domingo, 16 de diciembre de 2018

Exito o Felicidad?


En el Programa “La isla”, que se emite por Radio Chivilcoy, Luis Rositto suele someter al invitado de turno a un ping pong de preguntas y respuestas. Una de las preguntas interroga sobre ¿éxito o felicidad? El juego busca la velocidad de la respuesta sin importar el polo de la elección. Podemos pensar que el éxito trae la felicidad o que si somos felices el éxito se da por añadidura. Buscamos ser felices y alguno podría preguntar: “¿Ser feliz?… ¿y qué ganas con ello?”. Sin temor a equivocarnos podemos sostener que ninguna ciencia, ni ningunas técnica, puede alcanzar la felicidad.
Tanto el éxito como la felicidad pueden apreciarse como pasiones que esconden el mandato de la competencia. La lucha por alcanzar el éxito. cosa muy difícil de conseguir ya que ¿hay alguna forma de alcanzar de manera individual cuando las condiciones de existencia en el neoliberalismo están dadas para que el proceso de acumulación se restrinja en unos pocos, muy pocos?
La economía liberal, con su culto del beneficio y del éxito, está empapado de la ideología de la felicidad. El proceso de producción globalizado se apoya en una auténtica ideología de la felicidad que, sin embargo, esconde efectos de infelicidad crecientes que se manifiestan en La vida y en el psiquismo, sobre el sistema emocional. Podemos entrever algun indicio en el emerger de formas pánicas o depresivas de la psique social y del comportamiento colectivo.
Una actitud mental predomina hoy en día en el panorama intelectual, el mercado competitivo es considerado como el único medio por el cual es posible la conquista del progreso. La miseria y la marginación son su inevitable precio. Del mismo modo en que la evolución natural con su despiadada selección elimina a los débiles y permite a los fuertes prosperar, así la sociedad humana no puede progresar si no mediante la explotación. El trabajo, la productividad, la competencia son considerados los valores a los que todo debe ser sacrificado.
El imperativo categórico de hoy día manda ser competitivo, si quieres sobrevivir debes ser competitivo. Su consecuencia es la enfermedad mental, que se muestra como una epidemia social. 
Ser competitivo implica recibir y elaborar continuamente una inmensa y creciente masa de datos. Esto provoca un estrés de atención constante y una reducción del tiempo disponible para la afectividad. Esto devasta el psiquismo individual. Depresión, pánico, angustia, sensación de soledad, miseria existencial.
Pero, en una sociedad donde prima la competencia y el poder económico, no se puede decir: estás agotado. Hoy el capital necesita energías mentales, energías psíquicas. Las enfermedades mentales están estallando en el centro de la escena social.
La infelicidad funciona como un estimulante del consumo: comprar es una suspensión de la angustia, un antídoto de la soledad. Pero no es la única manera en que se expresa el malestar.
Fuera de toda duda la gente está triste por su forma de vida, en la actual forma que toma el capitalismo. Y esa tristeza tiene consecuencias en la salud pues merma la potencia de actuar. El principal efecto es un bloqueo del deseo.
Procesar este malestar implica conquistar nuevos territorios existenciales que amplían el campo de nuestras experiencias, enriqueciendo nuestro pensamiento, aumentando nuestra capacidad de existir. El deseo es el proceso de producción de universos psicosociales. Es un proceso para lograr una adaptación activa a la realidad. Sin embargo esta creación de universos psicosociales se enfrentan con un conjunto de actitudes resistenciales, tanto en el nivel individual como en el nivel grupal y el nivel social, que crean situaciones  estereotipadas que impiden o bloquean el proceso.
Las resistencias se manifiestan habitualmente en la forma de dos miedos primarios que originan una perturbación existencial básica. Estos miedos son el miedo a la perdida y el miedo al ataque.
Si fracasa se bloquea el proceso de producción de universos psicosociales, allí se presenta la enfermedad. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, La neurosis, la psicosis son estados en los que se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado.
Cuando predomina el miedo a la perdida el yo proyecta sobre sí mismo la causa del malestar y se va a intoxicar de culpa. Pasa a verse a sí mismo como insuficiente, incapaz, inferior, débil, fracasado, no deseable. Una de las maneras en que va a actuar el deseo para recobrar el equilibrio va a ser el consumo. En el marco de la política de subjetivación dominante, los objetos de ese consumo serán productos de toda suerte que le ofrece el mercado, a veces compulsivamente.
Cuando predomina el miedo al ataque, el yo proyecta la causa del malestar sobre el otro (de raza, género, clase, ideología etc.) y lo demoniza intoxicandose de odio y resentimiento. Eso puede llevar a acciones extremamente agresivas cuyo poder de contagio tiende a crear las condiciones para el surgimiento de una masa fascista. La experiencia de extrema desestabilización que estamos viviendo hoy en el planeta es igualmente portadora de ese tipo de riesgo.
En toda esta reflexión me fue acompañando,como un amigo conceptual, el filosofo italiano Franco Berardi. Y voy a concluir con una larga cita de Deluze: “La idea de base de Spinoza es muy simple, es que hay dos plagas del genero humano… el odio y el remordimiento. Se podría hacer una especie de cuadro psiquiátrico de las afecciones del odio y de las afecciones del remordimiento. Pero lo que le interesa en su manera de ver todo esto no es una psiquiatría; lo que le interesa es, evidentemente, la política. Spinoza se pregunta: ¿Qué es lo que se llama los poderes? El plantea la cuestión del poder de una manera tan ridícula: el poder se opone a la potencia; la potencia es nuestra suerte en nosotros… pero el poder es otra cosa. Se pregunta ¿Qué quiere decir tener el poder sobre alguien? Tener el poder sobre alguien es estar a la medida de afectarlo. Los poderes son fundamentalmente instituciones hechas para afectarnos de tristeza, funciona así y no puede funcionar más que así. Cosas como la esperanza, la recompensa y la seguridad son puestas del lado de los afectos tristes.”
Alejandro Unzaga
Psicodramatista. Tecnico Mecánico en Maquinas Abstractas

La colectiva Actrices Argentinas


La colectiva Actrices Argentinas convocó, el martes 11 de diciembre, a una conferencia de prensa para acompañar la denuncia de la actriz Thelma Fardín. Este fue un acto primordialmente político que hizo visible una situación de opresión y cosificación. Con una consecuencia reparadora ya que se pudo nombrar lo inenarrable, aquello oculto que nos descompone interiormente. Que la palabra ocupe el lugar de lo inefable implica un enorme esfuerzo.
Tal acción tiene, también, un efecto micropolítico. Moldeando posturas, actitudes y formas de percibir las cosas, rompiendo con la naturalizaciones de opresión patriarcal; y esto ocurre no solo con las mujeres, sino también con los varones que nos vemos obligados a desarmar una trama en la que fuimos criados. Desde este punto de vista una sociedad puede definirse por sus líneas de fuga, flujos que hacen evolucionar las costumbres. Estos flujos moleculares son micropolíticos en tanto modifican las condiciones macropolíticas. En este sentido el movimiento feminista funciona como un acelerador de partículas en nuestra sociedad. Es toda la sociedad que comienza a devenir. Pero la liberación es una tarea dolorosa, que produce y producirá resistencias e intentos de reconducir este flujo molecular… pero eso ya es otra historia.