El
Loco tiene un nombre, pero no tiene número. Es el único arcano
mayor que no esta definido numéricamente. Representa la energía
original sin limites, la libertad total, la locura, el desorden, el
caos, o también el impulso creador fundamental. En las barajas
tradicionales, dio lugar a personajes como el Comodín o Joker,
que
pueden representar a todas las demás cartas a voluntad, sin
identificarse con ninguna. La frase clave de El Loco podría ser
«Todos los caminos son mi camino».
Su
hatillo de color carne está iluminado desde dentro por una luz
amarilla. El palo que le sirve para llevarlo es azul cielo y su
remate tiene forma de cuchara: es un eje receptivo que lleva la luz
de la Consciencia, lo esencial, el sustrato útil de la experiencia.
En la mano que sujeta eso palo se esconde una hojita verde, signo de
eternidad.
El
Loco es también un personaje musical, puesto que sus ropas están
adornadas con cascabeles. Podríamos ímaginar
que
toca la música de las esferas, la armonía cósmica. En varios
elementos de su traje se encuentran símbolos de la trinidad
creadora: su
bastón
tiene un pequeño triangulo compuesto de tres puntas, uno de loa
cascabeles -el blanco- es un círculo dividido por tres líneas... Se
puede discernir en ello la voluntad de la trinidad cristiana o las
tres primeras sofirot del Árbol de la vida de la Cabala, o los tres
procesos fundamentales de la existencia: creación, conservación y
disolución. El movimiento del Loco está, pues, guiado por el
principio divino o creador. El camino se vuelve azul cielo a medida
que avanza en él: camina por una tierra pura y receptiva,
sacralizándola con sus pasos.
En
el cinturón del Loco se encuentran otros cuatro cascabeles amarillos
que podrían corresponder a los cuatro centros del ser humano
simbolizados por los Palos de los arcanos menores del Tarot: Espadas
(intelectual). Copas (emocional). Oros (corporal) y Bastos (sexual y
creativo). El Loco produce un aporte de energía luminosa en esos
cuatro centros, que también están simbolizados en los cuatro mundos
de la Cabala: Atziloth,
el
mundo divino; Briah,
el
mundo de la creación; Yetzirah,
el
mundo do la formación; y Asiah,
el
mundo de la materia y de la acción.
El
animal que lo sigue, posiblemente un perro o una perra, apoya sus
patas en la base de su columna vertebral, a la altura del perineo, en
el lugar en que la tradición hindú sitúa el centro nervioso que
concentra las influencias de la Tierra.
Si
el Loco fuera un ciego, sería guiado por su animal, pero aquí es él
el que va delante, como el Yo visionario que guía al ego. El yo
infantil está domado; no es necesario seducirlo para dominar la
agresividad. Ha alcanzado un grado de madurez suficiente para
comprender que debe seguir al ser esencial y no imponerle su
capricho, Es la razón por la cual el animal, que se ha vuelto
receptivo, es representado en azul claro. Amigo del Loco, colabora
con el y lo empuja hacia delante. La mitad de su cuerpo se encuentra
fuera del marco de la carta: el hecho de que vaya detrás del Loco
nos permite pensar que también representa el pasado. Un pasado que
no frena el avance de la energía hacia el futuro.
El
traje del Loco es rojo y verde: lleva esencialmente en sí la vida
animal y la vida vegetal. Pero sus mangas azul cielo indican que su
acción, simbolizada por los brazos, es espiritualizada, y su gorro
amarillo lleva la luz de la inteligencia. En este gorro se observa la
presencia de dos medias lunas. Una de ellas, de color amarillo claro
insertada en un círculo naranja, está vuelta hacia el cielo. La
otra, situada en la bola roja que remata la punta trasera del gorro,
está vuelta hada abajo. La luna roja representa el don total de la
acción, y la luna amarilla, la recepción total de la Consciencia.
ALEJANDRO
JODOROWKY
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