Una
pregunta que atraviesa a muchos militantes políticos es cómo personas que se
ubican en los escalones más bajos en la escalera social pueden votar políticos
de derecha, es decir en contra de sus intereses de clase.
Desconozco
la respuesta. En general no soy capaz de responder ninguna clase de
cuestionamientos directos, carezco de ese carisma. Recientemente escuché en la
radio a un analista decir que la forma de votar no necesariamente tiene
relación directa con las necesidades socioeconómicas, hay que tomar en cuenta
otro tipo de variables
En
los años ochenta cayó en mis manos un libro escrito por Wilhem Reich, donde él
intentaba comprender la razón del voto de las clases medias al
nacionalsocialismo alemán y el por qué el comunismo de aquellos años no llegó a
tomar el poder cuando tenía todo como para hacerlo y allanó el camino para que
lo hicieran los nazis. Su tesis, siendo muy sobre simplificador ya que perdí
aquel libro y solo acudo a mi memoria, era que el factor determinante era la
represión sexual. Una teoría que siempre me pareció interesante.
Cuatro
siglos antes de Reich, Spinoza ante el atentado de que fueran objeto los
hermanos de Witt, se preguntaba cómo el poder consigue que las masas
luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvación.
Me
resulta claro que algo de razón le asistía a Reich en su tesis. Pero el deseo
reprimido es más abarcativo que lo sexual. El deseo es una fuerza que nace en
el encuentro entre los cuerpos y busca siempre nuevas conexiones, nuevos
encuentros, es definitivamente un flujo de fuerza. El problema ocurre cuando es
flujo se bloquea. Cuando eso ocurre es que estamos tomados.
Dice
Deleuze: “los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos
tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquéllos que disminuyen
nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para
convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan
persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad
de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de
administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos.” Es decir, la
cuestión del voto a la derecha de las clases trabajadoras debemos encontrarla
por los senderos del inconsciente, donde actúan las estructuras represivas
micro bloqueantes.
Todos
estamos tomados. Los mass media son una de las tantas armas para modelar un
imaginario micro fascista, pero no la única. El desafío es liberar la
imaginación colapsada, desbloquear la fuerza del deseo produciendo nuevos
encuentros.