Resulta
difícil romper el blanco de la página. Comenzar a escribir, sin plan, partiendo
de algunas intuiciones, creyendo que las ideas se generan en el mismo momento
de escribir.
La
verdad no tiene que ser impuesta, y menos a quienes no estamos en condiciones
de entenderla. No por una cuestión de ignorancia, sino porque el imaginario
social vigente no está en condiciones de aceptarlas. La pregunta es cómo cambia
tal imaginario. La historia es que poderes fácticos la más de poderosos, una
casta privilegiada o corporaciones como camarillas sindicales, militares o la
jerarquía eclesiástica, ejercen violencia, y no solo simbólica, para detener la
acción de imaginarios radicales. Imaginarios motorizados por minorías que
sufren la opresión del imaginario social vigente.
Releyendo
a Spinoza encuentro la idea de que el entendimiento de Dios es causa de nuestro
entendimiento. Cualquier creyente, de cualquier culto religioso, puede
suscribir tal concepto. El problema me surge con la idea que de Dios se hace
Spinoza. Él descree de todo Dios conformado a imagen y semejanza de la forma
humana, de un Dios de poder trascendente, de un Dios tal como lo aprendí en el
catecismo. Dios, creo yo, es la inteligencia colectiva. Nuestro entendimiento
es engendrado por el entendimiento colectivo. Y si alguien va un paso adelante
es porque están dadas las condiciones para esa posibilidad.
El
esfuerzo de superar nuestros propios límites, disolver nuestro yo, aquello que
nos acoraza pero también nos contiene en las fronteras del lugar común del
pensamiento. Pensar es trazar un sendero de fuga de ideas ya establecidas,
categorías estandarizadas, frases hechas. Para salir de ese lugar de confort
necesitamos un traumatismo, que algo nos duela, nos asfixie y así adentrarnos
en la negrura de la estupidez. Estupidez, porque la categoría establecida es un
seguro contra la idiotez.
…
Hacerse
pequeño para constituir algo más grande. Vencer el orgullo, o quizá no vencerlo
convivir armoniosamente con él. Sin exceso de orgullo, al menos que tal exceso no
se prolongue demasiado tiempo. Un poco de orgullo es necesario para soportar
las penalidades a la que estamos sujetos como ciudadanos del capitalismo
mundial integrado. Pero un exceso incrementa tal sufrimiento. Variaciones en el
monto de orgullo.
El
sabio rechaza todo exceso, rechaza la cólera, y rechaza creerse sabio.
…
Leo
el Magníficat, versos que ya no me
dicen nada de tanto escucharlos. Eso ocurre con los textos del Evangelio, desde
chico te los repiten tal letanía que se van vaciando, pierden consistencia. Sin
embargo, tiene aún hoy día, el Magníficat,
dosis similares de crítica al sistema dominante atravesadas por la esperanza de
que venga el brazo de Dios a acabar con la situación de injusticia.
Dios,
que dispersará a los soberbios, derrocará a los poderosos y dará bienes a los
hambrientos. Pero, ¿qué Dios? ¿Quién es Dios?
Un
ser que es infinito porque puede pensar una infinidad de cosas de infinitos
modos. Dios es necesariamente infinito por la virtud de pensar. Entonces, caigo
en la cuenta que Dios habita en lo colectivo. La inteligencia siempre es un fenómeno
colectivo y cuando este se produce, es lo divino lo que se conforma. Nada de
milagros, nada de magia, un proceso de afecciones en confluencia.
…
Hay
autores a los que considero fundamentales, acompañantes o amigos conceptuales,
que me prestan su ayuda para comprender el mundo que me circunda, la situación
en la que me encuentro. Los conceptos que, de ellos, agencio son sencillos,
pues mi inteligencia no me permite mayores sofisticaciones. Sin embargo es
caótico el uso que hago de ello.
Mis
principales acompañantes conceptuales son: Kesselman, Pavlovsky,
Pichon-Riviére, Deleuze, Guattari, Suely Rolnik, Spinoza, Nietzsche, Freud, Marcos,
Mateo, Lucas y Juan (los cuatro evangelistas).
…
¿Cómo
entender el concepto de salud y enfermedad? ¿Cómo abordar lo terapéutico
fugando de lo médico? Me pierdo en los andurriales del paradigma médico en mi
esfuerzo por escapar de este laberinto. La psicología que aprendí en los
espacios que transité está pegada al
paradigma científico donde la reina es la medicina. Para huir necesito nuevas
palabras que den otra luz a conceptos transitados. Sin inventar nuevos
conceptos sino a agenciando los existentes y utilizándolos según mi necesidad. Siguiendo
a Guattari estoy convencido que es preciso fugar del paradigma de la ciencia
para explorar el plano de lo estético y lo ético. Es este un desafío.