sábado, 11 de julio de 2015

EL LOCO

Hemos visto ya un aspecto del Loco, como la imagen de un espíritu totalmente libre. Pero también podemos mirarlo desde otro ángulo, el del salto que nos lleve al interior del mundo arquetípico de los triunfos.

Imagínese el lector adentrándose en un paisaje extraño. Un mundo de magos, de gentes colgadas cabeza abajo y de danzarines suspendidos en el aire luminoso. Allí se puede entrar dando un salto desde una cumbre, atravesando una caverna oscura o un laberinto, o incluso descendiendo por una conejera en persecución de un conejo Victoriano que lleva un reloj de bolsillo. Pero de cualquier manera que lo haga, tiene que estar loco para hacerlo. ¿Por qué mirar al interior del mundo profundo de la mente, cuando puede permanecer seguro en el paisaje habitual del trabajo, el hogar y la familia? En Moby Dick, Hermán Melville advirtió a sus lectores que no dieran ni siquiera un paso fuera de la senda ordinaria fijada por la sociedad. Podría ser que no regresaran.

Y sin embargo, a los que estén dispuestos a correr el albur, el salto puede aportarles júbilo y aventura, y finalmente, a quienes tengan el coraje de seguir avanzando cuando el país de las maravillas se vuelve más temible que jubiloso, el salto puede llevarlos al conocimiento, la paz y la liberación. Lo interesante es que el arquetipo del Loco aparece más en la mitología que en la religión estructurada. Una Iglesia institucionalizada difícilmente puede instar a la gente a que se aventure más allá de los límites de las instituciones. Las iglesias nos ofrecen, en cambio, un puerto seguro para protegernos de los temores de la vida. La mitología nos lleva directamente al corazón mismo de esos miedos, y en todas las culturas el paisaje mitológico contiene la imagen del Truhán, el que empuja, provoca y aturde con su discurso ininteligible a héroes y reyes, toda vez que estos se apartan del mundo interior de la verdad.

En las leyendas del Rey Arturo, Merlín figura no solamente como un hechicero y un sabio, sino también como un truhán. Constantemente en presencia de Arturo.aparece disfrazado, de niño, de mendigo, de viejo campesino. El joven rey, seducido ya por la pompa de su alta posición social, jamás reconoce a Merlín hasta que sus compañeros le señalan que una vez más ha sido víctima de sus tretas. Más importante que conocer las leyes o dominar la estrategia militar es la capacidad de ver a través de las ilusiones. Los maestros taoístas eran famosos por las jugarretas que hacían a sus discípulos.

En cuanto arquetipo, el Loco ha encontrado incluso expresión social en el bufón de corte. Todos conocemos la imagen del bufón a quien le está permitido decir al rey verdades que nadie más podría atreverse a expresar. Y en la actualidad, nuestros comediantes y poetas satíricos disfrutan en alguna medida de igual privilegio.

En muchos países, el carnaval libera año tras año el desenfreno que durante los trescientos sesenta días restantes permanece reprimido. La vida sexual es más libre, algunas leyes suspenden su vigencia, la gente se disfraza, y un personaje simbólico se convierte en Rey del Carnaval. Actualmente, en Europa y América, el 28 de diciembre es un día reservado para jugarretas y bromas pesadas.

La imagen que vemos junto al naipe del mazo Rider nos muestra la figura del Loco tal como lo concibió Oswald Wirth. Perteneciente a una tradición más antigua que la de Waite, representa al arquetipo como un vagabundo grotesco. Esta imagen ha sido interpretada de diversas maneras: como el alma antes de la iluminación, como un recién nacido que entra en el mundo de la experiencia, como el principio de la anarquía. Elizabeth Haich ofrece una interpretación interesante de la grotesca imagen del Loco que nos da Wirth. Colocándolo entre el Juicio y el Mundo, describe al Loco como lo que ve el mundo exterior cuando se encuentra frente a alguien que es un verdadero iluminado. Como el Loco no sigue las reglas ni comparte las debilidades del mundo, se le aparece de esa manera, feo y deformado. Haich ve en el rostro del Loco una máscara, pero esa máscara no se la ha puesto él, sino el mundo exterior. La última carta, el Mundo, presenta al mismo iluminado, pero visto desde adentro, es decir, desde sí mismo.

En algunos de los primeros mazos de Tarot el Loco aparecía como un gigantesco bufón cortesano, que sobresalía por encima de las cabezas de la gente que lo rodeaba. Su título era «el bufón de Dios». El término se ha aplicado también a idiotas, locos inofensivos y epilépticos graves; de todos ellos se pensaba que estaban en contacto con una sabiduría mayor, precisamente porque estaban fuera de comunicación con el resto de nosotros.

El arquetipo perdura también en la mitología popular moderna. Con frecuencia, por su naturaleza fantástica y primitiva, los libros de historietas reflejan los temas mitológicos mejor que las novelas. En Batman, el principal enemigo del héroe es el Guasón, un personaje que no tiene pasado y que aparece siempre con el atuendo extravagante del comodín de un mazo de naipes; una figura, por cierto, que desciende directamente del Loco de los tarocchi. La rivalidad entre Batman y el Guasón transmite a sus lectores un mensaje clarísimo: no os rebeléis contra los valores sociales. Apoyad la ley y el orden. En los últimos años, la revista ha cambiado la descripción del Guasón, presentándolo más bien como insano que como criminal. Para la sociedad, la actitud del Loco, que sigue el camino del instinto, no el de las reglas, es una peligrosa locura.

Hasta el momento hemos considerado al Loco como el «otro», el que con sus chistes y sus disfraces nos arranca de nuestra complacencia. En cuanto «sí mismo», representa la larga tradición del hermano (o hermana) tonto, a quien sus hermanos mayores desprecian, pero que finalmente, gracias a su bondad y su ingenio instintivo, es quien se casa con la princesa (o con el príncipe}.

Lo curioso es que la imagen del Loco como el sí mismo aparece más en los cuentos de hadas que en los mitos. Vemos éstos como la representación de fuerzas demasiado grandes para nosotros; el cuento de hadas, que es más simple, nos da margen para expresar nuestra propia tontería y nuestra locura.

Como esos personajes de los cuentos de hadas que van siempre acompañados de diversos animales que los ayudan, en casi todos los mazos el Loco aparece con un compañero. En el de Waite es un perro que salta, en otros un gato, e incluso un cocodrilo. El animal simboliza las fuerzas de la naturaleza y el lado animal del hombre, en armonía con el espíritu que actúa a partir del instinto. Los perros mitológicos suelen ser terroríficos, como el Mastín del Infierno, que persigue a las almas perdidas, pero en realidad se trata de la misma bestia; lo único que cambia es nuestra actitud. Si niegas tu ser Interior, se volverá feroz. Obedécele, y se mostrará benigno.

El Loco de Waite lleva en la mano una rosa blanca. Las rosas simbolizan la pasión, pero aquí el blanco, color tradicional de la pureza, unido a la delicadeza con que es sostenida la flor, indica que las pasiones se han elevado a un nivel superior. Los griegos veían a Eros, el dios del amor, como un bromista que fuerza a las personas más mesuradas a hacer ridiculeces. Pero a los que son ya capaces de expresar su locura y su bufonería no los desquiciará el amor. Los griegos también hablaban de Eros, en otras formas, como la fuerza que anima el universo.

El hato que el Loco carga a la espalda son sus experiencias. No las abandona, no las olvida; simplemente ellas no lo controlan, tal como frecuentemente los recuerdos y los traumas del pasado controlan nuestra vida. El hato muestra lo cabeza de un águila, símbolo del espíritu que asciende. Su instinto superior impregna y transforma toda experiencia. El águila es también el símbolo de Escorpio elevado a un nivel superior, es decir, de la sexualidad elevada a la condición de espíritu. Esta idea de la relación entre sexo y espírítu volverá a aparecer con la carta del Diablo.

Como un vagabundo, el Loco anda con un palo al hombro; pero el palo es en realidad una vara, símbolo de poder. Tambien el Mago y el auriga del Carro llevan varas, pero sosteniéndolas conscientemente y con deliberada firmeza. El Loco y el danzarín del Mundo sostienen sus varas de manera tan descuidada que apenas si las advertimos. ¿Qué puede haber más tonto que tener una varita mágica y usarla para llevar la bolsa al hombro? Bien podemos imaginar un cuento de hadas en que el hermanito tonto se encuentra un palo al borde del camino y se lo lleva, sin darse cuenta de que es la varita mágica que perdió el hechicero, y que por eso no se encamina a la destrucción, como sus dos hermanos mayores, que la buscaban para usarla en provecho propio.

La vara de! Loco es negra; las otras dos son blancas. Para la inconsciencia del Loco, la fuerza espiritual permanece siempre en estado potencial, siempre lista, porque él no la dirige conscientemente. Tenemos tendencia a interpretar erróneamente el color negro, a verlo como malo, como una negación de la vida. El negro significa más bien la potencialidad de todas las cosas, la energía infinita de la vida antes de que la conciencia haya erigido límite alguno. Cuando tememos al negro o a la oscuridad, tememos a la propia y profunda fuente inconsciente de la vida.

Como el comodín, el Loco puede ocupar realmente cualquier lugar en el mazo, en combinación con y en compañía de cualquier otra carta. Es la fuerza de animación que da vida a las imágenes estáticas. En los Arcanos Mayores, el lugar del Loco está allí donde hay una transición difícil. De ahí su posición al comienzo, donde se da la transición del mundo cotidiano de los Arcanos Menores al mundo de los arquetipos. El Loco nos ayuda también a saltar la brecha que hay entre cada línea y la siguiente, es decir, desde el Carro a la Fuerza, desde la Templanza al Diablo. Para llegar al Carro o a la Templanza se necesita gran esfuerzo y coraje, y sin la fácil disposición del Loco para adentrarse de un salto en territorio nuevo nos detendríamos probablemente en lo que ya hemos logrado.

El lugar del Loco está también con aquellas cartas donde se hace difícil el paso, como la Luna y la Muerte (obsérvese el camino serpenteante que aparece en cada una de ellas), y donde él nos insta a seguir avanzando a pesar de nuestros temores.

En los Arcanos Menores, el Loco se relaciona en primer lugar con todas las Varas: acción, impaciencia ilusionada, movimiento sin pensamiento. Pero se relaciona también con las Copas, con la insistencia de éstas en la imaginación y e! instinto. El Loco, en realidad, combina estos dos palos. Más adelante veremos que esta combinación -fuego y agua- representa el camino de la transformación.

Finalmente, se plantea la cuestión del lugar del Loco en las consultas destinadas a la adivinación. He hablado ya de la importancia de las lecturas para alcanzar un entendimiento más cabal de las cartas. Más aún: nos ayudan a aplicar a nuestra vida cotidiana la sabiduría de las cartas. En las lecturas, el Loco nos habla de coraje y de optimismo, nos insta a tener fe en nosotros mismos y en la vida. En los momentos difíciles, cuando la gente que nos rodea nos presiona para que seamos prácticos, el Loco nos recuerda que quienn mejor puede decirnos qué hacer es nuestro propio ser interior.

Con frecuencia, el Loco puede simbolizar comienzos, momentos en que uno se aventura valientemente, de un salto, en una nueva fase de la vida, en particular cuando ese salto se da a partir de un sentimiento profundo, no de una planificación cuidadosa.

Lo que llevamos dicho se refiere al Loco en su posición normal, pero debemos tener en cuenta también los significados “invertidos”, es decir, los que son válidos cuando la íorma en que hemos mezclado las cartas hace que el Loco aparezca cabeza abajo. Los significados invertidos son motivo de controversia entre los comentaristas del Tarot. Los que expresan los significados con fórmulas se limitan por lo común a invertir la fórmula: un método simplista que ha hecho que muchos intérpretes renunciaran a trabajar con la idea de los significados invertidos. Pero también podemos considerar que las inversiones profundizan el significado de una carta en cuanto totalidad. En general, una carta invertida indica que las cualidades que esa carta simboliza se encuentran bloqueadas, deformadas o encauzadas en otra dirección.

Cuando el Loco aparece invertido, eso significa ante todo incapacidad del consultante para seguir sus instintos. Quis haga alusión a no correr un riesgo en un momento decisivo. ya sea por miedo o por confiar demasiado en planes previos y en el consejo práctico de otras personas.

Otro significado del Loco, cuando se nos presenta invertido, al principio puede parecer contradictorio con el que acabamos de dar. La temeridad, la extravagancia, los planes delirantes, parecen todo lo contrarío al exceso de cautela, y sin embargo se originan en la misma debilidad, en una incapacidad para actuar desde adentro. La persona temeraria imprime a su vida un atolondramiento artificial y consciente, no sólo porque no confia en su inconsciente para que le sirva de guía, sino también porque tiene miedo de estar sin hacer nada.

Este segundo significado invertido hace pensar en otra dimensión del Loco: la conciencia de que los grandes riesgos sólo se han de correr en el momento adecuado. Después de todo, son muchas las veces que se necesita cautela, y también aquellas en que lo mejor es no hacer absolutamente nada. El principio básico que nos enseña cualquier oráculo es que no hay ninguna acción ni ninguna actitud que esté bien ni mal, a no ser en su contexto adecuado.

A medida que nos adentremos más en el Tarot, veremos no sólo que las cartas están impregnadas de este concepto del momento adecuado, sino que él constituye, en verdad, la clave correcta para usarlas. El naipe del mazo Ríder que ocupa exactamente el punto medio de las tres líneas, es decir, la Justicia, significa una respuesta adecuada.

RACHEL POLLACK

No hay comentarios.:

Publicar un comentario