jueves, 16 de agosto de 2018

Resulta difícil


Resulta difícil romper el blanco de la página. Comenzar a escribir, sin plan, partiendo de algunas intuiciones, creyendo que las ideas se generan en el mismo momento de escribir.
La verdad no tiene que ser impuesta, y menos a quienes no estamos en condiciones de entenderla. No por una cuestión de ignorancia, sino porque el imaginario social vigente no está en condiciones de aceptarlas. La pregunta es cómo cambia tal imaginario. La historia es que poderes fácticos la más de poderosos, una casta privilegiada o corporaciones como camarillas sindicales, militares o la jerarquía eclesiástica, ejercen violencia, y no solo simbólica, para detener la acción de imaginarios radicales. Imaginarios motorizados por minorías que sufren la opresión del imaginario social vigente.
Releyendo a Spinoza encuentro la idea de que el entendimiento de Dios es causa de nuestro entendimiento. Cualquier creyente, de cualquier culto religioso, puede suscribir tal concepto. El problema me surge con la idea que de Dios se hace Spinoza. Él descree de todo Dios conformado a imagen y semejanza de la forma humana, de un Dios de poder trascendente, de un Dios tal como lo aprendí en el catecismo. Dios, creo yo, es la inteligencia colectiva. Nuestro entendimiento es engendrado por el entendimiento colectivo. Y si alguien va un paso adelante es porque están dadas las condiciones para esa posibilidad.
El esfuerzo de superar nuestros propios límites, disolver nuestro yo, aquello que nos acoraza pero también nos contiene en las fronteras del lugar común del pensamiento. Pensar es trazar un sendero de fuga de ideas ya establecidas, categorías estandarizadas, frases hechas. Para salir de ese lugar de confort necesitamos un traumatismo, que algo nos duela, nos asfixie y así adentrarnos en la negrura de la estupidez. Estupidez, porque la categoría establecida es un seguro contra la idiotez.
Hacerse pequeño para constituir algo más grande. Vencer el orgullo, o quizá no vencerlo convivir armoniosamente con él. Sin exceso de orgullo, al menos que tal exceso no se prolongue demasiado tiempo. Un poco de orgullo es necesario para soportar las penalidades a la que estamos sujetos como ciudadanos del capitalismo mundial integrado. Pero un exceso incrementa tal sufrimiento. Variaciones en el monto de orgullo.
El sabio rechaza todo exceso, rechaza la cólera, y rechaza creerse sabio.
Leo el Magníficat, versos que ya no me dicen nada de tanto escucharlos. Eso ocurre con los textos del Evangelio, desde chico te los repiten tal letanía que se van vaciando, pierden consistencia. Sin embargo, tiene aún hoy día, el Magníficat, dosis similares de crítica al sistema dominante atravesadas por la esperanza de que venga el brazo de Dios a acabar con la situación de injusticia.
Dios, que dispersará a los soberbios, derrocará a los poderosos y dará bienes a los hambrientos. Pero, ¿qué Dios? ¿Quién es Dios?
Un ser que es infinito porque puede pensar una infinidad de cosas de infinitos modos. Dios es necesariamente infinito por la virtud de pensar. Entonces, caigo en la cuenta que Dios habita en lo colectivo. La inteligencia siempre es un fenómeno colectivo y cuando este se produce, es lo divino lo que se conforma. Nada de milagros, nada de magia, un proceso de afecciones en confluencia.
Hay autores a los que considero fundamentales, acompañantes o amigos conceptuales, que me prestan su ayuda para comprender el mundo que me circunda, la situación en la que me encuentro. Los conceptos que, de ellos, agencio son sencillos, pues mi inteligencia no me permite mayores sofisticaciones. Sin embargo es caótico el uso que hago de ello.
Mis principales acompañantes conceptuales son: Kesselman, Pavlovsky, Pichon-Riviére, Deleuze, Guattari, Suely Rolnik, Spinoza, Nietzsche, Freud, Marcos, Mateo, Lucas y Juan (los cuatro evangelistas).
¿Cómo entender el concepto de salud y enfermedad? ¿Cómo abordar lo terapéutico fugando de lo médico? Me pierdo en los andurriales del paradigma médico en mi esfuerzo por escapar de este laberinto. La psicología que aprendí en los espacios que  transité está pegada al paradigma científico donde la reina es la medicina. Para huir necesito nuevas palabras que den otra luz a conceptos transitados. Sin inventar nuevos conceptos sino a agenciando los existentes y utilizándolos según mi necesidad. Siguiendo a Guattari estoy convencido que es preciso fugar del paradigma de la ciencia para explorar el plano de lo estético y lo ético. Es este un desafío.