martes, 23 de abril de 2019

La ciencia de la huida


Estamos bajo el signo de Acuario y los nacidos en este día son normalmente azules con una fuerte predisposición a la huelga feliz. Trabajar con lentitud o mejor, trabajar con calma. o mejor aún,¡no trabajes y punto! Film “Lavorare con lentezza” de Guido Chiesa
La centralidad del programa de los gobiernos que adhieren al neoliberalismo, es la estabilidad financiera, su espectro atraviesa todos los ordenes. Aún así, las finanzas producen pobreza, precariedad y no terminan de ser un factor de estabilidad, transformándose en un peso para la vida social condenando al descarte a millones de personas que se debaten entre la incertidumbre y la angustia (R. Rouvier).
Según informa el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la tasa de desocupación en jóvenes de entre 14 y 29 años fue de 19,3 por ciento en el segundo trimestre de 2018, proceso de expulsión laboral que continuó durante los dos primeros meses del 2019 (www.centrocepa.com.ar). La problemática social es compleja. La pobreza no hace solo referencia a carencias materiales inmediatas sino a la falta absoluta de oportunidades de reconocerse como ciudadanos plenos y conscientes de los derechos y deberes necesarios para construir su propia historia.
Las épocas se suceden a más velocidad que la ideología. Los efectos de lo real-social no inciden directamente en el orden de los pensamientos, sino que deben atravesar dispositivos representacionales imaginarios que definirán el pensar, el sentir y el hacer de las personas. Las situaciones socio-históricas que producen modos de subjetivación se expresan, y a su vez se ocultan, en problemáticas singulares.
Las nuevas tecnologías y la irracionalidad de la tasa de ganancia que obtienen las finanzas, son, entre algunos otros factores, los que nos indican que la concepción del trabajo que heredamos de la modernidad no alcanza, no sirve. Eso que denominamos trabajo quedó obsoleto ante una realidad en transformación.
Así como la aparición del capitalismo requirió la reconfiguración de la esclavitud en trabajo asalariado, hoy día esta concepción debe ser repensada. El pleno empleo es una utopía: no hay trabajo para todos y no lo habrá, excepto que se reduzca la jornada laboral.
Estamos en una profunda crisis del trabajo asalariado. El problema de la superación del trabajo asalariado es el problema principal en el mundo. Dadas las condiciones actuales del desarrollo tecnológico, y en el hipotético caso de que las condiciones económicas para que la producción aumente, son necesarios cada vez menos puestos de trabajo humano para producir cada vez mayores cantidades de productos.
Según Giorgio Agamben la “nuda vida” es la vida sometida al “poder” y a su arbitrio. Hoy la regla es la excepción, vivimos en un estado de urgencia que el poder tiene interés en mantener para justificarse. La "nuda vida" se volvió la norma, y merece ser pensada.
Sometidos a la mano invisible del mercado somos "ganado cibernético que pasta mansamente entre los servicios y mercancías ofertadas". Tenemos, por una parte, una flexibilización general del trabajo, la información, las relaciones interpersonales; por otro lado nos encontramos con una operación de anestesia social, "fundada en la unidad del consumidor ideal, de bienes y servicios, de entretenimiento, de política, de información, el cyber-zombie" (G. Châtelet). La "nuda vida" es producto de esta maquinaria biopolítica que genera el capitalismo financiero.
Entre las muchas cosas que hacen singular este modelo se encuentra su capacidad de culpabilizar a la victima. “Lo último que necesitamos en este momento de alta vulnerabilidad, es que alguien nos diga que es nuestra culpa” (Soledad Castro Virasoro).
Muy frecuentemente, cuando se planifican distintos tipos de campañas de prevención y educación se centran en lo que deben y no deben hacer las victimas, configurando un mensaje perverso, cuyo efecto es el maltrato psicológico, una violencia invisible, que produce en el otro desvalorización, sentimientos de culpa y sufrimiento.
Según esta lógica riqueza y pobreza, éxito y fracaso, salud y enfermedad, son fruto de nuestros propios actos. Los éxitos y fracasos no dependen de cuestiones sociales, sino del individuo y su correcta gestión de emociones, pensamientos y actitudes. Eso aumenta la ansiedad y la depresión. En vez de generar seres satisfechos y completos genera resignación.
Sin embargo, la subjetividad es producida tanto por instancias individuales como colectivas, es plural y polifónica.
El gran trabajo del capital contemporáneo es docilizar. Toda una maquinaria de poder administra y coordina nuestra enajenación, alienación de lo que somos capaces de hacer frente a las limitaciones de nuestra potencia vital.
El desinterés, la falta de ambiciones se asemejan a la resignación. La resignación aparece como consecuencia frente a un destino que se siente inevitable. Algo cuando es inevitable es fatal. Puede, entonces, entenderse una cierta comprensión fatalista de la existencia como una manera de situarse frente a la vida. Este fatalismo pone de manifiesto una peculiar relación de sentido que establecen las personas consigo mismas y con los hechos de su existencia, y que se traducirá en comportamientos de resignación ante cualquier circunstancia. Esta situación subsume a quienes la padecen en la marginalidad y el sufrimiento. Es así como surgen el desamparo, la violencia, la perdida de autoestima y el aislamiento, en un clima creciente de impotencia y desesperanza.
El sentir y el pensar fatalista producen conformismo y sumisión respecto a las imposiciones del destino. La resignación es una pasión triste, que conduce a la parálisis; es un afecto que domina el cuerpo y la imaginación que conlleva pasividad.
No obedezcas a quienes quieren que tu vida se convierta en un contenedor de tiempo vacío. Si tienes que vender tiempo a cambio de dinero, recuerda que ninguna suma, por grande que sea, vale más que tu tiempo” (Andrea Gloppero).
Sostiene Michel Foucault que las maquinarias difusas de poder no existen sin puntos de resistencia. El personaje conceptual Poroto, creación de Eduardo Pavlovsky enseña la huida como estrategia de resistencia micropolítica.
La huida no es una enfermedad, dice Poroto, sino una ciencia”. Las huidas son fundamentos existenciales, permiten diseñar un sentido para la vida. Una retirada humanizante para volver al mundo emocional de otra manera, inventando.
El horror es permanecer fabricando afectos tristes y perder la capacidad o potencia de actuar. La huida de Poroto –su micropolítica resistencial– es la de huir a tiempo de la toxicidad que afecta el cuerpo cuando se descompone en las relaciones tristes. Huir a tiempo es preservarse, la huida es un acto terapéutico existencial.
Poroto es un héroe de la micropolítica de la resistencia. Un héroe que se gestó problematizando y cuestionando la posmodernidad”.