martes, 31 de diciembre de 2019

DEMASIADO REAL


El futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido.
William Gibson
Cuando nos encontramos en familia, con amigos o, quizás, en la peluquería, comentamos series, nos recomendamos algunas que creemos dignas de ser vistas. Nos atrapa la pasión de las series sobre todo desde el boom de los servicios de televisión a la carta tipo Netflix. También las series son un interesante modo de entender la realidad, quizás más divertido que un documental. Las hay dramáticas, policiales, de zombis y comedias. pero una categorizada como “distópica”, Years and Years, nos revela un mundo demasiado cercano. Una cualidad que tienen las distopías es la de enfrentarnos con profecías plausibles que, en esta caso, quizás ya ya comenzó a suceder.
El tema central de la serie es la historia de la familia Lyons desde el 2019 al 2030. Una familia de clase media que se queja frente al televisor de las miserias de nuestras realidad mientras vota al partido conservador.
Una de las capas narrativas de Years and Years dibuja el avance del pensamiento intolerante. Muestra un mundo cada vez más conectado y a la vez cada vez más fragmentario, de fronteras cerradas, de gente librada a su suerte, desesperada y sin salida. Pero la historia imprescindible de Years and Years es el ascenso de Vivienne Rook (interpretada por Emma Thompson). Rook desafía la corrección política y seduce a quienes se sienten defraudados con los partidos tradicionales. Su discurso se dirige al “hombre común”, a sus preocupaciones desoídas por los profesionales de la política, se nutre de la nostalgia del pasado (la vuelta a los valores familiares) y la explotación de miedos sociales alrededor de prejuicios como la xenofobia, la homofobia, el racismo, en resumen, el miedo al diferente, al otro.
Rook es una política a la que nadie toma en serio y que, a pesar de ello, accede a la Jefatura de Gobierno de una Inglaterra post Brexit. Habitual invitada de la televisión, debes su éxito político a su lenguaje racista y sin complejos; busca llegar al poder regando los oídos de con lo que la “gente común” quiere escuchar. Es la única que desde la pantalla le habla a la mayoría, que ve cómo sus condiciones de vida se deterioran, mientras los políticos atienden asuntos que para la población no son importantes. Rook recoge la decepción de años de gobiernos ajustadores. Pero una vez asumido el poder los campos de hacen su aparición en Years and Years, como consecuencia del Brexit, campos privatizados, campos de detención de inmigrantes.
Con Rook dos preguntas se van configurando: ¿por qué trabajan los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación?, planteada allá lejos en el siglo diecisiete por Spinoza. La otra, más cercana en el tiempo, la supo plantear Habermas: ¿es la modernidad un proyecto todavía no realizado?
La modernidad, al mismo tiempo que promete la realización de una sociedad de iguales en sus prácticas, instituye diferentes formas de discriminación y exclusión. Quienes reivindican a la racionalidad moderna, lo hacen reflexionando desde la conservación del principio de igualdad, pero resignificándolo. En la concepción iluminista y kantiana, estandarte de la modernidad, sólo un ser racional puede ser libre, pues sólo un ser racional posee la facultad de obrar por medio de la representación de leyes. La ley debe poder ser universalizable, para todos igual. Este deber es un imperativo categórico. Los hombres, por el hecho de ser hombres, tienen en estos principios su racionalidad. En esta concepción lo universal subordina a la diferencia, lo otro. La razón es el medio para hacer reinar lo idéntico sobre lo diferente. Y lo diferente, en Years and Years, termina en un campo de concentración.
La pregunta de Spinoza nos arrastra a pensar que los procesos macropoliticos no llegan a advertir el factor subjetivo de la historia. En el ascenso de Hitler, mientras la base económica se deterioraba amplias capas de la población se derechizaban, las masas pauperizadas ayudaban a que la reacción política más extrema, tomara el poder. De la crisis surgieron ideologías objetivamente opuestas al interés de la masa.
Vivienne Rook, tocando la fibra más irracional del ser humano, los lleva a elegir en contra de sus intereses. El consumo y la comunicación de masas establecieron un presente donde los acontecimientos se sustituyen con celeridad y sin secuencia. Aislados, alienados en pantallas, estamos solos, abrumados por el bombardeo mediático. Nuestra realidad está caracterizada por cierto declive ideológico y el ascenso del mercado. Nuestros cuerpos, afectados por las relaciones que provienen de la realidad, invisibles al ojo humano, previas a la conciencia y, por tanto, intraducibles al carecer de imagen y palabra, sienten un extrañamiento vivido como amenaza. El mundo vive en nuestro cuerpo provocando malestar.
Si este malestar no puede expresarse, si aquello que carecía de imagen o palabra es impedido que adquiera una forma de expresión, si se bloquea el proceso, sobrevive palpitando en pozos de resentimiento que ignoramos.
Para poder recobrar un equilibrio, nuestra pulsión vital necesita actuar: imagen, palabra, gesto, obra de arte u otra manera de alimentarse, de amar, otro modo de existencia, que permita ser portador de la pulsación que pide paso. La más de las veces no ocurre tal sublimación porque estamos inmersos en un imaginario social individualista y capitalista y patriarcal, que anestesia los efectos de las fuerzas del mundo en nosotros, y nos hace vivirlas como amenazantes. Este imaginario es una Máquina abstracta que actúa de manera inmanente, molecular produciendo formas represivas.
Cuando fracasa la sublimación que pide nuestra pulsión vital, esta deviene fascista. Hay fascismo en cada pozo de resentimiento, que proporcionando a las Vivianne Rook un medio de acción incomparable sobre las masas. La gran genialidad de Years and Years es describir esos nichos de microfascismo, alimentados durante mucho tiempo por las decisiones políticas neoliberales.