Hemos
visto ya un aspecto del Loco, como la imagen de un espíritu
totalmente libre. Pero también podemos mirarlo desde
otro ángulo, el
del
salto que nos lleve al interior del mundo arquetípico de los
triunfos.
Imagínese
el lector adentrándose en un paisaje extraño. Un mundo de magos, de
gentes colgadas cabeza abajo y de danzarines suspendidos en el aire
luminoso.
Allí
se puede entrar dando un salto desde una cumbre, atravesando una
caverna oscura o un laberinto, o incluso descendiendo por una
conejera en persecución de un conejo
Victoriano que
lleva
un
reloj de bolsillo. Pero de cualquier manera que lo
haga, tiene que estar loco para hacerlo. ¿Por qué mirar al interior
del mundo profundo de la
mente,
cuando puede permanecer seguro en el paisaje habitual del trabajo, el
hogar y la familia? En Moby Dick,
Hermán
Melville advirtió a sus lectores que no dieran ni siquiera un paso
fuera
de la senda ordinaria fijada por la sociedad. Podría ser que no
regresaran.
Y
sin embargo, a los que estén dispuestos a correr el albur, el salto
puede aportarles júbilo y aventura, y finalmente, a quienes tengan
el coraje de seguir avanzando cuando el país
de
las maravillas se vuelve más temible que jubiloso, el salto puede
llevarlos al conocimiento, la paz y la liberación. Lo interesante es
que el
arquetipo
del
Loco
aparece más en la mitología que en la religión estructurada. Una
Iglesia institucionalizada difícilmente puede instar a la gente a
que se aventure más allá de los límites de las instituciones. Las
iglesias nos ofrecen, en cambio, un puerto seguro
para protegernos de los temores de la vida. La mitología nos lleva
directamente al corazón mismo de esos miedos, y en todas las
culturas el paisaje mitológico contiene la
imagen del Truhán, el que empuja, provoca y aturde con su discurso
ininteligible a héroes y reyes, toda vez que estos se apartan del
mundo interior de la verdad.
En
cuanto arquetipo, el
Loco ha encontrado incluso expresión social en el bufón de corte.
Todos conocemos la imagen
del bufón a quien le está permitido decir al rey verdades que nadie
más podría atreverse a expresar. Y
en
la actualidad,
nuestros comediantes y poetas satíricos disfrutan
en alguna medida de igual privilegio.
En
muchos países, el carnaval libera año tras año el desenfreno
que durante los trescientos sesenta días restantes permanece
reprimido. La vida sexual es más libre, algunas leyes suspenden su
vigencia, la gente se disfraza, y un personaje
simbólico se convierte en Rey del Carnaval. Actualmente, en Europa y
América, el 28 de diciembre es un día reservado para jugarretas y
bromas pesadas.
En
algunos de los primeros mazos de Tarot el Loco aparecía como un
gigantesco bufón cortesano, que sobresalía por encima de las
cabezas de la gente que lo rodeaba. Su título era «el bufón de
Dios». El
término se ha aplicado también a idiotas, locos inofensivos y
epilépticos graves; de todos ellos se pensaba que estaban en
contacto con una sabiduría mayor, precisamente porque estaban fuera
de comunicación con el resto de nosotros.
El
arquetipo
perdura también en la mitología popular moderna. Con frecuencia,
por su naturaleza fantástica y primitiva, los libros de historietas
reflejan los temas mitológicos mejor que las novelas. En Batman,
el
principal enemigo del héroe es el Guasón, un personaje que no tiene
pasado y que aparece siempre con el atuendo extravagante del comodín
de un mazo de naipes; una figura, por cierto, que desciende
directamente del Loco de los tarocchi.
La
rivalidad entre Batman
y el Guasón transmite a sus lectores un mensaje clarísimo: no os
rebeléis contra los valores sociales. Apoyad la ley y el orden. En
los últimos años, la revista ha cambiado la descripción del
Guasón, presentándolo más bien como insano que como criminal. Para
la sociedad, la actitud del Loco, que sigue el camino del instinto,
no el de las reglas, es una peligrosa locura.
Hasta
el momento hemos considerado al Loco como el «otro», el que con sus
chistes y sus disfraces nos arranca de nuestra complacencia. En
cuanto «sí mismo», representa la larga tradición del hermano (o
hermana) tonto, a quien sus hermanos mayores desprecian, pero que
finalmente, gracias a su bondad y su ingenio instintivo, es quien se
casa con la princesa (o con el príncipe}.
Lo
curioso es que la imagen del Loco como el sí mismo aparece más en
los cuentos de hadas que en los mitos. Vemos éstos como la
representación de fuerzas demasiado grandes para nosotros; el cuento
de hadas, que es más simple, nos da margen para expresar nuestra
propia tontería y nuestra locura.
Como
esos personajes de los cuentos de hadas que van siempre acompañados
de diversos animales que los ayudan, en casi todos los mazos el Loco
aparece con un compañero.
En el de Waite es un perro que salta, en otros un gato, e incluso un
cocodrilo. El animal simboliza las fuerzas de la naturaleza y el lado
animal del hombre, en armonía con el espíritu que actúa a partir
del instinto. Los perros mitológicos suelen ser terroríficos, como
el Mastín del Infierno, que persigue a las almas perdidas, pero en
realidad se trata de la misma bestia; lo único que cambia es nuestra
actitud. Si niegas tu ser Interior, se volverá feroz. Obedécele,
y se mostrará benigno.
El
hato que el Loco carga a la espalda son sus experiencias.
No las abandona, no las olvida; simplemente ellas no lo controlan,
tal
como frecuentemente los recuerdos y los traumas del pasado controlan
nuestra vida. El hato muestra lo cabeza de un águila, símbolo del
espíritu que asciende. Su instinto superior impregna y transforma
toda experiencia. El águila es también el símbolo de Escorpio
elevado a un nivel superior, es decir, de la sexualidad elevada a la
condición de espíritu. Esta idea de la relación entre sexo y
espírítu
volverá a aparecer con la carta del Diablo.
Como
un vagabundo, el Loco anda con un palo al hombro;
pero el palo es en realidad una vara, símbolo de poder. Tambien
el Mago y el auriga del Carro llevan varas, pero sosteniéndolas
conscientemente y con deliberada firmeza. El
Loco
y el danzarín del Mundo sostienen sus varas de manera
tan descuidada que apenas si las advertimos. ¿Qué puede haber más
tonto que tener una varita mágica y usarla para
llevar la bolsa al hombro? Bien podemos imaginar un cuento de hadas
en que el hermanito tonto se encuentra un palo
al borde del camino y se lo lleva, sin darse cuenta de que es la
varita mágica que perdió el hechicero, y que por eso no se encamina
a la destrucción, como sus dos hermanos mayores, que la buscaban
para usarla en provecho propio.
La
vara de! Loco es negra; las otras dos son blancas. Para la
inconsciencia
del Loco, la fuerza espiritual permanece siempre en estado potencial,
siempre lista, porque él no la dirige conscientemente. Tenemos
tendencia a interpretar erróneamente el color negro, a verlo como
malo, como una negación de la vida. El negro significa más bien la
potencialidad de todas las cosas, la energía infinita de la vida
antes de que la conciencia haya erigido límite alguno. Cuando
tememos al negro o a la oscuridad, tememos a la propia y profunda
fuente inconsciente de la vida.
Como
el comodín, el Loco puede ocupar realmente cualquier lugar en el
mazo, en combinación con y en compañía de cualquier otra carta. Es
la fuerza de animación que da vida a las imágenes
estáticas. En los Arcanos Mayores, el lugar del Loco está allí
donde hay una transición difícil. De ahí su posición al comienzo,
donde se da la transición del mundo cotidiano de los Arcanos Menores
al mundo de los arquetipos. El Loco nos ayuda también a saltar la
brecha que hay entre cada línea y la
siguiente, es decir, desde el
Carro
a la Fuerza, desde la Templanza al Diablo. Para llegar al Carro o a
la Templanza se necesita gran esfuerzo y coraje, y sin la fácil
disposición del Loco para adentrarse de un salto en territorio nuevo
nos detendríamos probablemente en lo que ya hemos logrado.
El
lugar del Loco está también con aquellas cartas donde se hace
difícil el paso, como la
Luna y la Muerte (obsérvese el camino serpenteante que aparece en
cada una de ellas), y donde él nos insta a seguir avanzando a pesar
de nuestros temores.
En
los Arcanos Menores, el Loco se relaciona en primer lugar con todas
las Varas: acción, impaciencia ilusionada, movimiento sin
pensamiento. Pero se relaciona también con las Copas, con la
insistencia de éstas en la imaginación y e! instinto. El Loco, en
realidad, combina estos dos palos. Más adelante
veremos que esta combinación -fuego y agua- representa el camino de
la transformación.
Finalmente,
se plantea la cuestión del lugar del Loco en las consultas
destinadas a la adivinación. He hablado ya de la
importancia de las lecturas para alcanzar un entendimiento más cabal
de las cartas. Más aún: nos ayudan a aplicar a nuestra vida
cotidiana la sabiduría de las cartas. En las lecturas, el Loco nos
habla de coraje y de optimismo, nos insta
a tener fe en nosotros mismos y en la vida. En los momentos
difíciles, cuando la gente que nos rodea nos presiona
para que seamos prácticos, el Loco nos recuerda que quienn
mejor puede decirnos qué hacer es nuestro propio ser interior.
Con
frecuencia, el Loco puede simbolizar comienzos, momentos en que uno
se aventura valientemente, de un
salto,
en una nueva fase de la vida, en particular cuando ese salto se da a
partir de un sentimiento profundo,
no de una planificación cuidadosa.
Lo
que llevamos dicho se refiere al Loco en
su
posición normal, pero debemos tener en cuenta también los
significados
“invertidos”, es decir, los que son válidos cuando la íorma en
que hemos mezclado las cartas hace que el Loco aparezca cabeza abajo.
Los significados invertidos son motivo de controversia entre los
comentaristas del Tarot. Los que expresan los significados con
fórmulas se limitan por lo común a invertir la fórmula: un método
simplista que ha hecho que muchos intérpretes
renunciaran a trabajar con la idea
de los significados invertidos. Pero también podemos considerar
que las inversiones profundizan el significado de una
carta en
cuanto totalidad. En general, una carta invertida indica que las
cualidades que esa carta simboliza se encuentran
bloqueadas, deformadas o encauzadas en otra dirección.
Cuando
el Loco aparece invertido,
eso significa ante todo incapacidad
del consultante para seguir sus instintos. Quizás
haga alusión a no correr un riesgo en un momento decisivo.
ya
sea por miedo o por confiar demasiado en planes previos
y en el consejo práctico de otras personas.
Otro
significado del Loco, cuando se nos presenta invertido, al principio
puede parecer contradictorio con el que acabamos de dar. La
temeridad, la extravagancia, los planes delirantes, parecen todo lo
contrarío al exceso de cautela, y sin embargo se originan en la
misma debilidad, en una incapacidad para actuar
desde adentro. La persona temeraria imprime a su vida un
atolondramiento artificial y consciente, no sólo porque no confia en
su inconsciente para que le sirva de guía, sino también porque
tiene miedo de estar sin hacer nada.
Este
segundo significado invertido hace pensar en otra dimensión del
Loco: la conciencia de que los grandes riesgos sólo se han de correr
en el momento adecuado. Después
de todo, son muchas las veces que se necesita cautela, y también
aquellas en que lo mejor es no hacer absolutamente
nada. El principio básico que nos enseña cualquier oráculo es que
no hay ninguna acción ni ninguna actitud que esté bien ni mal,
a no ser en su contexto adecuado.
A
medida que nos adentremos más en el Tarot, veremos no sólo que las
cartas están impregnadas de este concepto del momento adecuado, sino
que él constituye, en verdad, la clave correcta para usarlas. El
naipe del
mazo
Ríder que ocupa exactamente el punto medio de las tres líneas, es
decir, la Justicia, significa una respuesta adecuada.
RACHEL
POLLACK
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