Existe una ética del cuerpo de los intelectuales en Latinoamérica
y, cuando esa ética se cumple, el cuerpo corre riesgos concretos, no
castraciones simbólicas. Hernán con sus actividades corrió ese
riesgo. Eduardo Pavlovsky.
El 8 de abril falleció en Buenos
Aires uno de aquellos imprescindibles de los que hablaba Bertol
Bretch. Hernán Kesselman, profesor universitario, médico
psiquiatra, psicoanalista, psicodramatista y psicoterapeuta,
psicoargonauta, antropófago devorador de múltiples libros que
desovaba en máquinas de experimentación.
Analizado por Marie Langer, se
formó con Pichon-Rivière. Nacido en Casilda, en una de las charlas
que mantuve con él creo recordar que me comentó que vivió algunos
años de infancia en Chivilcoy, antes de afincarse definitivamente en
la Capital Federal con su familia.
Hernán Kesselman, en los años sesenta participó de la experiencia
mítica del “Lanús”.
En el año 1956 la dictadura militar encargó a Mauricio Goldemberg
la organización del Servicio de Psicopatología y Neurología del
Hospital General Gregorio Araoz Alfaro (que había perdido su antiguo
nombre de Evita). El Hospital de Lanús era uno de los tres grandes
establecimientos construidos en los barrios industriales del
conurbano bonaerense por el depuesto gobierno peronista. Carrillo los
había concebido para mejorar la atención de la clase obrera.
Al momento de asumir, Goldemberg conocía de primera mano las
investigaciones y experimentaciones sobre la psicoterapia de grupos y
las ventajas dela vida comunitaria, a partir del psicoanálisis, de
Pichon-Rivière y Eduardo Kraft. Por tal motivo no resultó extraño
que ,ante la alta demanda de atención y la escasa cantidad de
residentes, implementara un plan de asistencia psicoterapéutica
basado en los grupos para poder hacer frente a la situación,
reservando la psicoterapia individual para casos especiales.
Siendo un joven residente Kesselman fue una de las figuras de esta
inédita experiencia, para aquel entonces, dirigiendo el Departamento
de Formación del Servicio. El policlínico de Lanús proporcionó la
ocasión de experimentar más allá que el simple desplazamiento del
analista al ámbito público, siendo un lugar donde se modificó la
relación analista-paciente. Fue la hora de los grupos, de los
equipos, de lo multidisciplinario.
Uno de los dispositivos utilizados era el Grupo de Espera, que
solucionaba el problema de las colas de admisión. El paciente
llegaba, sacaba número y tenía que esperar horas para ser atendido
en breves entrevistas individuales. Procedimiento demorado e
insuficiente. Con el Grupo de Espera el paciente llegaba, una
secretaria llenaba su ficha, y era atendido ese mismo día en una
admisión colectiva.
Cuenta Kesselman que “aquella clínica que hacíamos en el Lanús
de los 60, donde la invención de intervenciones terapéuticas estaba
inspirada por el hambre social de ayudar a los pacientes, por todos
los medios posibles, sin prejuicios de autores ni protagonistas de
las intervenciones operativas, construidas muchas veces entre
pacientes y terapeutas en el hospital, describía operaciones que se
reactualizan en lo que hoy se llama esquizo intervenciones […], y
esto ha tenido consecuencias en mis tareas para ensayar diagnósticos
y recursos terapéuticos en lo que denomino, una Clínica de la
Multiplicidad”.
A comienzos de los setentas sería
uno de los líderes de Plataforma, el grupo de analistas que produjo
una resonante ruptura con psicoanálisis institucionalizado de la
Asociación Psicoanalítica Argentina y, por consiguiente, de la
International Psychoanalytical Association.
Como a muchos de los que
trabajaban en el servicio de Goldemberg, sus experiencias allí le
hicieron entrar en contacto con un mundo social y político
radicalmente distinto al de la APA donde se formaron como
psicoanalistas, y comenzaron a cuestionar la estructura jerárquica
del sistema de la APA.
Estos, jóvenes candidatos y
miembros asociados, produjeron un sismo que hizo temblar a la
comunidad analítica. Discípulos de Pichon-Rivière y Bleger
proponían un psicoanálisis comprometido con objetivos sociales.
Durante el congreso internacional
de psicoanálisis realizado en Roma en 1969, un grupo de analistas,
influidos por el Mayo Francés del 68, organizaron un contra congreso
en una cantina. Allí debatieron el sistema de formación, la
estructura jerárquica de la institución. El grupo fue conocido como
Plataforma Internacional.
Al retornar de Roma, Hernán
Kesselman, junto con Armando Bauleo, fundaron la agrupación local de
Plataforma, la cual reclamaba la democratización de la institución
psicoanalítica.
En 1971, a raíz de la negativa
por parte de los directivos de la APA de la publicación del articulo
de Marie Langer “Psicoanálisis y/o revolución social” en la
“Revista de Psicoanálisis”, los miembros de los grupos
Plataforma y Documento renunciaron masivamente a la APA y a la
afiliación a la IPA, lo cual produjo un fuerte impacto en la APA.
Estos grupos pasaron a conformar
la Coordinadora de Trabajadores de la Salud Mental, que funcionó por
algún tiempo en el Sindicato de Trabajadores Gráficos dirigido por
Raimundo Ongaro. La Coordinadora reunía a psicólogos,
psicoanalistas, psiquiatras, enfermeros, sin distinción de
jerarquías.
Dentro de la Coordinadora, los
psicólogos tuvieron oportunidad de recibir formación analítica por
parte de destacados analistas y por fuera de la APA, que estaba
restringida solo a los médicos. A los psicólogos les otorgaba
reconocimiento profesional.
Plataforma cuestionaba al sistema
político que explotaba a las clases oprimidas, a la entrega de las
riquezas nacionales a los grandes monopolios y la represión de toda
manifestación política. Realizaban una crítica detallada de la
estructura jerárquica y elitista de la APA.
Después de marzo del 76, algunos
plataformista se convirtieron en militantes activos en los organismos
de derechos humanos. Otros se exiliaron perseguidos por la dictadura
militar. Hernán debió exiliarse en España.
En Europa vinculó la teoría de
la psicología social pichoniana y el grupoanálisis de Foulkes, y se
nutrió del gran dúo francés Deleuze y Guattari para realizar una
tarea estética en la clínica.
Nos deja en herencia su
teoría-método de Multiplicación Dramática, el concepto de
“disposibles” que nos permite jugar y desplegar, en el
psicodrama, aquellos personajes que nos habitan sin saberlo.
Experimentó la co-visión como forma de supervisión resonante
colectiva horizontal, y ejercitó la transdisciplina que denominó
antropofágica porque devora ideas de otras disciplinas para
transformarse y producir nuevos conceptos.
Maestro de muchos desde su CPO
(Centro de Psicoterapia Operativa), no puedo menos que extrañarte
querido Hernán.
