martes, 27 de junio de 2017

El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos


Una pregunta que atraviesa a muchos militantes políticos es cómo personas que se ubican en los escalones más bajos en la escalera social pueden votar políticos de derecha, es decir en contra de sus intereses de clase.
Desconozco la respuesta. En general no soy capaz de responder ninguna clase de cuestionamientos directos, carezco de ese carisma. Recientemente escuché en la radio a un analista decir que la forma de votar no necesariamente tiene relación directa con las necesidades socioeconómicas, hay que tomar en cuenta otro tipo de variables
En los años ochenta cayó en mis manos un libro escrito por Wilhem Reich, donde él intentaba comprender la razón del voto de las clases medias al nacionalsocialismo alemán y el por qué el comunismo de aquellos años no llegó a tomar el poder cuando tenía todo como para hacerlo y allanó el camino para que lo hicieran los nazis. Su tesis, siendo muy sobre simplificador ya que perdí aquel libro y solo acudo a mi memoria, era que el factor determinante era la represión sexual. Una teoría que siempre me pareció interesante.
Cuatro siglos antes de Reich, Spinoza ante el atentado de que fueran objeto los hermanos de Witt, se preguntaba cómo el poder consigue que las masas luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvación.
Me resulta claro que algo de razón le asistía a Reich en su tesis. Pero el deseo reprimido es más abarcativo que lo sexual. El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos y busca siempre nuevas conexiones, nuevos encuentros, es definitivamente un flujo de fuerza. El problema ocurre cuando es flujo se bloquea. Cuando eso ocurre es que estamos tomados.
Dice Deleuze: “los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquéllos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos.” Es decir, la cuestión del voto a la derecha de las clases trabajadoras debemos encontrarla por los senderos del inconsciente, donde actúan las estructuras represivas micro bloqueantes.
Todos estamos tomados. Los mass media son una de las tantas armas para modelar un imaginario micro fascista, pero no la única. El desafío es liberar la imaginación colapsada, desbloquear la fuerza del deseo produciendo nuevos encuentros.