lunes, 23 de octubre de 2017

BREVE, PERO QUE MUY BREVE, APROXIMACIÓN A LA PSICOGEOGRAFÍA


Deambular sin rumbo por las calles de la ciudad sin más objeto que experimentar el transcurso de la vida moderna. Esta descripción nos ofrecía Charles Baudelaire a mediados del siglo XIX. Walter Benjamin adoptó este concepto añadiendo el sentido del observador urbano moderno, como un producto de la vida moderna.
En esta misma línea el concepto de psicogeografía, un invento de los situacionistas, dota de un ‘corpus’ teórico a la afición de deambular sin sentido por las calles.
La psicogeografía estudia los efectos del medio geográfico, conscientes o no, al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos. Siendo la teoría de la deriva la principal estrategia de la Internacional Situacionista.
La Internacional Situacionista fue un colectivo que se fecha entre el período de 1957-1972. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la sociedad europea se respira un ambiente conservador con una sociedad disciplinada donde se impone un único orden social y cultural. El capitalismo gobierna las relaciones en sociedad hasta el punto de convertir todo en mera mercancía y el consumo masivo controla los anhelos de los ciudadanos, convertidos en consumidores pasivos. Ante esta alienación de la vida cotidiana en el espacio urbano, los situacionistas son conscientes de ese control y adoptan una actitud crítica y contestataria en este contexto, proponiendo otras formas de vivir en la ciudad y generando puntos de vista alternativos que abran nuevas posibilidades de conocimiento de lo urbano. Su revolución se centra en la experiencia cotidiana vivida en la ciudad, en la dimensión concreta de la vida, como alternativas para el surgimiento de subjetividades sociales diferentes. En consecuencia, las propuestas que realizarán los situacionistas para el mundo del arte girarán en relación a experiencias lúdicas por medio del urbanismo, con un análisis más etnográfico de lo urbano. Se trata de una forma de crear conocimiento experimental y procesual, demarcándose con esta actitud de cualquier conocimiento de carácter científico o con valores cuantitativos sobre lo urbano. En definitiva, se busca otra forma de conocimiento de nuestra realidad más próxima, más en relación con las vivencias. Es la psicogeografía una cartografía de vivencias. El deambular como descubrimiento, como una forma de conocimiento. Una estrategia para experimentar nuestra relación con nuestro entorno físico inmediato, escenario de nuestra vida cotidiana. Son mapas compuestos por fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria, no por su funcionalidad sino por su carácter emocional. Estos mapas no se corresponden con las referencias físico-espaciales que sirven para identificar las divisiones administrativas de las ciudades modernas, no son mapas para homogeneizar el espacio. Al no corresponderse con esta funcionalidad, estos mapas de otra naturaleza consiguen reapropiarse de la ciudad y constituyen otra forma de construir conocimiento. Los mapas de los situacionistas son ajenos a las fronteras administrativas de las ciudades que homogeneizan el espacio y se caracterizan por realizar una descripción emocional de ese espacio basado en fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria y por su carácter emocional.
La deriva supone un comportamiento lúdico-constructivo. Los practicantes debían dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y los encuentros que a él corresponden, abandonarse al azar en el deambular por las calles sin más objeto que experimentar los diferentes estados de animo que estas pudiesen provocar en el paseante. La práctica de la deriva, término náutico que significa “ir con la marea”, es utilizada como método para subvertir la homogeneidad de la vida cotidiana en una ciudad. Se propone una utilización experimental del espacio urbano; por ejemplo, se contempla el carácter fragmentario de zonas urbanas diferenciales frente al carácter objetivo y unitario de “la sociedad del espectáculo”. Este tipo de actividad experimental y sin normas preestablecidas de ejecución, donde el azar y la arbitrariedad forman parte de la actividad. La deriva estaría en íntima conexión con lo que se denomina psicogeografía, esto es, el estudio de los efectos del medio geográfico al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos.

martes, 27 de junio de 2017

El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos


Una pregunta que atraviesa a muchos militantes políticos es cómo personas que se ubican en los escalones más bajos en la escalera social pueden votar políticos de derecha, es decir en contra de sus intereses de clase.
Desconozco la respuesta. En general no soy capaz de responder ninguna clase de cuestionamientos directos, carezco de ese carisma. Recientemente escuché en la radio a un analista decir que la forma de votar no necesariamente tiene relación directa con las necesidades socioeconómicas, hay que tomar en cuenta otro tipo de variables
En los años ochenta cayó en mis manos un libro escrito por Wilhem Reich, donde él intentaba comprender la razón del voto de las clases medias al nacionalsocialismo alemán y el por qué el comunismo de aquellos años no llegó a tomar el poder cuando tenía todo como para hacerlo y allanó el camino para que lo hicieran los nazis. Su tesis, siendo muy sobre simplificador ya que perdí aquel libro y solo acudo a mi memoria, era que el factor determinante era la represión sexual. Una teoría que siempre me pareció interesante.
Cuatro siglos antes de Reich, Spinoza ante el atentado de que fueran objeto los hermanos de Witt, se preguntaba cómo el poder consigue que las masas luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvación.
Me resulta claro que algo de razón le asistía a Reich en su tesis. Pero el deseo reprimido es más abarcativo que lo sexual. El deseo es una fuerza que nace en el encuentro entre los cuerpos y busca siempre nuevas conexiones, nuevos encuentros, es definitivamente un flujo de fuerza. El problema ocurre cuando es flujo se bloquea. Cuando eso ocurre es que estamos tomados.
Dice Deleuze: “los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquéllos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos, o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos.” Es decir, la cuestión del voto a la derecha de las clases trabajadoras debemos encontrarla por los senderos del inconsciente, donde actúan las estructuras represivas micro bloqueantes.
Todos estamos tomados. Los mass media son una de las tantas armas para modelar un imaginario micro fascista, pero no la única. El desafío es liberar la imaginación colapsada, desbloquear la fuerza del deseo produciendo nuevos encuentros.