumbe, porque ya no lo acepta. Ciertamente, el enfoque elaborado por la crítica del valor voltea de cabeza esta cuestión.

Ciertamente hay algo ineluctable en el agotamiento del capitalismo, aunque las formas de este agotamiento son bastante largas y tortuosas; y no hay ninguna garantía sobre lo que podría llegar después. Nada garantiza que después del capitalismo llegará una forma de sociedad emancipada. Esto sólo es una posibilidad. Entonces la crítica del valor, que desde un principio no tenía nada de universitario, ni nada de puramente contemplativo, tiene como último horizonte un cambio revolucionario de la sociedad. Pero para llegar a eso, el medio más seguro no es el de correr detrás de todo movimiento práctico y de ensalzar todo lo que se mueve bajo la forma de movimiento social. De esta manera no se ayuda ni siquiera a los movimientos sociales. La teoría debe también entender los límites estructurales de ciertos movimientos. Sobre todo, el punto fuerte de la crítica del valor es afirmar que el movimiento obrero histórico, a pesar de ciertos méritos evidentes, también ha tenido como resultado esencial la integración de la clase obrera en la sociedad de la mercancía. Entonces, sobre todo una vez que la burguesía aceptó hacer concesiones, las minorías radicales fueron sacadas del juego rápidamente en pro de lo que se ha llamado la social democracia. Entonces, muchas luchas en el capitalismo, antes y ahora, han sido luchas para una mejor y más justa distribución de ciertas categorías que ya no se discutían, ni se ponían en tela de juicio.

El movimiento obrero clásico quería una distribución más justa del dinero, es decir del valor. Repito, era a menudo una reivindicación completamente legítima, pero en realidad no era anticapitalista. Al contrario, esta integración reforzó al capitalismo. A veces, el movimiento obrero supo mejor lo que era bueno para el capitalismo que los mismos representantes recalcitrantes del capital. Se trata pues de no repetir estos errores y sobre todo, hoy en día, en esta situación de crisis, frente a un pastel que cada día es más chico, el sistema además ya casi no puede otorgar más concesiones.

Entonces el reformismo se ha vuelto hoy en día lo menos realista, paradójicamente; los reformistas se han vanagloriado siempre de ser realistas frente a los radicales, hoy en día es casi lo contrario. Por ejemplo, restablecer un Estado social en Europa como en los años 60 es absolutamente irrealista. Esto quiere decir que hoy en día hay un descontento muy fuerte por la devastación de la vida provocada por la mercancía, devastación que evidentemente se desarrolla en todos los niveles, para los pobres como para los ricos y en todos los países del mundo, pero no todas las reacciones son necesariamente emancipatorias.

Hay también reacciones que, a veces, son simplemente luchas defensivas para mantener un estatus, por ejemplo para mantener un salario, y esto se vuelve muy ambiguo por ejemplo cuando los obreros defienden sus fábricas -por ejemplo fábricas que contaminan mucho- y en otros casos, hay también movimientos que se focalizan en aspectos superficiales como el fenómeno financiero y corren el riesgo de retomar a veces ciertos elementos del anticapitalismo truncado, falso, de la extrema derecha. Son movimientos populistas que desgraciadamente están en auge hoy en día en Europa.

Afortunadamente existen muchos otros movimientos que intentan ofrecer alternativas cualitativas. Es algo que sólo se puede ir elaborando poco a poco, con muchas limitaciones, y evidentemente con muchos errores. Pero lo importante está sobre todo en querer crear una alternativa cualitativa al capitalismo, una sociedad que se base esencialmente en la solidaridad y no en la competencia, una sociedad que habría restablecido de cierto modo las lógicas del don, la circulación de los dones por encima del intercambio de mercancías, una sociedad con una forma de vida que se oponga tanto al individualismo desenfrenado de las sociedades de consumo como al colectivismo totalitarista.

Afortunadamente podemos ver formas a menudo poco espectaculares que intentan construir esta nueva forma de vida. Entonces el término un poco manoseado, “the grassroots revolution”, una revolución desde las raíces del pasto, me parece un término que no hay que desdeñar, además puede encontrar antecedentes bastante nobles, por ejemplo, en el anarquista Gustav Landauer, a principios del siglo XX.

Para terminar: evidentemente no me puedo expresar sobre la experiencia zapatista siendo algo tan extremadamente complejo. Pero puedo decir que lo que he visto en estos pocos días es bastante diferente de lo que había leído, entonces pienso que sería faltar de modestia querer expresarse aquí después de sólo unos cuantos días. Pero en este momento, tengo la impresión que los zapatistas hacen un esfuerzo sincero para evitar muchas de las trampas en las que cayeron los movimientos revolucionarios del pasado y para no reemplazar cierto dogmatismo con otro dogmatismo, intentan siempre elaborar nuevas vías sin caer en un relativismo generalizado, salvaguardando los principios esenciales. Y por lo que he podido entender, tengo la impresión que los zapatistas forman parte de los que quieren realmente ofrecer otra forma de vida, que no quieren integrarse en la sociedad capitalista existente, sino que buscan inventar nuevas formas de felicidad, nuevas formas de imaginario, y contribuir a dar nuevas definiciones de lo que hace que la vida merezca ser vivida.

Bien Anselm, llegamos al final de esta entrevista. Muchas gracias.


martes, 16 de febrero de 2016

¿CÓMO TRATAS A HESTIA: TU HOGAR Y LA TIERRA COMO CASA COMÚN?

Existe actualmente toda una forma nueva de interpretar los antiguos mitos griegos y de otros pueblos. En vez de considerar a los dioses y diosas como entidades existentes, ahora crece la hermenéutica, especialmente tras los estudios del psicoanalista C.G. Jung y sus discípulos J. Hillman, E. Neumann, G. Paris y otros, de que se trata de arquetipos, es decir, de fuerzas psíquicas ancestrales que habitan en nosotros y mueven nuestras vidas. Irrumpen de forma tan vigorosa que los conceptos abstractos no consiguen expresarlas más que mediante relatos mitológicos. En este sentido el politeísmo no significa la pluralidad de divinidades, sino de energías que vibran en nuestra psique.

Uno de esos mitos que tienen un significado profundo y actual es el de la diosa Hestia. Según el mito, es hija de Cronos (el dios del tiempo y de la edad de oro) y de Rea, la gran madre, generadora de todos los seres. Hestia representa nuestro centro personal, el centro del hogar y el centro de la Tierra, nuestra Casa común. Es virgen, no por despreciar la compañía del hombre, sino para poder cuidar con más libertad a todos los que se encuentran en el hogar. Así y todo suele ir acompañada de Hermes, el dios de la comunicación (de donde viene hermenéutica) y de los viajes. No son marido y mujer; son autónomos, aunque vinculados siempre recíprocamente.

Ellos representan dos facetas de cada persona humana, que es portadora simultáneamente del ánimus (principio masculino, Hermes) y del ánima (principio femenino, Hestia).

Hestia significa en griego el hogar con el fuego encendido: el lugar alrededor del cual todos se agrupan para calentarse y convivir. Por lo tanto, es el corazón de la casa, el lugar de la intimidad familiar, lejos del barullo de la calle. Hestia protege, da seguridad y refugio. Además, a ella le corresponde también el orden de la casa y tiene la llave de la despensa para que esté siempre bien abastecida para familiares y huéspedes.

En las ciudades griegas y romanas había siempre un fuego encendido, para expresar la presencia protectora de Hestia (la Vesta de los romanos). Si se apagaba el fuego, era presagio de alguna desgracia. Tampoco se empezaba la comida sin hacer un brindis a Hestia: “para Hestia” o “para Vesta”.

Hestia concretamente significaba también ese rincón donde uno se recoge para estar solo, leer su periódico o un libro y hacer su meditación. Cada persona tiene su “rinconcito” o su butaca preferida. Para saber donde se encuentra nuestra Hestia debemos preguntarnos cuando estamos fuera de casa: ¿cuál es la imagen que nos recuerda mejor nuestro rincón, donde Hestia se oculta? Ahí está el centro existencial de la casa. Sin Hestia la casa se transforma en un dormitorio o en una especie de pensión gratuita, sin vida. Con Hestia hay afecto, bienestar y el sentimiento de estar “finalmente en casa”. Ella era considerada como una araña, por tejer telas que unen a todos, trasmitiendo las informaciones.

Hestia era venerada por todos y la primera en ser reverenciada en el Olimpo. Júpiter defendió siempre su virginidad contra el asedio sexual de algunos dioses más atrevidos.

Nuestra cultura patriarcal y la masculinización de las relaciones sociales debilitaron mucho a Hestia. Las mujeres han hecho bien saliendo de casa y desarrollando su dimensión de animus (capacidad de organizar y dirigir), pero han tenido que sacrificar, en parte, su dimensión de Hestia. En ellas se muestra la dimensión de Hermes, que se comunica y se articula. Han llevado al mundo del trabajo las principales virtudes de lo femenino: el espíritu de cooperación y el cuidado, que hacen las relaciones menos rígidas, pero llega el momento de volver a casa y recuperar a Hestia.

¡Ay de la casa descuidada y desordenada! Ahí surge el deseo de que Hestia se haga presente para garantizar una atmósfera buena, íntima y familiar. Esta no es solo tarea de la mujer sino también del hombre. Por eso en todo hombre y en toda mujer deben equilibrarse el momento de Hermes, estar fuera de casa para trabajar, con el momento de Hestia, de volver al centro donde tiene su refugio y su bienestar.

Hoy, por más feministas que sean las mujeres, están recuperando cada vez más este fino entramado vital.
Hestia no significaba solamente el hogar de la casa o de la ciudad. También designaba el centro de la Tierra donde está el fuego primordial. Hoy ya no es una creencia sino un dato científico. En el centro hay hierro incandescente. Lógicamente, cuando se estableció el heliocentrismo y se invalidó el geocentrismo, hubo un derrumbe emocional de la figura de Hestia, la Casa Común. Pero lentamente se ha ido reconquistando. Si bien la Tierra ya no es el centro físico del universo, sigue siendo el centro psicológico y emocional. Aquí vivimos, nos alegramos, sufrimos y morimos. Incluso viajando a los espacios exteriores, los astronautas siempre mostraban tener nostalgia de la Madre Tierra, donde está todo lo que es significativo y sagrado.

Hoy tenemos que rescatar a Hestia, protectora de la Casa Común, mantener su fuego vivo y darle sostenibilidad. No le estamos dando el trato de honor que merece, por eso ella nos envía quejas con el calentamiento global y las calamidades naturales. No debemos rebajar a Hestia a mero repositorio de recursos sino tratarla como la Casa Común que debe ser bien cuidada para que siga siendo nuestro hogar acogedor y bienhechor.


Leonardo Boff 
22 ENE 2016

jueves, 4 de febrero de 2016

Perseverancia


Primera aproximación. Mantener a las personas superficiales a distancia sin resultar antipático. Perseverancia.
Existen momentos en que debemos retirarnos ante fuerzas más poderosas y almas superficiales. No se puede conformar a todos ni apaciguar mentes superficiales, ni almas indiferentes. Es preferible en estas circunstancias tomar cierta distancia ya que, en momentos de revés estamos emocionalmente más sensibles y no es conveniente enredarnos en discusiones poco productivas con este tipo de personalidades.
¿El periodo de retirada es una forma de resistencia?
Los tiempos de retirada son confusos. Una retirada no es un fracaso sino un medio para salir del peligro, la meta es la autoconservación. Al resguardarnos del desastre inminente nos damos tiempo para recuperarnos, analizar la situación y buscar mejores caminos para avanzar.
Retrayéndose cuando los otros son más.
Recluirse para que no te desestabilicen. Mantener la claridad de mente y no avanzar.
El otro no debe desestabilizarte.
Retirarse es éxito.
El sabio aleja a los vulgares mesuradamente, sin enojarse.
Apartarse, eludir.
En lo pequeño es propicia la firmeza.
Son tiempos confusos, la vulgaridad está a sus anchas. Vulgaridad en las opiniones. Vulgaridad en las acciones. Una vulgaridad que no se reconoce exteriormente sino que se hace visible cuando al ser expresada: el odio, la revancha, la satisfacción ante el dolor ajeno. O, peor aún, la indiferencia ante el sufrimiento del otro. Vulgaridad en la manifestación de lugares comunes que reemplazan a el más mínimo ejercicio de pensamiento.
En estos momentos de restauración de una cosmovisión donde el único fin es el “ganar dinero” toda otra forma de vivir es avasallada por ineficiente.
El concepto de eficiencia se comprende solo con la maximización del beneficio. Una sociedad donde los vulgares solo obtengan un quince por ciento de beneficios es ineficiente. Una sociedad de la mentira. El eufemismo no trasviste solo las palabras, nos presenta a la hipocresía vestida de reina. Se pervierte el concepto cambio para devenirlo retroceso. ¡Y festejamos el engaño! Y militamos el cambio con fervor, cambio que nos arroja a la esclavitud.
Es tiempo donde la riqueza está concentrada en mínimas manos. Manos que amasan su disfrute con el plusvalor de nuestra nuda vida. ¡Y lo festejamos! Si se puede.
¿Desertar es Resistir?
Resistir puede entenderse como oponerse. Oposición directa a una fuerza. Resistir es acumular fuerzas contra la opresión, la explotación.
Toni Negri piensa que en vez de concentrar fuerzas hoy resistir sería “la circulación, la movilidad, la fuga, el éxodo, la deserción: se trata de multitudes que resisten de manera difusa y escapan de las jaulas cada vez más estrechas de la miseria y el poder.”
Resistir es fugar de la obediencia a un gobierno que sirve a intereses concentrados. Desobedecer, no confrontar. Devenir ingobernables. Retirarse. Fugar de un “productivismo desenfrenado aliado a una precarización generalizada, movilización de la existencia de cara a objetivos cuyo sentido escapa a todos”.
Segunda aproximación. Hace unos días recibí un correo electrónico de “Cambiemos”. En se me explicaba la necesariedad del aumento de las tarifas electricas debido a que el “país atraviesa una crisis energética y el sistema eléctrico está al borde del colapso.” Por lo tanto, “para ordenar el sistema eléctrico, incentivar la inversión y cuidar a quienes más lo necesitan, se resolvió... recortar los subsidios a la generación y eliminar los que se aplicaban a la distribución de electricidad en Capital y Gran Buenos Aires, que eran los únicos distritos que aún recibían el beneficio. El resto del país le estaba pagando el subsidio de distribución a Buenos Aires... No vamos a seguir escapando al problema, es necesario enfrentarlo juntos con estas medidas, es un largo proceso que llevará al menos dos años, pero es el camino correcto.”
Este camino correcto me hizo recordar unas reflexiones que Rubén Dri expresó en un improvisado grupo operativo en Plaza de Mayo con motivo del acampe de diversos movimientos sociales. Él dijo que recordaramos las palabras que estaban escritas en el cartel por donde Dante entraba al infierno:
“Por mí se va hasta la ciudad doliente, por mí se va al eterno sufrimiento, por mí se va a la gente condenada... Dejen, los que aquí entran, toda esperanza.” Estas palabras de color oscuro vi escritas en lo alto de una puerta; y yo: «maestro, es grave su sentido. » y, cual persona cauta, él me repuso: «debes aquí dejar todo recelo; debes dar muerte aquí a tu cobardía. Hemos llegado al sitio que te he dicho en que verás las gentes doloridas, que perdieron el bien del intelecto. »
Reverberando queda lo de gentes que perdieron el bien del intelecto. Y eso puede ocurrirnos si decidimos tragarnos cualquier disparate sin molestarnos en verificar su significado o analizar sus raíces.
El mismo día en que recibí el dichoso correo electrónico, una persona a la que le tengo cariño me dice con respecto al aumento de las tarifas que es necesario que hagamos este sacrificio porque el país está tan mal. Este pequeño acontecimiento me hizo enojar y mucho. Trague mi bronca pensando tomar para no enredarme en una discusión. Deleuze usa un concepto de Primo Levy que me parece adecuado a esta situación sentí “la vergüenza de ser un hombre”. ¿Por qué? Por no registrar que no es necesario tal sacrificio, que no podemos aceptar flagrantemente tal mentira. Ese supuesto sacrificio solo sirve para que los propietarios del país se enriquezcan aún más.
Sigo reflexionando con Deleuze: resistir es crear, crear es resistir. Resistir a los arrastres de la opinión corriente, a todo ese dominio de interrogación imbécil. El motivo del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar la vida, no deja de matar la vida. Pensar es verdaderamente una resistencia, una liberación de la vida. Pensar es huir del lugar común, de la vulgaridad.

lunes, 21 de diciembre de 2015

EL DÍA QUE LE PRESTÉ MI PARAGUAS A VIDELA

“[...] se me vino a la cabeza una pregunta que en aquel tiempo, y durante los diez años anteriores, se escuchaba seguido: ¿Qué harías si te cruzaras con Videla en un ascensor? [...]”
Ignacio Molina


Quizás mi mujer tenga razón y siempre haya sido un tibio. Me cuesta verme de esa manera, pero, nobleza obliga, resulta una observación adecuada.
Tres veces en mi vida, no una sino tres, me crucé con Videla. Nunca reaccioné, no soy violento. Salvo contadas excepciones, no suelo dirigir mis arranques de furia contra otras personas, me desquito rompiendo cosas.
La primera vez que lo vi había asistido a misa a la Catedral de Mar del Plata, haya por enero del año 79. Estaba yo en uno de los laterales de la nave central, y por una puerta lateral entró tomado del brazo de su mujer. En aquellas fechas era el dueño del gobierno y de las vidas de los ciudadanos de esta nación.
La tercera vez que lo vi, yo estaba haciendo tiempo para entrar a un curso que dictaban en mi sindicato, promediaban los noventa y ya había recibido la gracia del indulto por sus crímenes. Caminaba despreocupadamente por la calle Montevideo cuando lo veo venir en sentido contrario, esta vez me paralicé, me miró y pasó a mi lado. Me quedé de piedra donde estaba, solo atiné a girarme y verlo marchar. No fue muy lejos, entró en el Colegio de Abogados a unos pocos metros.
Es en el segundo encuentro donde quiero detenerme.
Acababa de concluir mi servicio militar. Era un día de lluvia, mi vieja me había regalado un paraguas chino de esos que tocando un botón se expandía, estaba con mi amigo Néstor en la puerta de la Catedral de Lomas de Zamora esperando que comenzaran la celebración de la fiesta patronal de la diócesis, por lo cual calculo que sería septiembre del año 1981.
Hacía unos años que participaba de los grupos de Acción Católica en la parroquia. Cuando rememoro aquellas épocas me pongo a pensar por que me acerqué a la Iglesia y concluyo, tal como lo hace Dolina, que por las chicas. Mi infancia y adolescencia las había transcurrido en colegios de varones, y en mi barrio no había chicas de mi edad. No sabía como tratar con las mujeres, no sabía hablarles, no sabía acercármeles. Mi timidez era una coraza que me asfixiaba. Así que cuando una amigo me acercó a ese mundo y empecé a tener amigas comencé a respirar.
Mis años juveniles son para mi compañera motivo de burla. Para ella que militaba clandestinamente en la JP, soy un tibio.
Vuelvo a aquel día de septiembre del 81. Estábamos con Néstor charlando y se acerca a nosotros Luis, un tipo que no me caía nada bien y que estaba en los primero años del seminario. Por la calle Sáenz, viniendo desde Hipólito Irigoyen, venía Videla, sólo sin compañía. Ninguno dijo nada, lo vimos acercarse a donde nos encontrábamos y quedarse parado donde nosotros estábamos. Había sido invitado especialmente por el obispo de aquel tiempo, Desiderio Collino, Dios lo tenga en su santa gloria y no lo deje volver a hacer daño, a las fiestas patronales. El lameculos de Luis rápidamente me pidió el paraguas y se acercó a Videla y le pidió que lo acompañara a la curia que queda cruzando la plaza Grigera. Néstor y yo, los miramos irse en silencio. Como recordaba ya había concluido mi servicio militar, y a consecuencia de ello había adquirido una tiña particular contra todo lo militar.

Al paraguas lo recuperé.

martes, 14 de julio de 2015

EL LOCO, EN EL TAROT Y EN NOSOTROS

Si un hombre persistiera en su locura, se volvería sabio. William Blake

El Loco es un nómada enérgico, inmortal y presente en todas parles. Es el más poderoso de todos los Arcanos del Tarot. Puesto que no tiene número fijo, es libre de viajar a su capricho, perturbando el orden establecido en sus correrías. Como ya hemos visto, su fuerza le ha conducido a través de los siglos hasta las cartas actuales, donde sobrevive en la forma del Joker o comodín. Ahí también sigue alterando el orden establecido; si es en el poker, puede sustituir al Rey y a toda su corte. En cualquier otro juego, irrumpe inesperadamente creando lo que llamaríamos un jaleo descomunal.

A veces, cuando hemos perdido una carta le pedimos que la sustituya, función que encaja a la perfección con su matiz multicolor y su amor por la mímica. Pero la mayoría de las veces no sirve a un propósito definido. Quizá lo guardamos en la baraja como si fuera una mascota, de la misma manera que la corte mantenía a su bufón. En Grecia existía la creencia de que dar alojamiento a un loco prevenía del mal de ojo. Guardar el Joker en nuestra baraja puede tener una función similar, ya que hay quien ha llegado a llamar a los juegos de cartas «los retratos del diablo».

EL Joker conecta dos mundos entre sí, aquél cotidiano en que la mayoría vivimos la mayor parte del tiempo y el mundo no verbal de la imaginación, poblado por los personajes del Tarot y que visitamos ocasionalmente. Como Puck, el bufón del rey Oberón, nuestro Joker se mueve libremente entre estos dos mundos y, como él también, los confunde de vez en cuando. A pesar de sus maneras algo tramposas, parece importante mantener al Joker en nuestra baraja moderna, para que pueda seguir uniendo los «juegos que la gente juega» con el mundo arquetípico de los antepasados. Sin duda alguna, vigila y transmite nuestros actos a Alguien Allá Arriba.

Actuar como espía del rey era uno de los cometidos importantes del bufón. Tratándose de un personaje privilegiado podía mezclarse fácilmente entre las gentes y husmear entre las charlatanerías y valorar los comentarios políticos. Hay un dicho italiano todavía en uso, «ser como el Loco en el Tarocchi (Tarot)», que quiere decir ser bienvenido en cualquier lugar.

También el loco de Shakespeare podía actuar como el alter ego del rey en otros aspectos importantes. Por ejemplo, en El rey Lear parece simbolizar una sabiduría real que el propio Lear no alcanza hasta el final de la obra. Según James Kirsch, el loco del rey Lear personifica la parte central de la psique, la fuerza que nos guía y que Jung llamó el sí-mismo. En el Tarot, como veremos, el Loco tiene a veces el mismo papel. Y como su equivalente shakesperiano, el bufón no para ni un momento de moverse en la escena irrumpiendo aquí y allá sin que nunca podamos atraparlo. Le gusta estar allí donde hay acción, y si no la hay, la crea.

Frecuentemente, los dibujos de bufones de corte aparecen con un perro. Como el perro real, el bufón también pertenecía en propiedad al rey y los dos acompañaban a su dueño a donde fuese. Podemos pensar fácilmente que la relación entre estos dos «animales» de corte fueron muy estrechas, incluso más que las de amo y animal, ya que, en cierto sentido, eran hermanos.

En muchas barajas de Tarot, el Loco aparece con un perrito que le está mordisqueando, como si tratara de decirle algo. En el Tarot de Marsella podemos imaginar la naturaleza del mensaje del perro. En el Tarot de Waite el animal parece ladrar para avisarle del peligro que tiene delante. En cualquier caso, el Loco está tan cerca de su lado instintivo que parece no hacerle falta mirar por dónde anda, en el sentido literal de la palabra; su naturaleza animal guía sus pasos. En algunas cartas del Tarot, el Loco está dibujado como ciego, enfatizando así su capacidad de actuar por visión interna más que visual, usando la sabiduría intuitiva en lugar de la lógica convencional.

Como el alocado tercer hermano de los cuentos de hadas, que se atreve a entrar donde los ángeles temen hacerlo y consigue la mano y el reino de la princesa, el modo espontáneo como el Loco se enfrenta a la vida combina a la vez sabiduría, locura e insensatez. Cuando se mezclan estos ingredientes en la proporción adecuada, los resultados son milagrosos, pero si se mezcla la fórmula mal, todo puede acabar en un desastre. Entonces es cuando el Loco enloquece, cosa que, tratándose de un loco, no debe extrañarnos. A menudo se lo dibuja como Tonto, con orejas de burro, pues sabe que admitir la propia ignorancia es la mayor sabiduría y la condición necesaria para todo aprendizaje.

Nuestro Loco interior nos empuja hacia la vida, donde la mente pensante es muy prudente. Lo que desde lejos parece un precipicio puede ser, si nos acercamos a la manera del Loco, simplemente un pequeño barranco. Su energía barre cualquier cosa que se le ponga por delante, arrastrando a otros como si fueran hojas llevadas por el viento. Sin la energía del Loco, no seríamos más que meras cartulinas.

En el libro The Greater Trumps, Charles Williams explora una idea similar. Ahí el Loco es la figura central del Tarot. Verle bailar es entender el misterio de toda creación, puesto que su esencia lo abarca todo y es paradójica. Camina hacia adelante, aunque mira hacia atrás, conectando así la sabiduría del futuro con la inocencia de la infancia. Su energía es inconsciente y sin rumbo, pero con un claro propósito en sí mismo. Se mueve fuera del espacio y del tiempo. Los aires de la profecía y la poesía moran en su espíritu. Aunque vaga sin rumbo fijo, permanece intacto a través de los años. Su vestimenta multicolor nos recuerda el arco iris con los destellos de la eternidad. Como las formas de un caleidoscopio que aparecen y desaparecen, así el Loco entra y sale de nuestro mundo, irrumpiendo de vez en cuando entre los Arcanos del Tarot como veremos más adelante.

Su naturaleza cambiante parece expresarse en su cetro de bufón, donde figura una cabeza réplica de la suya, con la que frecuentemente está en seria conversación. Esta idea está realizada en formas muy sutiles. En algunas barajas, un Loco de aspecto serio sostiene un espejo, cuya imagen parece burlarse y le saca la lengua. En una baraja austríaca del siglo XV, una mujer bufón sostiene el espejo ¡hacia nosotros! La imagen en el espejo es aquí la de una triste figura masculina, y aparece una inscripción: «Mujer bufón mirando su cara de idiota en un espejo».

M uchas de las ambigüedades del arquetipo del Loco están dibujadas en una baraja francesa de origen desconocido que alguien me dio hace ya treinta años y que no he visto reproducida en ningún otro lugar. En esta carta, el Loco aparece dibujado como un viejo mendigo con barba blanca y ojos tapados. En su mano derecha lleva su cetro de bufón (su alter ego) de forma que le precede y le guía en sus pasos vacilantes. Quizá hace sonar sus campanillas para advertir al Loco del cocodrilo que espera agazapado. El perrito que ladra a su dueño también parece avisarle de algún peligro. Como señal de que este mendigo está en contacto con su lado instintivo, lleva bajo su brazo izquierdo un violín. Su música le acompañará mientras cante por su cena en el próximo pueblo, ayudándole a mantener su alma en paz y armonía a lo largo del solitario camino.

En marcado contraste con el joven Loco del Tarot de Waite, al que vimos justo a punto de emprender su aventura, este viejo vagabundo se acerca ahora al final de su largo viaje. No es ciego, pero lleva los ojos vendados, indicándonos que su ceguera es voluntaria para no atender a los estímulos que le llegan del exterior, para poder contemplar la vida con el ojo interior. Ha prescindido también de la compañía humana y se dedica a dialogar con su sí-mismo intuitivo, personificado en su cetro de bufón, y con la muda compañía de su perro. La eterna y tradicional figura del arquetipo del triste y sabio Loco se ha mantenido viva en la literatura y el arte a través de los siglos y aparece hoy ante nosotros en la figura del payaso chaplinesco y los tristes bufones, cuyos mundos contemplan al nuestro desde los lienzos de Picasso, Rouault y Buffet. El triste Loco está emparentado con el arquetipo del Viejo Sabio, un prototipo que veremos personificado en ia carta número nueve: El Ermitaño.

El lugar que ocupa este bufón en la serie del Tarot es apropiadamente quijotesco. En algunas barajas, con el número cero, abre el mazo; en otras, con el veintidós, clausura el desfile de los Arcanos. Desde nuestro punto de vista, el hecho de que vaya el primero o el último no tiene importancia; es ambos y ninguno de ellos. Por ser una criatura de movimiento perpetuo, bailará a través de las cartas cada día, conectando interminablemente el principio con el fin.

Como es de esperar, los detalles del vestuario del Loco combinan en su diseño muchos opuestos. Su capucha, aunque concebida como burla de la del monje, revela sin embargo una conexión sería con el espíritu. Sus campanillas son eco del momento más solemne de la misa y, haciéndonos recordar la fe infantil de los locos, nos remiten a la exhortación de San Pablo: «Seamos locos, por la causa de Cristo».

El talismán del bufón, una cresta con cascabeles, combina una verdad muy seria con adornos alegres. El gallo con su canto nos avisa del amanecer de un nuevo concienciamiento, un despertar de nuevo a las antiguas verdades. Por lo que se ve, este milagro no se va a efectuar en los cielos estrellados sino en el alboroto del corral. En lugar de amaneceres irisados y ángeles con trompetas de oro, el Loco nos muestra la cresta de un gallo, ese bello y fértil pájaro que tiene una conexión tan significativa con Getsemaní. A la luz de estos comentarios, parece apropiado pensar que los albigenses, a quienes atribuimos la creación de estos Arcanos, lo escogieron para disfrazarse a sí mismos, como los locos. Sintiéndose traicionados por la corrupción de la Iglesia, ellos también proclamaron un nuevo espíritu; debieron sentirse felices al hacer enloquecer a las autoridades, camuflando sus ideas revolucionarias entre las cartas de una baraja de juego.

El vestido del Loco es el símbolo por excelencia de la unión de diferentes tipos de opuestos. Sus colores variados y su diseño irregular parecen hablarnos de un espíritu en discordia, aunque entre este caos aparente se discierne un modelo de orden. El Loco se presenta a sí mismo como el puente entre el caótico mundo del inconsciente y el ordenado mundo de la conciencia. Por este motivo, como veremos más adelante, lo relacionamos con el arquetipo del Embaucador.

La palabra «loco» (fool) procede del latín follis que quiere decir «fuelle, globo, saco de aire». Una baraja austríaca nos muestra al Loco con capucha de monje y cascabeles, tocando la gaita. En los circos actuales vemos cómo los payasos llevan fuelles y se sacuden mutuamente con capuchas vacías, manteniendo así la sonada locura de sus orígenes. Los fuelles proporcionan el oxígeno necesario para la combustión, de la misma manera que el Loco proporciona el espíritu o el ímpetu para la acción. Él nos «enciende». A veces el Loco del Tarot lleva una pluma en el sombrero, lo cual nos hace pensar también en su conexión con los espíritus celestiales. El bufón puede ser también como un globo, lleno de aire caliente como la palabra «bufón» sugiere (del latín bufo, que significa «sapo» y del italiano buffare «soplar»).

En el Loco los extremos se tocan siempre. William Willeford hace notar que tradicionalmente el bufón estuvo conectado con el falo en ambos sentidos, en el impúdico y en el de fertilidad. El falo se llevaba en las procesiones griegas y romanas, así como también lo llevaban los Arlequines del Renacimiento. Un ejemplo más actual de este tema es el pequeño ser creado por la revista humorística británica Punch, cuyo personaje es un ser diminuto con un inmenso falo. Los bufones de las cortes europeas a menudo llevaban una capucha con forma de falo. Su bastón con dos campanitas colgantes es obviamente otro símbolo de fertilidad; su «herramienta». Al mismo tiempo, este juguete es el cetro del Loco, lo que le conecta con el Rey como su alter ego.
Algunas veces el Loco, a quien pintan como el equivalente del Rey, lleva una corona. La corona es simbólicamente un halo de oro abierto por su parte superior para recibir la iluminación desde lo alto. Así pues, ambos, el rey y el Loco, reciben la inspiración divina. Dado que el rey reina por derecho divino, su equivalente tiene un derecho igualmente divino para criticarle y ofrecerle sugerencias alternativas.

La ilustración siguiente nos muestra un rey y un bufón actuales. Sorprendentemente parecidos en su fisonomía, estos dos personajes llevan coronas idénticas y peculiares. Estos tocados son negros, cuadrados y sólidos en su parte alta, así que parecen techos en miniatura que les protegen a la vez de la iluminación del cielo y de sus lágrimas. Muchos creen que estas coronas no tienen valor hoy en día y a los que las llevan se les ha llamado «cuadrados». Estos tocados hacen que todos sus portadores se parezcan y se comporten de manera similar. Como muestra la ilustración, es difícil saber a veces quién es el rey y quién el bufón. La misión del bufón real era recordarle sus extravagancias, la mortalidad de todas las personas, así como ayudarle a defenderse de los frutos de sus pecados y de su propio orgullo. Un bufón que sea casi igual que el rey no puede serle útil en este aspecto, así como tampoco puede defenderle del «mal de ojo». Como se pudo comprobar en «el caso Watergate» en los años setenta, un tribunal compuesto exclusivamente por tiralevitas está condenado.

Debido a que el Loco contiene polos de energía opuestos, es imposible detenerlo. En el momento en el que pensamos que hemos atrapado su esencia da media vuelta, regresa a su opuesto y se burla desde atrás. Es la combinación de su ambivalencia y de su ambigüedad lo que le hace ser tan creativo. Sobre este aspecto del Loco, Charles Williams dijo: «Se le llama Loco, pues la humanidad piensa que está loco hasta conocerlo; es soberano y nada, y si no es nada, entonces es un muerto viviente». El Loco abarca todas las posibilidades.

Parece significativo que, hoy en día, los jóvenes de corazón de cualquier edad vayan como él, vestidos de colorines y parches, con capuchas y campanas. Muchos se convierten en trotamundos que viajan con un saco con todas sus pertenencias mundanas a la espalda. Alan McGlashan, en su libro The Savage and Beautiful Country, considera este fenómeno como un intento del inconsciente por volver a las raíces a buscar el creativo suelo del Edén, para reactivar el poder ilimitado de la primera creación. Muchos jóvenes abandonan en la actualidad reconocidas instituciones de enseñanza superior para buscar la verdad que se halla más profundamente enraizada en el suelo de su ser esencial. Quizá los colores psicodélicos de los años sesenta y setenta ya presagiaban el amanecer de una nueva conciencia para toda la humanidad.

El nombre francés del Loco, Le Fou, afín a la palabra «fuego» (le feu), hace eco de su conexión con la luz y la energía. Como nos podría decir el mismo bufón: «Soy luz y viajo en la luz» (ambos aman los juegos de palabras). Como un símbolo del fuego de Prometeo, el Loco arquetípico personifica el poder transformador que creó la civilización y que también puede destruirla. Su capacidad para crear o destruir, de orden y de anarquía, se refleja en la manera en que lo presenta el antiguo Tarot de Marsella. Lo descubre andando por su propio camino sin importarle en absoluto lo que la sociedad piense de él, sin siquiera un camino que le guíe, aunque lleva el traje de bufón, lo cual nos indica que posee un lugar preeminente dentro del orden gobernante. En la corte, juega un papel único como compañero del rey, su confidente y crítico privilegiado. Como al Coyote embaucador de los Navajo, al Loco se le concede un papel especial en el orden social. Su presencia sirve a los poderes reinantes como recordatorio de que la necesidad de anarquía existe en la naturaleza humana y que debe de tenerse en cuenta.

La presencia de bufones en cortes y familias nobles empezó en época muy remota y se mantuvo hasta el siglo XVII. Esta práctica nos muestra la idea de que hemos de dejar un lugar al factor que rechazamos en nosotros y admitirlo en nuestra pequeña corte interior, lo que psicológicamente significa que lo hemos de admitir. Es bueno mantener al Loco visible, donde podamos vigilarlo. Si lo excluimos de nuestra conciencia puede jugarnos malas pasadas que, aunque puedan ser «prácticas», son a veces difíciles de apreciar. Si lo aceptamos en nuestro interior, el Loco puede traernos ideas frescas y nuevas energías. Si vamos a beneficiarnos de su vi talidad creativa, hemos de estar dispuestos a soportar su comportamiento poco convencional. Sin sus observaciones crueles y sus sabias amonestaciones nuestro paisaje interior podría tornarse estéril. Así, el antiguo refrán que dice «albergar en casa a un loco protege del mal de ojo» no es solamente una superstición, sino que es una verdad psicológica de valor constante.

Otra técnica usada en la antigüedad para asegurar a la sociedad contra las sublevaciones imprevistas de las necesidades cíclicas de destrucción era conceder ciertos períodos de permisibilidad, como las Fiestas de los Locos, donde se suspendían por unos días todos los convencionalismos establecidos. En estas ocasiones el orden natural de las cosas se trastocaba. Los rituales más sagrados se parodiaban de manera obscena, se ridiculizaba a los dignatarios del Poder y de la Iglesia, permitiendo así que se ventilaran los sentimientos de rebelión y hostilidad que habían estado reprimidos por mucho tiempo.

Hoy en día el espíritu de esta fiesta saturnal pervive diluido en las celebraciones de Carnaval y, en menor escala, en el día de los inocentes, Nochevieja y San Juan, en circos, desfiles, rodeos, festivales de rock y otros acontecimientos en los que pervive el espíritu festivo. La erupción en nuestra cultura de la magia negra, así como el interés creciente por la brujería y los adivinos, nos indica la necesidad que tenemos de incluir lo irracional de una forma más aceptable.

Hay maneras mucho menos dramáticas de aceptar al Loco en nuestras vidas; una de ellas es admitir libremente nuestra propia locura. Cuando logremos hacerlo en una situación conflictiva, los resultados pueden ser insólitos. Al no hallar resistencia, el antagonismo cae de bruces y el adversario se queda haciendo una pirueta en el aire. Más claramente, la energía que antaño usábamos para defender nuestra propia estupidez se libera para usos más creativos. En cuanto se puede abrir el corazón para admitir al Loco, sucede con frecuencia que la risa disipa la hostiliddad y todas las partes del anterior conflicto terminan con Puck riéndose de la locura de los mortales. En cualquier caso, el Loco es un buen personaje a quien consultar cuando todos nuestros planes se tuercen, dejándonos desvalidos a la deriva. En estas ocasiones, si escuchamos, podremos oírle decir mientras se encoge de hombros: «Aquel que no tiene meta fija, no puede perder nunca su camino».

Como ya he mencionado antes, hay muchísimas versiones del Tarot. Hemos mostrado varias de las diferentes figuras del Loco en el Tarot, ya que cada una de ellas permite resaltar alguna faceta importante de su compleja personalidad. La primera de ellas es una vieja carta suiza que nos lo muestra como puer aeternus, joven de vigor inmortal (aunque tenga siglos de edad). Su cetro recuerda la flauta mágica de Papageno, que podía hacer bailar a sus enemigos tras disipar su odio. Si pudiéramos sintonizar con ella, sin duda seria una bella manera de evitar la discordia y la guerra.

La flauta también nos recuerda aquel infame «Flautista de Hamelin». (Existe de hecho una baraja alemana en la que dibujan al Joker como el flautista seguido por ratas encantadas.) De esta misma manera, el Loco de la baraja suiza puede sacarnos de los convencionalismos en los que estamos inmersos y devolvernos al mundo infantil de la fantasía y de la imaginación. Hay que tener cuidado, sin embargo, con su magia: si olvidáramos pagarle podría tenernos bailando como sus ratones, prisioneros en el mundo de los instintos, sin ningún tipo de salvación hasta que le hayamos pagado la deuda pendiente. Parece urgimos a mantener una buena relación con nuestro Loco. Así, como él, podremos viajar libremente, entrar y salir de los mundos de la fantasía etérea y de la realidad terrena.

Un buen ejemplo del acuerdo laboral entre el mundo de los adultos y el de la eterna niñez se simboliza en la historia de Peter Pan. Este chico, como el flautista de Hamelin, se llevaba a los niños fuera de lo establecido. Aunque no llevara los cascabeles del Loco, podía volar y le gustaba cantar como un gallo. Como el Loco arquetípico, abarca los opuestos, ya que tiene una sombra oscura que sabiamente cosió sobre sí mismo para que no se le perdiera ni olvidara.

Cuando Peter Pan se llevó los niños de la señora Darling al país de Nunca-Jamás, ésta quedó muy desconsolada, así que Peter Pan hizo un trato con lo establecido: Wendy podría vivir en su casa la mayor parte del tiempo con la condición de que, de vez en cuando, apareciera por el país de Nunca-Jamás para ayudar en la limpieza de primavera. Quizá, si admitimos al Loco en nuestra vida, nos enseñe a volar y nos provea de un salvoconducto para su país, siempre que le ayudemos a arreglarse un poco. Por supuesto, necesita nuestro intelecto ordenado en su país de Nunca-Jamás tanto como nosotros necesitamos su vitalidad y su creatividad para nuestro mundo de Siempre-Siempre.

El aspecto engañoso del Loco es realmente engañoso. Como observa Joseph Henderson, el tramposo es completamente amoral. No se somete a disciplina alguna y sólo se deja guiar por su actitud experimental hacia la vida; de la figura de este tramposo finalmente surge la del Héroe-Salvador. Una necesidad ineludible para esta transformación es que el joven tramposo tenga que pagar por sus escándalos. Literalmente, Henderson dice que «el impulso del tramposo nos proporciona el mayor obstáculo para la iniciación y es uno de los problemas más duros que tiene que resolver la educación, puesto que parece como una ilegalidad divinamente sancionada que promete convertirse en heroica».

Debido, quizá, al tardío reconocimiento del poder heroico de la juventud, la sociedad admite hoy sus maneras y modos, vestimentas e incluso cierta ilegalidad en los jóvenes. El hecho de que muchos adultos adopten vestidos y costumbres juveniles puede indicar un intento inconsciente de encontrar en ellos mismos su potencial heroico no realizado.
Algunas veces, este ensayo inconsciente de contactar con el potencial irrealizado de heroísmo interior puede surgir de manera extraña y violenta. Un ejemplo notorio fue el intento de asesinar al presidente Ford, que protagonizó la joven Squeaky Fromm. No contenta con hacer el papel del bufón arquetipo, como un atrevido equilibrio de las reglas y leyes establecidas, Squeaky quiso acabar de una vez con el establishment. «No resultó», dijo ella. Pero este joven Loco descarriado consumó su actuación cuando en la portada de la revista Newsweek (15 de Septiembre, 1975) apareció su fotografía llevando en la cabeza la típica gorra roja del Loco.

En nuestro viaje hacia la individuación, el Loco arquetípico a menudo nos muestra tanto la resistencia como la iniciativa inherentes a su naturaleza, e influye en nuestras vidas de manera más creativa y menos drástica. Su curiosidad impulsiva nos conduce hacia sueños imposibles mientras que, al mismo tiempo, su naturaleza juguetona nos devuelve de nuevo al mundo fácil de nuestra infancia. Sin él no emprenderíamos nunca el esfuerzo del autoco-nocimiento; pero con él estamos siempre tentados de quedarnos vagando por los aledaños. Dado que es una parte de nosotros mismos separada de nuestro ego consciente, puede tendernos trampas mentales, como mínimo confundiendo nuestra lengua o provocándonos lapsus. A veces, sus bromas nos introducen en lugares donde nuestro ego nunca se hubiera atrevido a ir.

Es evidente que el Loco como Héroe-Tramposo puede jugarnos pasadas buenas o malas según el punto de vista de cada uno. Marie Louise von Franz lo califica de «mitad diablo mitad salvador... puede ser a la vez destruido, transformado o reformado al final de la historia». En los siguientes capítulos vamos a ver al Loco del Tarot (y/o héroe) a través de los veintiún estadios de su transformación. Muchos milagros han de suceder para que el loco conglomerado de energías simbolizado por el bufón en la carta cero, emerja en la carta veintiuno como el Mundo, un bailarín sereno que se mueve al ritmo de las esferas.

En la baraja suiza, al Loco se le llama Le Mat, literalmente «el demente». A menudo, los bufones de la corte eran realmente retrasados mentales. Aunque cortos en materia de intelecto, tenían una relación especial con el espíritu. Cuando llama a este Loco «una figura religiosa arquetípica», von Franz la conecta con la función inferior, el término junguiano para el aspecto no desarrollado de la psique. En su libro Lectores on Jung's Typology compara al Loco con «una parte de la personalidad, incluso de la humanidad, que quedó atrás, arrinconada, y por eso lleva aún en sí la totalidad original de la naturaleza».

Cariñosamente llamados a veces «los amigos de Dios», estos locos eran mantenidos y mimados por la sociedad. Esta costumbre sobrevive hoy y tiene su paralelismo en «el tonto del pueblo», que suele ser mantenido y protegido por toda la villa. Solamente en las sociedades que se llaman a sí mismas desarrolladas, estas aberraciones de la norma ya no se toleran sino que se les envía a instituciones.

Si el Loco se presentara por ahícon su nombre italiano, Il Matto, esto es el demente, seguramente lo habrían echado de nuestra sociedad, pues la demencia es una condición del espíritu humano muy temida hoy en día. Aquí también vemos cómo el poder establecido se vuelve cada vez más intolerante con lo que se desvíe de lo que se ha decidido llamar «normal». No cabe la menor duda de que el aumento alarmante del consumo de drogas es atribuible, en parte, a la severidad de las generaciones que nos precedieron. Aparentemente, sólo las drogas podrían hacer que la conciencia se durmiera tanto como para sentirnos capaces de derribar las barreras artificiales que separaban estos dos mundos. Ahora, muchos de los que usaron drogas para dinamitar el camino que les sacaba de aquella rígida prisión cultural, se encuentran desarmados al otro lado de la barrera, incapaces de encontrar cobijo de ningún tipo ante los caóticos vendavales de la psicosis. Las enfermedades mentales aumentan de manera alarmante. Irónica pero no sorprendentemente, la cosa que más temíamos nos ha caído encima.

Paradójicamente, la ruta hacia la verdadera salud pasa a menudo a través del infantilismo y la locura. En ciertas ceremonias primitivas, el médico y el paciente actúan «como locos» para conseguir que el mal imperante se invierta, conviertiéndose en su opuesto. En El rey Lear, el protagonista, desamparado como un niño, tiene que vagar sin ayuda de ningún tipo por las tormentas y por los calores hasta que por fin puede llegar a una nueva, real y clara visión de su alma. Es una característica de la visión interior de Shakespeare que Edgardo, disfrazado de loco, sea el que conduzca a Lear hasta la salud mental. El Loco puede hacer de demonio, induciéndonos a la locura, pero puede también conducirnos hacia el camino de la salvación.

Comentando el aspecto salvador del infantilismo y la locura, McGlashan dice lo siguiente: «El hombre debe regresar hasta sus orígenes personales y raciales, y aprender de nuevo las verdades de la imaginación. Y en este trabajo le van a ayudar dos extraños maestros: el niño, quien ha entrado a medias en el mundo racional del espacio y del tiempo, y el loco, que ha escapado a medias de él. Pues sólo estos dos seres están liberados, de algún modo, de la presión del remordimiento del acontecer diario y del incesante impacto de los sentidos externos que atormentan al resto de la humanidad. Estos dos tipos originales viajan ligeros, van lejos en sus solitarios viajes trayéndonos a veces una ramita brillante del Bosque de Oro por el que se han paseado.»

El Loco como Salvador en potencia es lo que muestra la baraja pintada con cariño a principios de siglo bajo la dirección de A. E. Waite. Este delicioso joven paje con su vestido floreado y una rosa en la mano, parece casi andrógino, combinando de modo feliz las cualidades masculinas y femeninas a la vez. En muchas culturas primitivas los dioses, así como los primeros humanos, se consideraban bisexuales, lo que simbolizaba el primitivo estado de totalidad que existía antes de que se separaran los opuestos: cielo-tierra, macho-hembra.
El vestido que lleva el Loco le conecta, pues, con las dos cosas a la vez: con el poder primordial del Creador y con la inocencia de lo recién creado. A pesar del precipicio que tiene delante, el joven Loco de Waite baila sin preocuparse por ello. Su cabeza está rodeada de las nubes de ensueño de un mundo perfecto, liberado de toda miseria, y su corazón anhela aventuras y amoríos. Tiene un aspecto tan ingenuo como Parsifal. Como Parsifal, el Gran Loco, no tiene ni idea de lo que debe preguntarle a la vida, o ni siquiera que haya que preguntarle algo; tiene, sin embargo, un perrito que puede olfatear el peligro y le ayudará a evitarlo.

Como le sucede a Parsifal, la conexión que tiene el Loco con su aspecto instintivo tiene el poder de salvarle no sólo a él, sino a toda la humanidad- Joseph Campbell ha escrito que es precisamente la completa seguridad que Parsifal tenía en su intuición natural lo que le hacía pasar por alto las costumbres establecidas, los convencionalismos y los consejos de sus mayores, de manera que al final hizo la única y sencilla pregunta necesaria para redimir al Mundo Perdido en su totalidad. Quizás el joven Loco de Waite se salvará a sí mismo (y a todos nosotros). Como le sucede al príncipe Mishkin de El idiota de Dostoievski, es la personificación del poder redentor de la sencillez más la fe. Como todos los locos, ha sido tocado por la mano de Dios.

Dios toca a los locos de muchas maneras; en tiempos pasados, las deformidades del cuerpo se veían como señales especiales de Dios. Enanos, jorobados, eran escogidos a menudo para hacer de bufones en las cortes o casas reales de la época. Algunos padres avariciosos hicieron que sus hijos sufrieran tales deformaciones vendándoles para que pudieran aspirar a ocupar ese lugar tan deseado en la corte. Sin pararse a comprobar si estos seres eran así debido a la mano milagrosa de Dios o a los trucos y La maldad de sus padres, lo cierto es que la mayoría de las veces eran seres dotados de una profundidad y sabiduría insólitas. Excluidos por su deformidad física de los intereses y actividades de la mayoría de las personas, a través de su sufrimiento y de su soledad estas gentes se vieron forzadas a encontrar recursos en su propio interior. La ironía del payaso triste ha sido tema de grandes obras de arte, como el lienzo de Picasso, el de Rouault y también en el escenario, Rigoletto y Pagliacci, pero en ningún sitio ha sido tan admirablemente descrita la dignidad humana y la capacidad del espíritu de trascender el sufrimiento como en Don Sebastián de Morra, de Velázquez.

E l Loco, sea como bufón, como payaso de circo o como tramposo, es siempre un ser solitario y triste que está alejado del cotilleo anónimo que disfruta del mundo que le rodea. En la baraja moderna llamada Tarot acuariano, aparece el Loco que capta esta idea solemne de otra manera. En los anteriores locos de otras barajas, lo hemos visto siempre moviéndose hacia la derecha (tradicionalmente el lado de la consciencia), mientras que aquí lo hace hacia la izquierda, hacia la siniestra (lado de la inconsciencia). Todos los otros locos están saliendo hacia el mundo extravertido de la acción, simbolizando la evolución de la conciencia hacia la experiencia exterior. El Loco acuariano, como no lo hicieron muchos jóvenes de las generaciones anteriores, se marcha de este lipo de realidad para llegar con calma a vislumbrar el borde de otro mundo. Quizás como muchos jóvenes de su edad, está saliendo a la exploración del mundo interior de sueños y visiones. Es de lejos el más solemne de todos los Locos que hemos visto hasta ahora, es el ünico que parece estar mirando hacia donde va. Parece estar dirigiendo su mirada a una meta distante. Aunque esté dibujado como un joven, no hay nada en él que nos haga pensar en un alocado jovenzuelo inexperto que se lance sin meta alguna. Parece como si estuviera pensando seriamente en los pasos de la autorrealización con la dedicación y el propósito que sólo son habituales en la segunda mitad de la vida. Parece como si se retirara de la vida, antes de haberla vivido. Quizás presiente que nuestro mundo y sus valores no le proporcionan oportunidad para la autorrealización. En principio, al regreso de este viaje a su interior, va a traernos nuevas ideas para crear un mundo que haga su esfuerzo más valedero.

El Loco del Tarot acuariano es un espejo fiel de la seriedad y la tristeza de los jóvenes de hoy, que tienen el sentimiento de haber nacido en un mundo que les es extraño, ya que no es el mismo que conocieron sus padres. Margaret Mead señala a menudo que, quienquiera que haya nacido en este mundo después de la segunda guerra mundial, lo hace en un mundo científico y cultural desconocido para sus padres, y que seguirá siéndolo por siempre jamás. El problema no es sólo el de una incomprensión entre ambas generaciones, sino que existe un abismo cultural tan enorme que podría decirse que los jóvenes de hoy han aterrizado en un nuevo planeta, física y psicológicamente.

No cabe duda de que éste es el abismo que el joven del Tarot de Waite no veía venir. ¡Qué gran contraste entre este Loco de fin de siglo y el actual acuariano! Cuando se mira a este nuevo viajero, se siente la confianza de que él sí que tiene la capacidad de convertirse en el Héroe Salvador que matará al dragón y nos conducirá al nuevo reino. Parece que para esto, en primer lugar, jóvenes y mayores, tenemos que bajar y tocar con los pies en el suelo y enfrentar después juntos este abismo real. Quizás hace falta incluso que caigamos dentro y toquemos fondo para encontrar entonces una base común sobre la cual construir un nuevo mundo.

En el Tarot de Marsella el Loco es el número cero, hecho notable, pues el número bajo el cual «nació» nos ilumina dándonos a conocer su carácter y su destino. Como las estrellas, los números brillan con una realidad eterna que trasciende el lenguaje y la geografía. Se les ha llamado «los huesos del universo», puesto que son los arquetipos que simbolizan la interrelación entre las cosas mortales y las inmortales.

Las palabras son la expresión de las ideas de los hombres; los números, expresan las realidades de Dios.

El concepto de cero, desconocido en el mundo antiguo, no apareció en Europa hasta el siglo XII. El descubrimiento de esta aparente «nada» amplió de una manera importante el pensamiento del hombre. Prácticamente, creó el sistema decimal, y filosóficamente descubrió la asombrosa paradoja de que «nada» ocupa un espacio y contiene un poder. Parece, pues, apropiado asignar el cero al Loco. En las antiguas cartas italianas de Tarocchi, el Loco, fiel a la forma, no tenía valor ninguno por sí mismo, pero aumentaba el valor de la carta junto a la cual aparecía. Como el vacío e inútil cero, la magia del Loco puede convertir un uno en un millón.

El poder del cero es inherente a su forma circular. Para experimentar las cualidades que son esenciales a esta forma, nos ayudaría contrastar el tacto de un círculo y el de un cuadrado. Supongamos que se quiere dibujar un círculo perfecto. Lo primero que se hará es fijar una de las partes del compás en un punto, el cual pasará a ser el centro. Después de eso, ya se puede trazar la circunferencia del círculo. Mientras no se haya decidido el centro, no se puede dibujar el círculo. Aquí no cabe preguntarse si el huevo fue antes que la gallina, lo cierto es que el centro es lo primero; es, de hecho, central a todo el concepto de «círculo», cosa que no sucede en ninguna otra figura geométrica.

Un círculo con un punto en su centro es el signo universal para designar el sol, fuente de todo calor, luz y poder. Este jeroglífico también designa el Huevo del Mundo, de cuyo fértil centro surgió y sigue surgiendo toda creación. El loco, cuyo vestido de colores abirragados han llamado muchos el movimiento continuo de lo que no tiene centro, al igual que su número cero, no expresa nada y lo contiene todo Pruebe a dibujar un círculo en el aire; este movimiento es tan natural y tan fácil que habiendo empezado es difícil no llegar hasta el final. Se puede sentir cómo el círculo ha pasado a significar lo naturalmente lleno, el movimiento perpetuo y lo infinito. No le pasa lo mismo, por supuesto, al cuadrado. Para dibujar el más primitivo de los rectángulos se necesitan cuatro trazos diferentes y, además, para hacerlo perfecto, necesita medidas precisas. No es algo que se pueda hacer con una cuerda. El cuadrado perfecto no se encuentra en ningún sitio en la naturaleza: es, pues, una creación del hombre.

El hombre se siente íntimamente ligado al movimiento circular en cada uno de los segundos de su vida a través de su respiración y del fluir de su sangre. El viaje de nuestra vida es también circular, ya que nos movemos desde la intuición infantil de la niñez, a través del conocimiento, otra vez hacia la percepción intuitiva que es la sabiduría de la edad adulta. Un círculo tiene características que son únicas, su indivisibilidad y su indestructibilidad; es por tanto inmortal. No así el cuadrado. Pruebe este experimento. Pinte y recorte un círculo en un cartón, lo parte por el medio y se lo enseña a alguien y le pregunta qué es. Lo probable es que le digan: «dos semicírculos» o bien «un círculo partido por la mitad». Después hace lo mismo con un cuadrado, cortado en diagonal o bien por su mitad vertical, pregunte otra vez qué es lo que ven. La gente le va a contestar ahora: «dos triángulos» o «dos rectángulos», según lo haya cortado. En estos ejemplos, el círculo mantuvo su identidad mientras que el cuadrado la perdió. El cero es asimismo indestructible, ya que no se puede modificar con la suma de algo, ni con la resta, ni con la multiplicación ni con la división.

El círculo refleja la forma de los eternos planetas y de la gran cúpula del cielo, conectando a éstos con nuestro globo terráqueo y recordándonos que nosotros también flotamos en el espacio celeste. Si nos colocamos en una habitación circular cuyas paredes extenores sean de cristal, podríamos abrazar el universo; pero escogemos vivir en cubículos cuadrados cuyas ventanas muestran a nuestra inspección vistas preseleccionadas y enmarcadas para excluir a la naturaleza. Nos gusta repartirnos el mundo de acuerdo con los moldes humanos en vez de exponernos nosotros mismos al libre fluir de la naturaleza que es donde mora y se mueve el Loco inclasificable.

Con lo que hemos dicho hasta aquí puede verse fácilmente que el emblema del Loco se ha convertido en el símbolo de la deidad no manifiesta, del primitivo caos o vado de donde surgió por primera vez el cosmos y todo lo creado. Se le ha conectado con el signo cabalístico «En Soph» o la Luz Ilimitada, el principio activo de la existencia previo a su manifestación material, la nada de la cual proceden todas las cosas. Es por lo tanto lo que en alquimia se llama la Prima Materia o el fondo de las cosas: «aquello en lo que todos empezamos».

El círculo también simboliza el Jardín del Edén, el paraíso, ese bendito estado de inconsciencia e inocencia que la humanidad experimentó antes de caer en las duras realidades de la consciencia. Representa aquel vientre feliz que nos cobijó a todos como aquel «érase una vez», antes de que el conocimiento de los opuestos prohibidos se deslizara en nuestro jardín. Muchas pinturas muestran el jardín del paraíso como un círculo; en el cuadro de Paolo llamado «La expulsión», vemos un círculo en cuyo centro un mundo redondo y verde está rodeado por un arco iris. Es el mundo del Loco y sus colores, el mundo donde vive y desde donde nos visita alguna vez, trayéndonos nubes de su gloria perpetua.

En el cielo que está por encima del Edén, Paolo nos muestra al Señor; con un dedo rígido señala a Adán y a Eva sacándolos de este jardín para hacerles peregrinar sin hogar por siempre jamás. ¿Podemos sentirnos identificados con estos dos? ¡Cómo ansiamos volver al hogar, al vientre del tiempo e introducirnos en él de nuevo! La nostalgia que sentimos de nuestra infancia así como del lugar de nuestro nacimiento refleja la gran añoranza de ser contenidos de nuevo en el Círculo Perfecto.

En muchas pinturas un círculo en el cielo representa un lugar sagrado, un sagrado témenos desde donde los poderes celestiales aparecen de manera milagrosa, desde donde los poderes divinos irrumpen en el conocimiento humano. Esta forma se utilizará en muchas cartas del Tarot, como veremos más adelante, y será comentada en capítulos posteriores. Es interesante observar que la palabra «cifra» nos conecta con la letra hebrea sephiroth, los diez puntos del Árbol cabalístico de la vida donde se manifiesta el poder divino.

En su cuadro «Dios creando el Universo» William Blake utiliza este símbolo para mostrarnos lo que él llama «el habitáculo secreto de la deidad invisible». Desde este círculo, una deidad con barba blanca saca un brazo largo para disponerse a crear, compás en mano, nuestro microcósmico mundo a imagen y semejanza de su Mundo Perfecto. Dado que la deidad no puede crear nuestro mundo sin antes fijar un centro, la pintura de Blake nos tranquilizará mostrándonos que nuestro mundo tiene también su centro, un punto central de orden y significado escondido en el centro, si logramos encontrar el camino hacia él.

Hay mil maneras en las que nuestro mundo refleja el Gran Círculo Superior. Muchas son las culturas que han creado templos e iglesias en forma circular: Stonehenge, Santa Sofía, el templo de Delfos son los ejemplos más destacados. La etimología de la palabra «círculo» nos conecta con todo lo dicho anteriormente. Las palabras inglesas «church» y «kirk» se relacionan con «circle», círculo, y ésta, como lugar de reunión popular, nos remite a iglesia, reunión de fieles. La palabra griega kirkos (pregonero) era el nombre de la imagen del sacerdocio. Vemos pues cómo el Loco, fiel al viaje espiritual, merece este cero así como la pluma de su gorro.

Una creencia muy común es la de atribuir al círculo el poder de expulsar los malos espíritus fuera de su contorno y concentrar y limitar las energías. La mesa redonda del rey Arturo tenía ese significado misterioso y a menudo la pintan con el Santo Grial apareciendo milagrosamente en el centro, mientras alrededor de la misma los caballeros sentados se maravillan. Cualquier mesa redonda, esfera o rueda zodiacal nos hace pensar en una de las características del círculo del Loco, y es la de reunir a las personas alrededor y en relación íntima entre sí. más que en otros lugares donde se está más bien separado y en un orden jerárquico. Un círculo no tiene extremo ni cabecera y cualquier cosa o persona está a igual distancia del centro. Esta puede ser la razón por la que nuestros diplomáticos utilizan este tipo de mesas para resolver los problemas internacionales.

Ciertos discos, que hoy en día despiertan nuestro interés (y que están estrechamente relacionados con el Loco), son los platillos volantes, esos ceros que llegan de mundos presumiblemente superiores y más allá de nuestra comprensión.

Jung nos sugirió que estos «círculos celestes» que se veían o que se creen ver, pueden significar que una nueva imagen de la plenitud está a punto de irrumpir en la consciencia. Estos platillos volantes padecen la misma suerte que todas las visiones internas, se les tacha de «locuras» y se etiquetan como «sin importancia», como le sucede al mismo bufón. La Nada es un símbolo perfecto para el estado de plenitud indivisa precedente a la creación de las cosas. El mundo de la experiencia cotidiana es verdaderamente una ilusión creada por el ser humano, es loque los hindúes llaman «las diez mil cosas». Nosotros creamos el mundo que vemos tanto psicológica como físicamente. Todo lo que hay en él procede de la nada cuando nacemos y todo volverá a la nada cuando muramos; esta nada está fuera del tiempo y del espacio. Es pura naturaleza, es la esencia encubierta, detrás del velo.

«Hacemos barcos de arcilla» decía Lao-Tse, «pero su verdadera importancia está en su oquedad, en su vacío». Para encontrar de nuevo este vacío natural y llenar nuestro espíritu de la infinita bondad del silencio es para lo que se han recuperado la mayoría de los ejercicios de meditación. Mientras no hallemos el silencio que existió antes de la primera palabra de la creación, no podremos encontrar un mundo nuevamente creativo.

La idea del círculo como principio y fin del viaje está expresada simbólicamente por la serpiente mítica que se come la cola, el Uróboros mitológico; se crea, se alimenta de sí mismo y se transforma al tragarse su cola. Su forma circular nos habla de la naturaleza inconsciente, (del primer vientre antes de la creación de los opuestos) deseada al final del viaje.

Según dice san Buenaventura: «Dios es una esfera inaprehensible cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia está en ningún sitio». Fijar al Loco, incluso en el amplio mundo del círculo, es imposible; podríamos decir, quizá, que representa una parte de nosotros la cual, inocente pero sabiendo lo que hace, se ve embarcada en la búsqueda del autoconocimiento. A través de ella tendremos experiencias que nos parecerán locas, pero que luego reconoceremos como cruciales para la conformación de nuestras vidas.

Jung definió el ego como «el centro de la consciencia». El self (sí-mismo) es el término que él usa para denotar el centro de la totalidad de la psique, un centro de amplio conocimiento y estabilidad. Como nos mostrará el Loco con su danza circular, el sí-mismo no es algo que inventemos nosotros, ni es tampoco una zanahoria dorada que llevamos delante de nuestra nariz toda la vida. El sí-mismo es algo que está ahí desde el principio; el ego es, si se quiere, lo que hacemos, el sí-mismo se nos dio. Existe antes de nuestro nacimiento, durante nuestro nacimiento y después de nuestra muerte. Está en nosotros siempre, esperando que volvamos a casa e incluso nos apremia aello, ya que aquí no hay marcha atrás. Nuestro viaje, como el del Loco, es circular. Como dice C. G. Jung: «El ego se enfrenta al sí-mismo, como el móvil a su motor, como el objeto al sujeto. El sí-mismo, como el inconsciente es algo que existe previamente y de donde surge el ego. Es, por decirlo do alguna manera, una prefiguración inconsciente del ego. No soy yo el que se crea a sí mismo, pero sí que me sucedo a mí mismo.»

La iridiscencia del Loco no puede limitarse a palabras, pero la cita anterior parece captar algo de sus colores cambiantes. Podemos decir que el Loco del Tarot es el sí-mismo como una prefiguración inconsciente del ego. Me parece que incluso el Loco encontraría esta definición lo bastante ambigua. Si está riendo, es para demostrarnos que el humor es un ingrediente en nuestras relaciones y algo necesario y agradable para cualquier viaje.

William Butler Yeats lo entendió así. Fue por ahí buscando historietas jocosas del pueblo de Irlanda. En una de éstas, «La reina y el Loco», nos enseña que el Loco de nuestro Tarot vive aún hoy en Irlanda. Aquellos que le vieron dicen que lleva una barba moteada y le gusta aparecer inesperadamente en lugares insólitos. «He oído decir a un hearne, un hechicero, que vive en la frontera de Clare y el país de Gales, que en cada "comunidad de hadas" existe una Reina y un Loco y si uno de ellos te "toca" no te recuperas jamás; solamente podrás recuperarte si te toca otro duende. Él dijo del Loco que era acaso "el más sabio de todos" y lo describió luego "vestido como uno de esos actores que vagabundean por el país..." La mujer del viejo molinero dijo: "Se dice que los duendes son buenos vecinos en general, pero que del contacto con el Loco, de eso no te cura nadie, ¡quedas ido!".»

Del golpe del Loco, uno no se recupera, pero ¿quién quiere recuperarse?


SALLIE NICHOLS