jueves, 21 de marzo de 2019

Todo plan está destinado a fracasar




Lo que más extraño era que, cada vez que Alicia observaba un estante cualquiera para contar exactamente lo que había, este estante en particular estaba absolutamente vacío, mientras que los otros estaban llenos a reventar. Cómo se desvanecen las cosas aquí, dijo finalmente con un tono pesaroso, tras haber pasado alrededor de un minuto persiguiendo inútilmente a una gran cosa brillante que tan pronto parecía una muñeca como un costurero, y que siempre se encontraba en el estante superior al que ella miraba. Voy a seguirla hasta la estantería más alta. Supongo que no se atreverá a atravesar el techo. Pero incluso este plan fracasó: la cosa pasó tan tranquila a través del techo, como si estuviera muy acostumbrada a ello. Lewis Carroll, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí
Una de las cosas que más me sorprenden de Chivilcoy son los atardeceres en la Plaza 25 de Mayo. Las copas de los arboles se pueblan de pájaros. Cientos de ellos se posan en las ramas, y otros tantos emprenden vuelos en forma rítmica, imprevisible y simultanea.
Es una “multiplicidad” de pájaros la que puebla la porción de cielo de la plaza . Existe, en cada multiplicidad, un borde, una línea envolvente que constituye a la bandada en tal momento, más allá de la cual la bandada cambia, deja de ser “esa” bandada.
A veces, algún pajarito alcanza ese borde dinámico, se desplaza allí aleatoriamente, momento en el que modifica su movimiento para volver a entrar en el grupo. Otras veces el borde es definido por un pájaro que no pertenece a la bandada, y que puede resultar una amenaza. Este borde o umbral, que define a la bandada, determina un cuerpo, y este cuerpo es un agenciamiento de múltiples cuerpos más simples.
La acción que un cuerpo produce sobre otro implica una mezcla de cuerpos. Un cuerpo que está llamado a actuar sobre otro afectándolo y, a su vez, el otro también lo afecta. Las mezclas de cuerpos pueden ser tanto buenas como nocivas. Es una afección nociva cuando la composición del cuerpo de un individuo cualquiera no conviene con el de otro individuo.
Spinoza, en el Libro II de su Ética, define la individualidad de un cuerpo por la permanencia de una relación de movimiento y de reposo a través de todos los cambios que afectan a todos los múltiples cuerpos de la bandada de los pájaros de la Plaza 25 de Mayo.
Todo tipo de relaciones van a componerse para formar una individualidad. El grupo de los pájaros conforma un cuerpo, al que también denominamos agenciamiento, y nos sirve para hablar análogamente de las relaciones entre las personas, y, porque no, de una misma persona, ya que nuestros cuerpos están hechos de una infinidad de partes en una cierta relación de movimiento y de reposo que nos es característica.
Decíamos que las mezclas de los cuerpos pueden ser tanto buenas como nocivas. Son nocivas cuando el cuerpo que se mezcla con el nuestro tiende a destruir una de nuestras relaciones subordinadas, este es un mal encuentro. Son buenas las mezclas que tienden a mejorar nuestras relaciones características, un buen encuentro. 
Spinoza nos explica que cuando hacemos un encuentro tal que la relación característica del cuerpo que nos modifica destruye o disminuye nuestras relaciones características, nuestra potencia de actuar estará disminuida o destruida. Al contrario, cuando entramos en un encuentro tal que la relación del cuerpo que actúa sobre nosotros, se combina con la relación característica de nuestro propio cuerpo, nuestra potencia de actuar está aumentada. Estos son los dos afectos fundamentales: la tristeza y la alegría. La alegría aumenta nuestra potencia de actuar. La tristeza disminuye o destruye nuestra potencia. El afecto no es un sentimiento personal, tampoco es un carácter, algo inscripto en nuestra esencia, sino que es el efecto de la acción de grupo.
Entonces, un cuerpo, agenciamiento, puede ser definido por el conjunto de las relaciones dinámicas que lo componen, o por su poder de afectar y ser afectado.
Se cuenta que Spinoza detiene la redacción de su Ética en el libro primero, al cabo de su definición de Dios. Una cuestión a resolver lo frena. Esta cuestión toma forma en el Prefacio de su Tratado Teológico Político: cuál es el origen del miedo con el que se quiere controlar a los hombres, a fin de que luchen por su esclavitud, como si se tratara de su salvación. Spinoza denuncia un complot de aquellos que tienen interés en afectarnos con pasiones tristes. Quienes detentan el poder tienen necesidad de la tristeza de sus sujetos para que estos sujetos se sientan culpables y así su potencia de actuar, existir o pensar disminuye. La tristeza no vuelve inteligente, en la tristeza, estamos perdidos. Cuando Spinoza arriba a la conclusión de que los poderes tienen necesidad de que los sujetos estén tristes, puede concluir con su redacción de la Ética.
Spinoza define la esencia de un cuerpo de una manera intensiva, como cantidad intensiva, no lo define por sus formas. Un cuerpo es un agenciamiento, un encuentro de múltiples cuerpos más simples. A partir de esto, Deleuze y Guattari llegan a definir la máquina abstracta como aquella donde la cantidad intensiva determina un encuentro, agenciamiento, de cuerpos. Es el “entre” los cuerpos donde ejerce su acción la máquina abstracta, produce allí un plan que da consistencia al encuentro.
La máquina abstracta permite el funcionamiento del agenciamiento actuando de manera inmanente, molecular. “Las máquinas abstractas ignoran las formas y las sustancias, exceden toda mecánica, se componen de materias no formadas. No tienen formas organizadoras, presentan grados de intensidad”. Las máquinas abstractas actúan en los agenciamientos concretos abriéndolos a otra cosa, conformando un plan, o plano, desterritorializándolo. Plan destinado a fracasar. El fracaso del plan forma parte del propio plan. Siempre algo llega demasiado tarde, o demasiado pronto, y obliga a recomponer todas las relaciones de velocidad y de lentitud, todos los afectos, y modificar el conjunto del agenciamiento cruzando el umbral para dejar el territorio.
El plan inmanente, donde actúa la máquina abstracta, tiene forzosamente que fallar, pero los fallos forman parte integrante del plan, que le hacen saltar de un agenciamiento a otro. Lo propio del plan es que fracase, pues el agenciamiento tiende a devenir a otra cosa, a traspasar el techo.“No puedes embarcar dos veces en el mismo río, pues nuevas aguas corren tras las aguas”(Heráclito, Fragmento 41-42).